Un momento durante la inauguración del monumento a la niña empoderada.
Un momento durante la inauguración del monumento a la niña empoderada.

Jerez ya cuenta con su monumento a la Niña Empoderada. Desde el jueves a mediodía, la plaza Belén verá, año tras año, cómo la Niña Empoderada aguanta, impertérrita, los 40 grados de julio y agosto o los aguaceros del otoño y la primavera. A su vez, la Niña Empoderada verá pasar las procesiones de Semana Santa, verá a los niños (y no tanto) meter los pies en el agua del arroyuelo, verá a las multitudes que acuden en Navidad y sufrirá, claro, la soledad de un barrio del que se fueron -o se murieron- las putas y del que pronto se irá hasta la Policía…

Broncínea, levemente altanera, la Niña Empoderada –la Niña Empoderá, vamos a comenzar a hablar con propiedad- ya luce en todo su esplendor en la plaza Belén, que es, como bien saben todos ustedes, el nuevo rompeolas de todos los jereles, la gran apuesta del gobierno municipal en el centro histórico, un espacio sin duda acogedor en el que la ciudadanía puede disfrutar, sin apenas moverse, de un auditorio, una arboleda, un parque infantil, un pizpireto arroyuelo e incluso, durante un mes y medio, de una bola de Navidad de tamaño superlativo.

¿Pero qué sabemos de la Niña Empoderá? Pues varias cosas. Sabemos que la promovieron colectivos feministas y que el gobierno municipal dio su aquiescencia al monumento con el fin de sensibilizar en materia de igualdad entre la chavalería. Sabemos que, al final, desgraciadamente, la Niña Empoderá no tendrá, pese al adjetivo calificativo que la acompaña, poderes digamos de serie de tv, nada de rayos láser al cielo de Jerez y similares; tampoco cabe esperar que desarrolle poderes como oráculo (entre otras razones por su cercanía a la bola, que cada vez son más los vecinos que mantienen que sí los tiene) así que su fuerza será más del tipo auctoritas moral.

Sabemos que mide 130 centímetros, por lo que, si acudimos al percentil, se trata de una niña de 9 ó 10 años. Sabemos también que desde la zona infantil de la plaza Belén en la que ha sido finalmente ubicada –desmintiendo así los rumores que la situaban al menos estos días navideños dentro de la bola: ni que nuestra Niña Empoderá fuera una hámster encerrada en una de esas jaulas con columpio- está a la espera de la apertura del museo de Lola Flores, supuesto y aparente (que luego nunca se sabe) epítome y blasón de lo que es o debe ser una mujer 100% empoderada. Por cierto, ¿las estatuas se cansan? No, ¿no? Entonces no hay problema. Porque… ¿cuántos años hace que se viene hablando de un museo para La Faraona? A ver si dentro de unos años alguien mira a la estatua y se percata de que la Niña Empoderá descansa sobre la pierna izquierda, cuando ahora, en su debú, carga su liviano peso (entre 25 y 28 kilos, según el percentil de niñas… no el de estatuas de bronce) sobre la derecha, harta también de esperar la apertura del museo y, en definitiva, ya plenamente ciudadana de Jerez…

Respecto al futuro… ¿podrá la Niña Empoderá en algún momento desplazar, no sé, al Minotauro como referente en la visualización de distintas reivindicaciones, como la de la lucha contra la violencia de género? [Poca broma aquí con el tema de fondo] Pues no parece que la colocación de una camiseta talla alevín sea tan llamativa para cámaras y focos como una de varios metros cuadrados, como la que se necesita para vestir de morado al tullido (en Jerez) hombre-toro de la mitología griega, pero nunca se sabe, la Niña Empoderá parece ser mucha Niña Empoderá

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