Ulises se da una vuelta por Jerez

Vamos a proponer al lector un día casi calcado al que vive Leopold Bloom en Dublín pero por las calles de Jerez

Marilyn Monroe leyendo el Ulises de Joyce
Marilyn Monroe leyendo el Ulises de Joyce

Pues este cronista tenía idea de escribir el Marca Acme de hoy sobre la plaza de abastos de Jerez, hablar de la enésima reforma de la plaza que se ha anunciado esta semana. La tesis era, más o menos, que si un Ayuntamiento tiene disponibles –sean suyos o de otras Administraciones, eso es lo de menos- varios cientos de miles de euros y no tiene una idea muy clara de en qué invertirlos (o gastarlos, eso lo dejo a la libre interpretación del ávido lector, de la intrépida lectora) siempre puede reformar la plaza de abastos… pero eso sí, debe darle tiempo a que la obra esté lista antes de las elecciones municipales.¿Cuánto hace de la anterior reforma? Pues ya tenemos encima una nueva. Que ni entro ni salgo en si hace falta, eh… que llegado el caso, a favor, siempre a favor, pero es un tema recurrente, sin duda. Pues hala, la tesis queda fijada, al filo de ser un eslogan: “¿Tienes por ahí varios cientos de miles de euros y no tienes claro qué hacer con ellos?: Reforma la plaza”. En realidad, este tema también se puede extender al periodismo: “¿No tienes nada para tu artículo del día?: Escribe sobre la plaza”. Queda admitido.

Bien… les decía que iba a escribir sobre este asunto, pero da de sí lo que da y Marca Acme es –procura ser- una sección seria, que consiste básicamente en un artículo de opinión más o menos fundamentado que, aunque a veces tenga cierta tendencia al disparate, se mueve siempre dentro de un cierto orden. No se trata de un billetito de quince o veinte líneas, un género en el que, además, les advierto, hay que ser un auténtico experto. Por eso, porque no es un billetito, me veo en la obligación, un sábado más, de darles dos artículos por el precio de uno (en este caso un billetito + un artículo).

¿Y de qué podemos hablar? Pues vamos a celebrar el centenario del Ulises de James Joyce. Como lo oyen; así de simple. La que para muchos es la novela más influyente del siglo XX está precisamente esta semana de celebración, 100 años, ni más ni menos, por lo que vamos a proponer al lector un día casi calcado al que vive Leopold Bloom en Dublín pero, eso sí, por las calles de Jerez (lo sentimos por los lectores que no conozcan la ciudad… en cualquier caso habrán disfrutado del billetito sobre el mercado). Hemos seleccionado algunos de los capítulos más representativos, porque es verdad que, aunque la novela transcurre en unas dieciocho largas horas, las que van desde las ocho de la mañana hasta las dos de la madrugada del día siguiente, Leopold sencillamente no para hasta que se acuesta, no sabemos qué toma este señor. Vamos allá…

Bien… pues aquí tenemos el 16 de junio a Leopoldo, que es un profesor de Historia que hoy precisamente tiene lo que se entiende, digamos, por un buen horario. Como está mediado junio tal vez ya ha puesto las notas y todo eso. Total, que Leopoldo sale de su casa sobre las ocho ya desayunado y antes de pasarse por el instituto –pongamos el Coloma- tiene idea de hacer lo que en Jerez se llama técnicamente unos mandaos. De manera paralela, su colega Esteban Dédalo, también profe de Historia, está ya en el Coloma, donde ha tenido unas palabritas con el dire. Esteban se ha levantado regu, pensando en cuando vivía en París (y es que París siempre será París).

Volvemos a Leopoldo, que tras leer en el móvil lavozdelsur.es, se dirige a Correos para recoger un paquete postal. El día anterior iba a ser la entrega, pero se ve que no había nadie en casa. Al salir de Correos, de repente, ve pasar un coche fúnebre y se acuerda de que ese día tiene el entierro de un amigo, así que tira para el cementerio, donde durante la ceremonia tiene todo tipo de pensamientos de corte, digamos, existencialista. Un rato después, Leopoldo se encuentra por primera vez con su amigo Esteban en la redacción de lavozdelsur.es, qué casualidad.

