Un momento de la visita a las obras en la Alameda del Banco.
Un momento de la visita a las obras en la Alameda del Banco.

Ya sabemos que el gobierno municipal de Jerez tiene siempre las mejores intenciones. Esta semana nos hemos enterado de que la obra del espacio de baile para mayores en la Alameda del Banco (General Primo de Rivera: ¡firmes!) no pretende, como muchos malpensados van diciendo, reforzar su política en lo que respecta a la desaparición de elementos urbanísticos tradicionales como el empedrado y los chinos, sino que lo que busca es promover “el envejecimiento activo”. Toma ya. Chúpate esa. Ahora a ver quién es el guapo que sigue criticando al gobierno municipal por esta obra en los foros de internet, a ver quién tiene los ‘santísimos’ de posicionarse –por seguir con el argot político- contra el fomento del “envejecimiento activo”. 

Desde luego, no será desde estas líneas. Aquí estamos completamente a favor, tan a favor que pensamos que el Ayuntamiento, bien mirado, se queda corto y que ha llegado el momento de que los mayores reclamen más derechos dentro de eso que el propio gobierno municipal ha dado en llamar “envejecimiento activo” (desde ahora, Envejecimiento Activo); hay que ir mucho más allá de un simple espacio para bailar en una plaza “fresquita” como al parecer es la Alameda del Banco para la responsable del ramo, Carmen Collado. Ni estamos en el sitio para hacer un manifiesto ni este cronista tiene aún la edad (aunque le queda poco más de una década) por lo que, en consecuencia, carece de detalles que seguro que son importantes para enfocar plenamente la situación, pero a bote pronto le viene a la cabeza una idea que debería convertirse en un derecho de manual para los mayores: derecho a follar. Así de simple. “Viagra para tod@s”, podría ser perfectamente el eslogan de esta reivindicación, así, con su arroba, a lo moderno. ¿Por qué la Seguridad Social sigue sin incluir éste u otros medicamentos similares entre los miles que financia? Ni idea, pero está claro que no interesa, que para el Poder (con mayúscula) mejor que los yayos sigan cuidando de los nietos, echando una mano a sus hijos con su pensión, vayan a su parquecito a hacer su gimnasita y no hagan ruido. 

Se dice habitualmente que el siglo XXI está siendo el de la obtención de nuevos derechos, derechos para colectivos minoritarios muchas veces a partir de políticas identitarias… pues no parece que en este contexto haya llegado el momento para los mayores de 65 años, pese a que son ya casi el 20% de la población española. Hasta aquí hemos llegado. El Envejecimiento Activo necesita ya de la “revolución azul” (por el color de la pasti de marras)… desde luego no se puede hablar de Envejecimiento Activo hasta que la música del amor –basada en el traqueteo de somieres y, sobre todo, el rítmico choque de cabeceros de cama contra la pared del dormitorio- vuelva a las viviendas y residencias de los mayores. “Abajo el Sintrom, arriba (nunca mejor dicho) la Viagra”… hala otro eslogan para esta revolución con vocación, como ven, nada silenciosa. 

Otra cosa es lo del baile. Doy por hecho que de lo que se habla en cuanto a practicar el Envejecimiento Activo es de bailes de salón, pasodobles, tangos, ritmos latinos y tal. No tengo nada contra ninguna de estas músicas y sus respectivos bailes, vaya por adelantado, pero está claro que cada vez está más cerca el momento en que llegue un mayor que se empeñe en bailar en tetas. Este cronista, sin ir más lejos, siempre ha sido muy de bailar en tetas en las fiestas propias y de los amigos: en cuanto sonaban los Dandy Warhols, Jesus & Mary Chain o algo así, hala, en tetas (como sería la cosa que mis amigos Pedro y Pucha me grabaron hace años un CD al que titularon “Himnos para bailar en tetas”).

Hoy por hoy apenas lo hago –me estoy volviendo algo comodón- y ya digo que me queda algo más de una década para alcanzar los 65, por lo que estoy seguro de que alguien se me va a adelantar en cuanto a lo de pedir bailar en tetas y en decir que qué tal si nos dejamos de merengues (literal) y probamos a hacer caso a otros viejos, caso de Iggy Pop o Patti Smith… Igual que estoy seguro de que más pronto que tarde cualquier chavala de 65 dirá que menos rollo con la bachata y que ella lo que ha querido siempre es subirse encima de una barra a bailar música house, como aquel verano inolvidable que pasó en Ibiza a finales de los 80...

Bien, ahí lo dejo. Tantas líneas y solo hemos hablado de sex y de rock’n’roll, ni de drugs, por cerrar la frase hecha, ni ya puestos, de money. Tiempo habrá. Lo que está claro es que el Poder (da igual el signo político, demostrado está) lo que quiere es seguir ‘dando la merienda y a casa’ a los viejos. Tal vez ha llegado el momento de que los viejos piensen si eso es lo que les corresponde y, lo que es más importante, si eso es lo que les apetece…

Coda: el que piense que la palabra viejo está utilizada de manera ofensiva sencillamente es gilipollas. Y el que en realidad no lo piense pero esté dispuesto a decirlo para quedar bien con su parroquia, ni te digo…

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