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Que me perdone el señor Muscato, pero cambiar las obras o cambiar la historia, no solucionarán el grave problema de la violencia machista.

Importante ha sido la manifestación pública del colectivo femenino durante la ceremonia de entrega de los Globos de Oro en el que, todas a una, decidieron vestir de negro como medida de denuncia y protesta por los acosos sexuales en el difícil mundo machista del celuloide. La guinda de ese pastel fue sin duda la intervención de Oprah Winfrey, cargada de emotividad y verdades como puños y que promete quedar en los anales de los discursos feministas más motivadores de la historia moderna. 

Simultáneamente nos sorprende la noticia del escándalo producido en Florencia, con el estreno de la ópera Carmen de Bizet, y cuyo director de escena (Leo Muscato), decidió variar el libreto cambiando el final: en esta nueva versión, Carmen mata a Don José, todo lo contrario de lo que sucede en la obra de Bizet. El señor Muscato se ganó un sonoro abucheo del respetable, y alegó que era una forma de protesta por los feminicidios padecidos en Italia en el último año.

Nadie niega al señor Muscato la originalidad y valentía de su iniciativa. Mucho menos, la buena intención que la acompañaba. Sin embargo, este tipo de actitudes me suscitan muchas dudas… y en cierta forma me erizan el vello. Para empezar, porque no entiendo que sea necesario reescribir una obra maestra como Carmen para llamar la atención del público. Algo mal estaremos haciendo cuando hay que recurrir a estas cosas. Sí, lo estamos haciendo rematadamente mal, es cierto.

Pero no creo que sea buena idea cambiar el arte para conseguir este objetivo. Porque ya puestos a cambiar… ¿por qué quedarnos con esto? ¿por qué no ir más allá? ¿Cuántas obras musicales y literarias, en la actualidad, soportarían el juicio de lo que es políticamente correcto? ¿Vamos a dejar de emitir Gilda en televisión, o censurar el bofetón de Glenn Ford a Rita Hayworth por miedo a que sea interpretado como apología de la violencia machista? ¿Evitando escenas de violencia en una novela o película, conseguiremos “educar” mejor a nuestros hijos? Pienso que todo lo contrario. Que no estaría de más ver esa escena junto a ellos y decirles, “mira, hijo… en esa época había cosas que se consideraban normales, y gracias a Dios hemos cambiado”. 

El caso de la nueva versión del Carmen de Muscato sorprende aún más porque en la obra original de Bizet, su protagonista muestra unas virtudes impropias de la mujer del siglo XIX, y nos fascina una Carmen de temperamento fiero, decidido, propulsora del amor libre, independiente… un dignísimo icono feminista de entonces y que soportaría perfectamente una revisión actualizada. Cambiar su final, lejos de concienciar, reduce a este personaje a su papel final como víctima, obviando toda la lucha anterior y sus reivindicaciones durante la obra. Que me perdone el señor Muscato, pero cambiar las obras o cambiar la historia, no solucionarán el grave problema de la violencia machista. La estrategia del avestruz solo sirve para engañarse a uno mismo.

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