Hoy me ha pasado a mí, mañana te puede tocar a ti

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Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Antes en Grupo Joly. Soy miembro de número de la Cátedra de Flamencología; hice la dramaturgia del espectáculo 'Soníos negros', de la Cía. María del Mar Moreno; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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No caigan en el error que yo cometí, vayan y pongan en conocimiento de las autoridades el sufrimiento de sus hijos, será la única forma de que les den importancia.

Esta carta va dedicada a todas aquellas personas que en su día pusieron en duda el ACOSO ESCOLAR  que mi hija de 13 años sufrió desde el verano de 2015 y durante el pasado curso escolar. En especial para algunos de los “profesionales” que pusieron en primer lugar su puesto de trabajo y, según ellos, su responsabilidad dentro del centro escolar antes que las consecuencias NOCIVAS que todo esto ha tenido sobre una menor. Para las madres de las alumnas acosadoras y para éstas últimas. Para todos ellos, todos los que en ningún momento se pusieron en el lugar de mi hija ni de nosotros como familia. Me gustaría decirles que:

El acoso escolar y el ciberacoso es un acto demasiado importante para que haya gente que piense y diga sin ningún pudor que “son cosas de niños”. No, no lo son, esto puede crear en la persona que lo sufre y en las que vivimos con ella unas consecuencias que en algunos casos pueden ser irreparables.

El acoso no se trata solo de violencia física, están las burlas, las risas, los cuchicheos, el menosprecio, el vacío, los insultos, todo tipo de violencia verbal que se pueda imaginar.

Tampoco existe un estereotipo de niño o niña acosado aunque las estadísticas digan lo contrario. No, no siempre son niños introvertidos o con “algún problema” a ojos vista los que sufren este tipo de hostigamiento.

Mi hija es una chica extrovertida, alegre, simpática, con muchas amigas o así lo creía ella. Aparentemente, una chica “normal“.

Todo comenzó el verano del 2015 vía WhatsApp con un “TÚ Y YO YA NO SOMOS MÁS AMIGAS”. A raíz de ese simple mensaje se desencadenó todo. A continuación hubo frases como “Prefieres tener de amigo a X antes que a nosotras… Pues allá tú“, "Qué pasa, te has quedado sin amigas jajaja", "Me obligan a quitar la foto de perfil (foto en la que salía mi hija) porque si no me han dicho que no me hablan", "Piensa bien lo que estás haciendo porque te vas arrepentir y luego no va a tener remedio" y un sinfín de sinsentidos e intimidaciones que para una cría de doce años, entonces, era el fin del mundo.

Comienza el curso, todos a la expectativa de los acontecimientos. Pongo en antecedentes a su tutor de lo ocurrido este verano para que esté atento. "Las cosas de crías"’ continuaron, los insultos se trasladan al centro, a las aulas, los cambios de clase, el recreo... En el mes de octubre advierto a su tutor, de nuevo, de la situación actual, le indico que si no actúan me vería obligada a ir a Inspección, su respuesta: "Ok, lo tenemos en cuenta".

En noviembre todo empeora: mi hija siente ‘"que no puede" y que ya no va más al instituto. Automáticamente hago una carta para la inspectora de zona y me persono en el colegio para darles copia de esta. Me informan de que han avisado a la inspectora y a los padres de las niñas implicadas. En diciembre se pone en contacto telefónico conmigo la inspectora, días más tarde mi marido se reúne con la directora, ésta le entrega un informe elaborado por el cuadro directivo del centro donde determinan que mi hija no está sufriendo un acoso y sí "un problema puntual de convivencia".

A la siguiente semana, mi marido y yo asistimos al centro para anunciarles nuestro total desacuerdo con ese informe y que no lo firmaremos. Ellos, nos comunican que en casos de acoso se "activa" el protocolo estipulado por la Junta de Andalucía, en el que por norma tanto psicólogo como orientador del colegio deben tratar a la víctima, en este caso ninguno de ellos, en ninguna ocasión vieron a mi hija.   

Decidimos llevar a la menor a una psicóloga privada, ésta determinó que habían síntomas y secuelas de estar sufriendo acoso. ¿Para qué sirvió? Para empeorar, desde nuestro punto de vista, la situación de nuestra hija, sobre todo con algunos de los docentes del centro los cuales pensaron que ese informe era algo "personal" contra ellos. En definitiva el informe de la persona, doctorada en Psicología, que consultamos y trató a nuestra hija fue totalmente inútil e infravalorado por parte de los docentes, los cuales dijeron, palabras textuales: "Solo me creo lo que diga el psicólogo del centro".

Ante esta situación de total indefensión por todas las partes que deberían ser quienes garantizasen el bienestar de nuestro hijos, nos vimos en la tesitura de cambiar a nuestra hija de centro. Y yo me pregunto, ¿por qué?

Por qué los niños son tan crueles con el resto de "amigos" o compañeros sin pensar en las consecuencias.

Por qué esos padres que les avisan que sus hijos/as están siendo acosadores no piensan, por un momento, que puede ser cierto. Nuestros hijos son, para nosotros, los mejores del mundo pero reconozcámoslo también pueden meter la pata.

Por qué esos centros escolares concertados (en el caso de mi hija) prima antes su "famoso sello de calidad" y el ansia de ocultar, de no reconocer que también tienen problemas de este tipo, que el bienestar de un alumno y de una familia.

Por qué creen más a unos niños que a otros dependiendo de su carácter y familia.

Por qué inspección de zona en este caso hace la primera llamada de "rigor" para después desentenderse del problema.

Y un sinfín de porqués que nunca tendrán respuesta mientras nuestro sistema educativo proteja al más fuerte y nuestros centros y docentes pongan antes su "buena reputación" que su humanidad y comprensión.

Por todo esto y mucho más, hoy quiero que la gente, en general, se conciencie de que el acoso escolar NO ES COSA DE NIÑOS; es un problema que ha ocurrido siempre sigue ocurriendo, con mucha más severidad en nuestros días. No hay que apartar la mirada, no hay que hacer oídos sordos ya que, hoy me ha pasado a mí pero ¿quién te garantiza no ser el siguiente?

Por lo tanto, recapaciten y mediten ante esto, viendo la ineptitud de quienes deben acabar de raíz con estos casos, no caigan en el error que yo cometí, vayan y pongan en conocimiento de las autoridades el sufrimiento de sus hijos, será la única forma de que les den importancia.

Cati Álvarez Jiménez.

 

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