Díaz y Griñán, en una imagen retrospectiva.
Díaz y Griñán, en una imagen retrospectiva.

Hay días en que el cronista, abrumado e incluso por momentos abatido, no sabe por dónde tirar, sobre todo cuando tiene dos ideas para encarar un tema que considera que son igual de buenas (o de malas, vaya usted a saber). Así que aquí tiene el lector un artículo que en realidad son dos… y ya, venga, que tampoco hablamos de Rayuela.

(I) Nunca había pensado en el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno (me niego a llamar Juanma a alguien con quien no me he tomado una cerveza), como humorista, la verdad. Si acaso, atendiendo a la suma de su segundo apellido, Bonilla, un día pensé que el inefable arbitraje futbolero español se había perdido a uno de los grandes. “En el Metropolitano arbitrará el sábado Moreno Bonilla”… le va perfecto, siguiendo esa larga tradición del doble apellido. Pero hete aquí que no, que Juanma Moreno —venga, vamos a abreviar… qué poca palabra tengo— se ha destapado esta semana como un humorista de los buenos al declarar, tras darse a conocer el pasado miércoles la sentencia de los ERE (en realidad se trata de lo que podríamos llamar la ‘pieza política’, ahora falta una auténtica cascada de decenas y decenas de sentencias de piezas separadas), que la Junta se pone manos a la obra para recuperar todo lo que pueda de los 680 millones de euros malversados. Ja, ja, ja, jajuanma, de verdad… Supongo que es lo que debe decir el político que ahora está al frente de la institución, pero…

Susana Díaz tampoco ha querido faltar a la cita con el humor en que se ha convertido la semana de los ERE. Díaz se ha venido definitivamente arriba y ha tenido dos momentos memorables. En primer lugar al decir que mantiene su disposición a seguir siendo la candidata del PSOE andaluz a las autonómicas. En fin… seguro que Pedro Sánchez —por cierto, otro gran humorista al decir que la celeridad de su pacto con Unidas Podemos se ha hecho para frenar a Vox (¿?)— está pensando exactamente en lo mismo. Bueno, ahora mismo Sánchez no tiene ni un minuto para dedicarle a este asunto, está con lo de Esquerra… perdón, con lo de la investidura. Cuando llegue el invierno, hablaremos. Con todo, lo que es para desnucarse con Susana Díaz ha sido la justificación de su tardanza de dos días en hacer declaraciones sobre la sentencia al afirmar que ha sido porque quería hablar con pleno conocimiento de causa (nótese la ‘fina’ ironía del autor) y que quiso conocer en profundidad la sentencia.

Pero vamos a ver. La sentencia tiene 1.800 páginas. Eso es el doble que 4,3,2,1,, la última novela de Paul Auster, a la que este cronista dedicó varias horas diarias durante más de veinte días (lo hizo libremente, eh), así que dar a entender la lectura en dos días de 1.800 páginas pues… en fin. Sí, claro, en las sentencias se pueden leer muchas páginas por encima haciendo ese ruido así como de película de Berlanga -ese eeeeeeee con el que se leen casi fotográficamente los considerandos, hechos fundamentados o los ‘no es menos cierto’- hasta llegar a lo mollar, pero de ahí a argumentar una detenida lectura cuando está claro que todo ha sido un “vamos a ver qué decimos, tanto de la sentencia como de cómo afecta este tema a mi futuro” hay un gran trecho. Susana, que no ha colado. Pero hete aquí que el gobierno socialista provisional sigue con Carmen Calvo, Luis Planas y María Jesús Montero que poco o nada han dicho y que, por lo menos, estaban allí…

(II) Este cronista tiene una idea bastante aproximada de cómo funcionaba este entramado en lo que a la parte empresarial se refiere (de la política solo lo que ha leído y le han dicho por ahí) y también tiene la percepción de que el enfoque que en general se ha dado al mismo desde la prensa nunca ha terminado de ser el adecuado. Primero los hechos, luego las percepciones. Bien… vamos a hablar, sin nombres, de tres casos, todos de Jerez. Básicamente, un conseguidor (o intermediario, llámenlo como quieran) contactaba con la empresa y le decía que si quería “limpiar la bodega” este era el momento, que más adelante cualquiera sabe si habría dinero. Y ahora lo había. Dinero. “Limpiar la bodega” es el (asqueroso) eufemismo con el que el conseguidor –y luego, en general, todo el mundo- se refería habitualmente al tema de plantear un ERE para los trabajadores mayores de equis años, de tal forma que se prolongara hasta la jubilación, aminorando así, efectivamente, cualquier conflictividad social. El plan podía incluir –o no- algún tipo de plan formativo para rejuvenecer la plantilla, por supuesto con sueldos de ‘nuevo cuño’.

Note el lector que no se ha dicho nada de empresas en crisis –tal y como se insiste desde cierta prensa cuando se habla de ‘la paz social’ que se buscaba con este mecanismo, que entre otras cosas funcionaba mucho antes del ‘crack’ de 2008- porque es que no era así. Al menos no necesariamente, ya que empresas saneadas también se vieron beneficiadas. En realidad, el empresario veía ante sí la posibilidad de disponer de un dinero con el que podía reducir de ahí en delante de manera significativa el capítulo de gastos en personal e incluso disponer de un remanente para acometer diversas inversiones. Esto fue así en dos de los casos que conoce este cronista, en otro fue la empresa la que buscó un conseguidor al tener perfecto conocimiento de lo que se estaba haciendo con otras empresas del entorno y querer “limpiar la bodega”.

“Se hacía con el dinero de los parados” es otra de las frases habituales que se lanzan desde la derecha y reproduce la prensa (afín o no: este también ha sido un tema de pereza) y que forman parte de la percepción de desenfoque del caso que tiene este cronista, ya que, desde luego, ningún parado de Andalucía dejó de percibir en ningún momento lo que le correspondiera legalmente al quedarse sin empleo. Otro ‘desenfoque’ es el calificativo del propio caso, desde el momento en que el correctísimo “fondo de reptiles de la Junta” en su designación primigenia en prensa fue dando paso a la “causa de los ERE”, poniendo el centro de atención en los llamativos –pero hasta cierto punto anecdóticos- casos de introducción de personas ajenas a las empresas en la tramitación y ejecución de los propios ERE (otro tema es la evidente corrupción que generaba el tráfico de comisiones). Puede parecer una tontería, pero no.

Para este cronista, el tema, el tema real, es la disposición durante años por parte de la Administración andaluza de una serie de partidas presupuestarias al margen de los controles legales establecidos –un fondo de reptiles, como llamó ni más ni menos que Otto von Bismarck a esta práctica, a la posibilidad cierta de disponer de dinero destinado a favorecer determinados objetivos mediante la compra de voluntades– con el indudable fin último de que no se tocara las narices al poder socialista cuando los ciudadanos fueran a las urnas. Lo dicho. Aunque las cantidades percibidas por favorecidos ‘ilegítimos’ colocados en ERE ajenos, el despilfarro de algunos dirigentes y las comisiones de los conseguidores sumen decenas y decenas de millones, no deja de ser la parte llamativa para ‘titulares de un día’ de un tema de mucho más calado y más perverso, de una corrupción institucional, planificada y, esta sí, perfectamente enfocada: mantener el poder.

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