El Stonehenge. FOTO: Diego Delso / Wikimedia
El Stonehenge. FOTO: Diego Delso / Wikimedia

Jerez se juega su futuro inmediato en el plano económico a la carta del turismo. Y no hablamos de que sea la apuesta de un Ayuntamiento que en los últimos treinta años, gobierno tras gobierno, ha sido incapaz siquiera de adecentar –repare el lector o lectora en la humildad intrínseca de este verbo, lo lejos que queda de reformar, rehabilitar o ‘niquelar’, ya en plan castizo- el casco histórico, lo que debería ser el ‘salón de casa’, sino de los proyectos privados que semana tras semana se anuncian y que, cabe suponer, son todos para cuando pase o al menos amaine la pandemia. Nuevos hoteles y apartamentos turísticos tienen previsto abrir por doquier (en el Arroyo, en la parte alta del edificio de la Caja en la plaza del Arenal, en Larga, etc) y vendrán a sumarse a la oferta tradicional y a otros que abrieron a lo largo de 2019 y 2020 y que todavía no han podido desplegar todo su potencial por motivos obvios.

Ya decíamos en el anterior Marca Acme que “no queríamos vivir del sol, pero…”, pero no nos dejan otra. No nos han dejado otra. Con un sector bodeguero y auxiliar constreñido, con la construcción –en realidad tampoco queríamos vivir de la construcción- también paralizada en cuanto a obra nueva, con un sector agroalimentario que no despega pese a las inversiones en la modernización de los regadíos… al final, como si fuéramos herederos de culturas ancestrales como los mayas o los megalíticos constructores de Stonehenge, al final, decía, a los jerezanos no les queda más remedio que rendir culto al sol. Salvo un par de semanas no hace frío y tampoco hace el calor de Sevilla cuando aprieta; tiene aeropuerto, las playas más cercanas están a un cuarto de hora, tiene circuito, campos de golf, bodegas, monumentos, sus fiestas… Jerez lo tiene todo para formar parte de la época de despiporre y frenesí que sociólogos y economistas anuncian para cuando pase la pandemia, unos nuevos años 20… que, como en los mitificados del siglo XX, alcanzará solo a los que tengan pasta, no vayan reservando billetes de primera (ah, y cuidadito con el fascismo, con el de verdad, que surgió por entonces).

Bueno, “no queríamos vivir del sol, pero…” pero para al menos contar con ese empujón del turismo hay que comenzar ya a plantear iniciativas encaminadas a dinamizar –palabra, por cierto, tan odiosa como práctica a la hora de escribir artículos- el centro desde un punto de vista comercial, buscando incluso el ‘cuerpo a cuerpo’ con los propietarios de locales cerrados, porque la ciudad no se puede permitir la situación actual y la sensación de abandono e incluso de inseguridad que a según qué horas transmite. Y en el casco histórico, una vez que proyectos como la ciudad de flamenco se han ido por el inodoro, que menos que adecentarlo –otra vez la palabra- a la espera de que lleguen, por ejemplo, las inversiones anunciadas en museos para la zona –Flamenco y Lola Flores, ahora tan de actualidad otra vez tras la publicidad de una cervecera- e ir sumando y haciendo camino, no hay otra.

Y es que la situación del centro histórico –como ya hemos mantenido en Marca Acme en distintas ocasiones- está tan degradada que un poco de gentrificación, como se dice ahora, no le vendría mal, al menos significaría que hay quien se interesa por volver a vivir, a trabajar o las dos cosas en unos barrios de los que probablemente salieron sus abuelos hace cincuenta años. Y si empiezan los turistas significará solo que por algún lado hay que empezar y que alguien ve lo que no ven los autóctonos.

Desde aquí, vamos a decirlo ya, estamos a favor de que la alcaldesa, Mamen Sánchez, introduzca una política de ‘P y P’ en el centro histórico, que la ensoñación de “Pérgolas y Piscinas” que tuvo hace unos meses para las azoteas y terrados del centro como metáfora de su futuro -bueno, al menos eso queremos pensar… tal vez estemos yendo demasiado lejos- se traduzca en acciones concretas, en una agenda ‘P y P’ para el centro de Jerez.

Miren, me viene al caso una broma. Yo tenía un amigo, Chus (DEP), que cuando llegaba el fin de semana solía decir “hoy va a ser P o P”. Chus lo decía por “polvo o pelea”, en referencia exactamente a lo que usted está leyendo, sin ironías, pero a fuerza de decirlo acabó siendo entre los amigos directamente “hoy P o P”. No hay que tomar al pie de la letra (al menos no la segunda palabra) lo que no era más que energía juvenil, claro, las ganas de comerte el sábado, pero como ejemplo de salir a darlo todo me vale para además reforzar la coincidencia de su frase con las siglas del plan imaginario. Una y por la o… y ya: Pues eso P y P para Jerez.

Y de verdad que “no queríamos vivir del sol, pero…”.

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