Dos jubilados, caminando.
Dos jubilados, caminando.

Jerez de la Frontera es una ciudad ideal… sobre todo si eres un jubilado con buena salud (y pocas preocupaciones). Entiendo que para los empleados públicos también puede serlo, aunque tienen el inconveniente de dar clase a niños, ver enfermos, detener a malos y realizar todo tipo de informes y expedientes: preocupaciones, en definitiva. Por eso vamos a dejar en paz, al menos por ahora, a los empleados públicos. Decíamos que Jerez es una ciudad ideal si eres un jubilado con buena salud (y pocas preocupaciones) porque tienes todo (o casi todo) a tu alcance. Tienes buen clima –aunque el poco invierno se hace pesado en unas casas de papel o con muros medievales—, vives en una ciudad bonita aunque un tanto dejada, dicha ciudad es relativamente barata (huelga decir que ese es un aspecto fundamental para los jubilados, pensionistas o similares), y estás a un cuarto de hora de la playa. Dicho así, con un poco más de oferta cultural y quitando un par de ‘aunques’, sería imbatible.

Si eres rico supongo que vale todo lo expuesto, pero yo a los ricos de Jerez –y a los ricos en la generalidad— los he tratado siempre lo justo y con distancia social (exactamente igual que ellos a mí), mucho antes de que esta curiosa expresión se convirtiera en un imperativo sanitario. Decía Josep Pla en El advenimiento de la República que los ricos andaluces y extremeños —creo que nombraba a dicho ‘colectivo’ exactamente como terratenientes— siempre han encontrado su entretenimiento en Madrid, pero doy por hecho que el escritor catalán en el caso de Jerez desconocía las excelencias de su tiro al pichón (esperen… creo que lo pusieron después… bueno, algo habría, no iban a estar los jerezanos ricos mano sobre mano).

Al tema. Lo que les comento acerca de los jubilados con buena salud (y pocas preocupaciones) no es porque me haya levantado con esa idea peregrina y, hala, largo lo primero que se me ocurre con un par de adjetivos vistosos y ya está, otro artículo, qué va, se trata de una experiencia de campo. Trabajo empírico, que se llama. Aparte de los jubilados locales, que no cuentan para el artículo porque han crecido con las delicias de la ciudad y están rodeados muchas veces de enojosos hijos y nietos (es decir, preocupaciones), conozco a un colectivo de jubilados de Cantabria que se ha establecido en Jerez desde hace ya varios años. Lo han ido haciendo como los inmigrantes, es decir, primero vino uno, le gustó, se lo dijo a un amigo, que se divorció y también le gustó (Jerez, quiero decir), luego vino otra pareja de amigos y así varios. Se les puede ver a menudo por los bares del centro –incluso con ambiente flamenco— mezclados con las amistades autóctonas que han ido haciendo, son muy activos, gente en general muy agradable, sin duda, dispuestos a disfrutar de una ciudad que ‘cunde’ comparada con los precios de Santander… que a lo mejor no tiene el Sardinero, pero que tampoco amanece la mitad de los días con nublado.

Pues todo esto, aunque no lo parezca, viene a cuento de la drástica reducción de plantilla anunciada en Holcim —vulgo, la cementera— así que el lector o lectora nuevamente se va a llevar en el Marca Acme de hoy, digamos, dos artículos por el precio de uno: el primero de corte costumbrista y el segundo, que comienza ahora mismo, de carácter más reivindicativo.

Se va (o casi) Holcim; las azucareras pasaron de ser tres, si contamos Jédula, a una; se cerró la fábrica de botellas, como cerró buena parte de la industria auxiliar del sector bodeguero; las propias bodegas han dividido entre tres o cuatro sus plantillas e incluso cabría hablar de Delphi en Puerto Real, donde trabajaban más de 300 vecinos de Jerez. A cambio se nos ofrecieron fábricas de chocolates, de zapatos, de coches (Zahav), parques temáticos y proyectos aeronáuticos que nunca llegaron. ¿Y qué ha llegado? Luz Shopping. Ikea. Pónganlo en la balanza…

Cada equis tiempo sale todavía algún político, sindicalista o ‘experto’ en general –este mismo cronista, anti experto en todo por naturaleza, lo ha recordado en distintos artículos— diciendo que a Jerez se le debe una reconversión industrial, los beneficios de una reconversión industrial como tal, ya que todas las ayudas recibidas han sido para prejubilar o indemnizar trabajadores, no para fomentar la instalación de nuevas empresas afines a nuevos sectores productivos. Eso sí –y dejando al margen la dura coyuntura de la pandemia— se ha potenciado el turismo y la hostelería, Jerez se ha consolidado en los últimos 20 años como ‘segunda línea de playa’, ha crecido el aeropuerto en número de conexiones, se ha llenado el centro de terrazas… aunque huelga decir que todo esto no es suficiente, ni en cantidad ni, desde luego, en calidad.

Ni siquiera la apuesta agroalimentaria ha salido bien. Se modernizaron los regadíos del Guadalcacín pero no ha terminado de cuajar una industria transformadora en origen de dichos productos, que es lo que realmente genera valor añadido. Se habla de la ‘marca Jerez’ como referencia agroalimentaria andaluza, como activo a extender a todo el sector primario, pero los resultados han sido mínimos. El CAI parecía que podía ser, pero luego el proyecto se transformó en PTA, las cosas se liaron a nivel político… y ya sabemos el resultado.

Esto no da para más. Reconozcámoslo. No queríamos vivir del sol, de verdad que no, pero dejémonos de hipocresías y dediquemos nuestros esfuerzos a traer jubilados del norte de España —y de otras partes siempre que sean del primer mundo, claro— que se dediquen a gastar gustosos (al menos mientras tengan buena salud y pocas preocupaciones) sus buenas pensiones en Jerez: en definitiva, seamos como Florida en Estados Unidos o como la cercana Marbella, pero preferiblemente sin rusos y sus cosas.

Hace años que el Ayuntamiento se planteó quitar el apellido ‘de la Frontera’ a Jerez. Pues hagámoslo. Aunque los que no somos jubilados sin preocupaciones tengamos que hacer sitio. Hagamos Jerez de la Geriatrera… “De Jerez a la playa, solo 15 minutos de tu valioso tiempo”; “300 días de sol al año… ¿Te lo vas a seguir perdiendo?”, “Berza y Menudo no son dos marionetas… ¡Conócelos antes de que te los prohíban!”, “Fuego de viudos” y, por supuesto, “Caballos, Toros y Flamenco ¡Ahora en versión 2.0!”…. Ahí, con esos lemas quiero ver en los medios de comunicación y redes sociales al Ayuntamiento, el de Jerez de la Geriatrera… y hagámoslo antes de que El Puerto se convierta El Puerto de Santa Geriatría y se nos adelante, como ha ocurrido con el centro logístico de Amazon…

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