Laura Álvarez, en rueda de prensa este miércoles, donde ha hecho balance económico de 2020, que el Ayuntamiento de Jerez cerró con superávit.
Laura Álvarez, en rueda de prensa este miércoles, donde ha hecho balance económico de 2020, que el Ayuntamiento de Jerez cerró con superávit.

El Ayuntamiento de Jerez ha presentado un superávit de 29,6 millones de euros en su último ejercicio cerrado, el de 2020. Se trata, claro está, de un buen dato, sobre todo teniendo en cuenta que ha sido un año especialmente difícil debido a la pandemia, aunque dicho superávit, en realidad, poco o nada aporta al futuro de la ciudad. La deuda acumulada por el Ayuntamiento de Jerez -que año tras año sigue en los puestos de cabeza de los municipios más endeudados de España- es tan grande que hace tiempo que dejó de pertenecer al reino de las matemáticas para entrar directamente en el de la literatura. Para referirse a ella es más natural recurrir al adjetivo, hablar de “descomunal”, “inmarcesible” o incluso “monstruosa”, que andar quitando o poniendo un milloncejo arriba o abajo en el siempre aparentemente frío mundo de las matemáticas, eso quedó atrás hace varios lustros.

Los 29,6 millones de euros de superávit no ha sido el único dato económico-literario presentado esta semana de canícula y playa por el gobierno municipal jerezano, con Laura Álvarez como concejala responsable del ramo. También se ha producido un pleno extraordinario en el transcurso del cual se ha decidido agrupar -con el voto unánime del Consistorio, qué cosas- toda la deuda financiera municipal, en una operación con la que se prevé el ahorro ni más ni menos que de 44 millones de euros en intereses, la ampliación de los plazos de devolución de dicha deuda y un importante alivio en las habituales tensiones de tesorería (tener más liquidez, vamos).

Esta es una de esas noticias que requieren forzosamente prestar atención al tercer o cuarto párrafo del texto, ya que lo primero que pasó por la mente del cronista al leerla, un cronista siempre despistado y perdido en su rico mundo interior (cita de Ignatius Reilly), fue “joder, ¿pero esto no se aprobó hace unos pocos meses?”… Ah, qué cabeza. Hace ya un par de años de la anterior aprobación, ambas pues con gobierno socialista en Madrid y Jerez de la Frontera, un tiempo relativamente escaso en política pero definitivamente convertido en un simple abrir y cerrar de ojos si se piensa que, por medio, ha estado el confinamiento y la pérdida para tantos y tantos conciudadanos del contacto con la mera realidad, debido a la propia pandemia y la afloración de hasta entonces soterradas aficiones, desde el vino a la repostería, pasando por el croché…

Desde estas líneas y como jerezano avecindado desde hace décadas, querría decirle a Álvarez que dentro de dos años vuelva a hacerlo, que dentro de dos años -o un poco antes, dentro de dos años exactamente ya habrá habido elecciones y a saber qué ha votado el personal y donde está cada cual…-, que dentro de dos años, decía, vuelva a realizar un agrupamiento de toda la deuda municipal y conseguir de nuevo, claro, un ahorro para las arcas municipales, que a la postre son las de todos. Y así, agrupemos, agrupemos… como esa frase, yo diría que apócrifa, que la tradición más reciente de Jerez le endosa a José María Ruiz-Mateos: dice dicha leyenda que un día un empleado que tenía un encargo concreto, le dijo que “una fotocopia vale 5 [vamos a poner], pero que si hacemos equis copias salen a 4 y que si hacemos más salen a…”, a lo que dicen que el empresario, con una lógica aplastante, respondió aquello de “pues nada, encarga tantas copias como sea preciso hasta que nos salgan a coste 0”.

Sea realmente atribuible al señor Ruiz-Mateos, fueran fotocopias o se tratara de otro tipo de enseres (reproduzco lo de las fotocopias porque es con lo primero que me llegó la anécdota), qué bueno sería quitar de un plumazo tanto y tanto dinero que compromete -es un hecho- al presente de una ciudad que se ha ido quedando irremediablemente atrás de sus pares y, lo que es más importante, al futuro de generaciones venideras durante décadas y décadas, que llegarán a una ciudad que en vez de dar algún cheque bebé o similar a sus padres por el detalle del feliz natalicio, desgraciadamente les pasará, de una manera u otra, el “se debe” más pronto que tarde…

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