Esteban había quedado con el director, con Paco Sánchez, para darle un escrito, mientras que Leopoldo quiere poner un anuncio. Los dos se esperan, a la salida se encuentran con unos amigos y se van a tomar las primeras pintas a El Gorila, mientras hablan de las noticias del día y de cómo está el periodismo. Vamos, que de dar clase… Un rato después los amigos se separan y Leopoldo se va a comer una hamburguesa a un pub, Los Dos Deditos, porque no había sitio en La Cruz Blanca y, además, había demasiado ruido para sus nervios quebradizos. De ahí se dirige luego al Museo Arqueológico, a mirar las partes pudendas de las estatuas femeninas (Leopoldo es así, es de aficiones peculiares). El problema es que, en el camino, por la cuesta del Espíritu Santo, se cruza con el amante de Molly, su esposa, algo que le produce más pánico que otra cosa… total, que parte hacia la biblioteca central donde vuelve a encontrarse con Esteban, que Dublín, digo Jerez, no es tan grande. Tras echar el rato en la biblioteca se va a cenar pronto al AQ-35, el restaurante del Hotel Jerez, con el tío de Esteban, ágape en el que ensalza la belleza de las camareras y que coincide en el tiempo de la narración, qué cosas, con un revolcón de Molly con su amante, que serlo, lo es…

Después de la cena Leopoldo vuelve al centro y tiene una trifulca en el Don Juan con unos tipos de Vox, Alguien hace un comentario antisemita, Leopoldo alza la voz y se produce un altercado que termina en nada.

De repente Leopoldo está en Valdelagrana y ni es de noche ni nada, las cosas de Joyce, que se ve que no le cabía en la novela mandarlo antes a la playa o que ‘pa qué’. Bueno, digamos que es un recuerdo, una ensoñación o similar… en definitiva, que Leopoldo está o piensa que está (o lo que sea) con Gertrudis el día que la conoció en una terraza de Valdela, en ‘La Fría 2’, tal vez. Él recuerda que ella se subió deliberadamente la falda, tonteando, y le mostró las medias finas que llevaba más allá de la liga –se ve que esta gente no es lo que se dice muy de playa playa- mientras creyó intuir al fondo unas braguitas negras… Al final, Gertrudis se va cojeando, que tuvo un esguince hace unos días, lo que hace a Leopoldo reflexionar tanto sobre la belleza femenina como del estado de la sanidad pública.

Después Leopoldo aparece en el Hospital del SAS (a mí ya no me digan nada) para ver a su amiga Mina, que lleva un tiempo enferma. Allí se encuentra con –adivinen… sí, efectivamente- con Esteban, que también ha ido a ver a Mina en compañía de unos colegas. Total, que se van todos a tomar algo a la Moderna. Atentos, amigas y amigos, que aquí está a punto de dar comienzo lo que se dice una auténtica francachela. Leopoldo y Esteban tiran para un garito de lucecitas de la avenida México, donde han quedado con el resto de colegas. Empiezan a ir todos bastante cociditos, por cierto… al final, ya de madrugada, Esteban acompaña a Leopoldo a su casa, en Renfurbis, y luego tira para la suya. Leopoldo se acuesta y Molly, que ya estaba en la cama, se despierta al notar ‘algo’ duro contra su trasero y escuchar el pitido de un tren, por lo que se desvela. En vez de tomarse una valeriana, un whisky o similar, Molly se acuerda de su vida en Gibraltar –aquí no hemos tocado un ápice del original, Molly es gibraltareña-, de su encuentro-revolcón con su amante, tiene fantasías sexuales con Esteban… pero al final todo le lleva a Leopoldo, hecho un cesto a su lado, con quien piensa hablar por la mañana, no sabemos si de todo esto, de la subida de la luz o de la próxima reforma de la plaza de Jerez, de verdad que no sabemos…

Y ya. Ah, sí. También sabemos fehacientemente que durante estas dieciocho horas Leopoldo ha hecho caca en su casa a primera hora de la mañana –el tipo es un reloj-, se ha corrido dos veces –la visión de un liguero en Valdelagrana hizo que fuera al baño de la terraza y tardara en salir algo más de lo normal, a lo que hay que sumar lo que le sigue poniendo Molly aunque sea en sueños-, ha hecho pis en la calle, en los bajos de Renfurbis para ser más exactos, y durante su paseo por la playa pegó un moco en una roca, que no llevaba pañuelo o no sé qué… Y luego dicen que la chavalería de hoy en día es maleducada y que el Ulises es complicado de leer, qué cosas.

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