Panorámica del centro de Jerez.
Panorámica del centro de Jerez.

Se puede definir como ‘bonita obsesión’ la que tiene el Ayuntamiento de Jerez con el norte de Italia. Si hace años, con otro gobierno municipal, se hablaba coloquialmente de “la Toscana” para referirse al plan para urbanizar parte del viñedo más cercano a la ciudad (propuesta interesante pero fallida y que al final han terminado haciendo algunos a su manera), ahora la alcaldesa Mamen Sánchez sueña, por no decir fantasea, con un centro histórico colmado de áticos con piscina y pérgolas, tal vez pensando de nuevo en esa estupenda región italiana y su capital, Florencia.

No hay nada que decir a los habituales sueños de los munícipes de Jerez con la región italiana, un sitio bonito, desarrollado y civilizado, a excepción —pero no por ello menos interesante— del llamado calcio histórico, que para los legos es como si los de Santiago y los de, digamos, San Mateo, se dan de hostias antes de mover la pelota y a la espera de lo que ocurra en la otra semifinal, probablemente a disputar entre San Miguel y Arroyo-Catedral, equipo que, atención, tras fusionarse, está siendo este año la gran revelación…

A ver… que como es habitual e incluso deliberado en estas líneas, nos estamos dispersando: lo positivo de todo esto es que ya sabemos el proyecto que tiene el gobierno municipal para el centro histórico. Mientras el delegado de Urbanismo, José Antonio Díaz, trabaja en la parte técnica del plan y sigue a pico-pala desempedrando, la alcaldesa ya sueña con cómo será dentro de unos años el corazón de Jerez, hoy un tanto maltrecho. Seguramente Mamen ha visto recientemente la pisci casi ‘volada’ sobre la Catedral que González Byass ha construido sobre la azotea de su flamante hotel –no menos de cinco chicas menores de 60 que conozco han puesto este verano en su avatar de WhatsApp una foto fedataria de ellas en dicha azotea, unas adelantando una pierna en el posado, otras no— y se ha puesto a socializar piscinas, que eso es lo que debería ser el socialismo del siglo XXI, qué leche.

Eso sí, la alcaldesa ha dejado claro de manera expresa que lo del pádel, por ahora, no va a poder ser, que piscinas, las que queramos, pero que lo del pádel lo ve complicado por una simple cuestión de espacio, cabe suponer, aunque lo mismo lo dijo preocupada por los peatones ante una previsible lluvia de pelotas verdes desde las azoteas. Ella no sabe que los habitantes del centro, entre los que como sabe el lector habitual me hallo, no somos muy de pádel. Que a ver, que no tenemos nada contra ese deporte, pero aquí tenemos otras costumbres, somos más de rap magrebí, por ejemplo, que son cosas que no tienen nada que ver, claro, pero como que te haces una idea de por dónde vamos...

En definitiva, no deja de ser destacable el salto cualitativo llevado a cabo por la alcaldesa en su visión del centro de Jerez gracias al Plan Piscina o Pisciplan, hala, queda bautizado. Cuando creíamos que la línea iba a ser más bien tipo plaza Belén y la austeridad que de dicha remodelación ya ‘mítica’ se desprende (eso sí, con su auditorio, su arroyo, su arboleda y su estatua a la niña ‘empoderá’ y todo), nos encontramos de repente con una clara apuesta por el ocio, tanto con la anunciada proliferación de piscinas en las azoteas como de pistas de baile para mayores (Alameda del Banco o General Primo de Rivera, ¡ar!), que prometen nuevos e inesperados alicientes en la era posCovid de Jerez.

Bien, en lo que llega esa Shangri-La de occidente, ese Walhala en vida, ese paraíso para todos los Phelps que en el mundo hay y habrá, en lo que, en definitiva, se hace real el Pisciplan, descorchemos una botella de Chianti (no es necesario acompañarlo de hígado ‘especial’ y habas, como diría Hannibal Lecter) y rememoremos las verdes colinas del viñedo de la Toscana…

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