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Científicos de ilustre renombre critican la filosofía, sin ir más lejos, Stephen Hawking afirma que la filosofía ha muerto y ha quedado obsoleta, porque no ha aportado nada nuevo a la sociedad. Pero afirmar esto es decir que actualmente los problemas sociales, medioambientales, políticos —problemas que sólo pueden resolverse desde la ética aplicada— no son importantes. Pensar que el ser humano sólo necesita de la ciencia es un error, porque no basta con explicar la realidad que nos rodea, también hay que saber cómo vivir en ella.

Hawking se olvidó de los derechos humanos —que son bastante recientes— y de equipos de bioética que luchan para salvaguardarnos de las bazofias que nos están metiendo con Monsanto, los transgénicos, los medicamentos adulterados… Gracias a la ética aplicada algunos colectivos luchan por conservar la naturaleza y el medio que tenemos. Algo clave para sobrevivir, porque si nos cargamos este bello lugar llamado Tierra, nosotros nos vamos al garete también.

Pero es obvio que para él es más importante invertir en alta tecnología —y de alta financiación, que conste— que nos ayude a descubrir vida extraterrestre. Todo sea por tener un pódium en la Royal Society. Pues me temo que si descubrimos vida extraterrestre tendremos que crear unos “derechos interestelares” o una ética específica para ello, ¿no? Quizá hasta cambie nuestra concepción sociopolítica. Pero aunque todo esto pueda sonar descabellado o a película de ciencia ficción, realmente está pasando. Realmente se está buscando vida fuera de la Tierra. ¿Qué pasará si la encontramos? ¿Cómo actuaremos? ¿En base a qué principios? ¿Cuáles serán nuestras verdaderas motivaciones? ¿Respetaremos lo que hay fuera, o lo trataremos como lo que ya tenemos aquí? ¿Quizá peor incluso, por no ser nuestro?

Puede que la ciencia se pregunte si hay vida, cómo será, cómo encontrarla, si será inteligente o no… pero me temo que la ciencia es un poco impulsiva e inconsciente con respecto a las otras cuestiones. Para ello no tenemos más que analizar muchos otros descubrimientos científicos o tecnológicos que muchas veces no han sido utilizados con total integridad e incluso, de forma destructiva.

Volviendo a poner los pies sobre el suelo, la filosofía siempre será necesaria para la ciencia. Una conciencia humana siempre nos pondrá a salvo de salvajadas como las teorías alemanas de la clasificación de las “razas” humanas —que dieron lugar al Holocausto—, de la energía nuclear empleada para la bomba atómica, o de la invención descuidada de una máquina o robot “humano” que esté a favor de Hitler –el chatbot Tay de Microsoft-. Éste sí que es reciente, ¿eh? Y ahí sí que necesitamos un poco de filosofía para ponerle al robot conciencia ética. Aquí el conocimiento matemático y empírico no han sido suficientes. La “magnífica” idea de Microsoft se ha ido al traste y han tenido que rectificar, cuando el chatbot Tay manifestó con tales palabras su opinión sobre Hitler y los judíos. ¿A quién se le ocurriría hacerle una pregunta así al chatbot…? Seguro que un físico nuclear o un genetista no.

Es obvio que si a la ciencia no le ponemos un freno ético, puede hacernos mucho daño también, pues se convertiría en una herramienta más del mercado o de cualquier otro tipo de intereses. Los valores humanos no importarían, seríamos simplemente unas ratas de laboratorio. El avance tecnológico sin avance moral no sirve para nada. Y en este aspecto, aún nos falta mucho por aprender como sociedad.

La filosofía es característica del ser humano, es aquello que nos separa de la máquina o de ser simplemente pura biología. Es lo que nos da conciencia propia, lo que nos permite una individualidad frente al resto. Un robot jamás tendrá conciencia. Podrá ser perfectamente inteligente y tener todas las respuestas científicas sobre el universo, pero si hemos creado la filosofía, sin importar si tiene una razón práctica o no de existir, es porque la necesitamos. Es inherente a nuestra humanidad.

En realidad, el título aquí elegido para este artículo es engañoso. No se trata de la filosofía contra la ciencia. Lo cierto es que es imposible concebirlas por separado, se trata de una conjunción entre ambas. La ciencia necesita a la filosofía para todo lo que ya hemos comentado. Las cuestiones que hemos descrito son esenciales para nosotros como sociedad. Y obviamente, necesitamos la ciencia para conocer cómo funcionan los fenómenos naturales. Pero más bien para saber encontrar soluciones a nuestro favor, no para destruir el mundo en el que vivimos o para anularnos como personas en nombre de la razón. Sin embargo, vivimos en una época en la que criticar la ciencia es casi un atentado. Cualquier persona que conciba otro tipo de conocimiento que no sea empírico será considerada supersticiosa, como aquellas con una mentalidad propia de la Edad Media. Podría decirse que ahora tenemos un nuevo dogma que no es la religión.

Hasta aquí, llegados a este punto, me atrevería a profundizar un poco más en esta cuestión de la filosofía y la ciencia. Si dejamos a un lado el tema social y ético y entramos en un tema puramente académico, la filosofía también tiene mucho que decir, pero un artículo como éste sería más que escaso para ello. Pero soy consciente de que muchos científicos –o simplemente adeptos a la ciencia- no se conformarían con todo el “discursito” que hemos largado hasta ahora.

Nos limitaremos a decir que por más que numerosas disciplinas se hayan empeñado en separarse de la filosofía e incluso, de funcionar de forma independiente —cada vez más especializadas— la interdisciplinaridad siempre será la única forma posible de llegar a la solución de cualquier problemática. Todo problema necesita de varias herramientas para ser solucionado. Y la filosofía no sólo es una herramienta más que abarca importantes cuestiones con las que la ciencia se topa –lo quiera o no, como en el caso de la falta de consciencia ética del chatbot Tay-, sino que además, es la base de muchos de sus planteamientos y enfoques, tanto en la actualidad, como desde sus comienzos. No entenderíamos la ciencia como la entendemos ahora si no fuera por la concepción que hemos creado sobre ella y sobre el conocimiento en general. Y eso, indiscutiblemente, ha sido gracias a la filosofía.

¿No fue gracias a Platón, que los científicos concibieron las matemáticas como la mejor vía para explicar el universo? ¿Y Aristóteles no fue el precursor del empirismo? ¿Y Einstein? En su teoría de la relatividad, utilizó también la filosofía. ¿Cómo hemos decidido la forma en la que debe funcionar la ciencia o el método científico? ¿Y el falsacionismo, que es clave para refutar y dar por verdadera una teoría científica? Todos ellos se idearon a partir de principios filosóficos. No podemos concebir la ciencia desde otra forma. No podemos estudiar el método científico desde el método científico. Este método ha sido ideado previamente por unos principios más generales, a los cuales llamamos FILOSOFÍA. La filosofía, es nuestra forma de articular el conocimiento. Quizá cuando nos cuestionamos si la filosofía sirve o no, lo estemos haciendo desde el enfoque equivocado, porque no le estamos dando su lugar correspondiente. Si pretendemos que la filosofía explique las razones de una reacción química en una probeta, obviamente nunca le encontraremos sentido. Pero cabe preguntarse una cosa, ¿qué motivaciones hay realmente cuando queremos darle a la ciencia el único lugar? ¿Es por causa de un interés intrínsecamente científico, o más bien hay otro tipo de interés?

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