Producto artesanal de Cazorla.
Producto artesanal de Cazorla.

La alimentación es una necesidad básica y el acto de alimentarnos un acto sagrado. Sin energía no funcionamos, y de hambre es la muerte más segura, pues nos vamos apagando. La mente frente al estómago, nuestros dos cerebros luchan en el honorable acto de las huelgas de hambre.

La compra de los alimentos ha de ser responsable, de productos locales, frescos y cercanos ante el Cambio Climático, de seguridad, certificados ecológicos, sin pesticidas ni productos químicos, ni en ellos ni como residuos en el medio ambiente que los produce, y sociales, que permitan el contacto y comunicación con el tendero, su asesoramiento y su intercambio de pareces personales, si procede, así como de los agricultores y ganaderos que los producen, gente del campo, de nuestro entorno. La Directiva Europea “de la Granja a la Mesa”, así lo establece.

"Ayer no le vi", "no se lleve usted eso, prefiero que vuelva mañana", "niño me han entrado unas brevas, con un sabor, que hacía tiempo que no probaba", "fruta de temporada", caracoles de la marisma y cabrillas de la Sierra de Cádiz, te hacían el menú semanal sin tener que pensarlo. La calidad se paga porque te la busca el que te la ofrece en la plaza, y no te engaña porque busca tu fidelidad. En el supermercado tu compra se difumina, no puede ser igual.

El uso diario de la bolsa de tela de la compra, acompañada de la talega del pan, son detalles heredados que previenen, por descuidos, dejadez o incivismo, de cientos de bolsas de plástico volando por nuestras calles y campos. En la plaza es común su uso, siendo mayores y jóvenes sus portantes, entrando con ellas plegadas y saliendo voluminosas y aromáticas. “Llevo un auténtico bodegón aquí dentro” y con una sonrisa, poco más se puede pedir.

En pasillos amplios, pidiendo la vez, al canto del género fresco y de la garganta de algún pregonero de antaño, un espectáculo de olores, visiones y sonidos que en una plaza de abastos, reflejan la vida de un pueblo o un barrio de la ciudad. “Comer bien es un arte, cocina de mercado una medicina”.

Las tiendas de barrio y de tu pueblo complementan las necesidades básicas, junto con los gremios y oficios artesanales, esos que fabrican, hacen, deshacen y reparan nuestros utensilios de usos diarios, así como las cooperativas que aglutinan intereses comunes a la hora de valorizar las producciones agropecuarias locales. Hoy he comprado sin necesidad de coche ni de Amazon, ni mañana, ni pasado, es mi contribución a un mundo sostenible de verdad.

Según la RAE plaza de abastos es “lugar donde se venden artículos diversos”, tras lo escrito creo queda insuficiente e incompleta dicha definición, al no reflejar la verdadera realidad.

Iván Casero es Ingeniero de Montes.

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