Un momento de los atentados en Nueva Zelanda. FOTO: RTVE.
Un momento de los atentados en Nueva Zelanda. FOTO: RTVE.

Los recientes atentados de Nueva Zelanda, retransmitidos en un Facebook Live por el mismo terrorista que cometió los asesinatos, pone de relieve cómo de peligrosa es la tecnología de la información y la comunicación en manos del odio. No es un asunto nuevo, las redes sociales han sido -y son- los últimos años espacio de reclutamiento para el yihadismo. El otro día, en manos de un neonazi, también resultó letal.

A menor escala, la difusión de campañas que fomentan el odio por partidos y asociaciones de ultraderecha, se ayudan de las redes sociales para difundirse, encontrando un altavoz hace años impensable para sus proclamas. En Bréxit, la película que retrata cómo de exitosa fue la campaña de los impulsores de la salida de UK de la Unión Europea a base de mentiras y segmentación de campañas por Internet, se plantea la siguiente paradoja: Si el odio y el conflicto aplicado bajo parámetros estadísticos pueden influir en nuestras democracias hasta el punto de cambiarlas, un monstruo cumplirá con sus objetivos hasta que encuentre otro peor. Una irresponsabilidad que parece comprender Benedic C. en ese desconcierto final a modo de advertencia.

El atentado en Nueva Zelanda retrata la sociedad del morbo y el clicbait, y la imposibilidad de los responsables de las redes sociales de controlar el monstruo que han creado. Cabe pedir responsabilidad respecto a nuestra acciones cotidianas, de manera que no sirvamos de herramienta a quien azuza el odio. Los medios de comunicación informando y obviando el sensacionalismo, los usuarios eliminando o censurando contenidos violentos y los partidos políticos siendo ejemplo de debate y no fomentando el hooliganismo que polariza hasta la violencia cualquier discusión pública.

No convertirse en marionetas del descerebrado de turno pasa por comprender cómo actuar en las redes sociales y en las profesiones susceptibles de convertirse en herramientas del terror. Frenar el odio clicbait requiere de pedagogía digital y una toma de conciencia en la que todas las personas jugamos un papel importante. Desde lo mínimo debemos proteger nuestros máximos, el derecho a un espacio compartido libre de odio.

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