Fernández Vara, el nieto extremeño de Manuel Fraga

Raúl Solís

Raúl Solís

Periodista, europeísta, andalucista, de Mérida, con clase y el hijo de La Lola. Independiente, que no imparcial.

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Cuando yo era un chiquillo, Fernández Vara ya era director general de la Junta de Extremadura y consejero de Salud, que es desde donde hizo méritos para suceder a Rodríguez Ibarra. Conocido como  el nieto de Fraga, porque procedía de Alianza Popular, el partido de la derecha franquista que lideró el expresidente de la Xunta de Galicia y exministro de Franco, siempre estuvo a la derecha de un partido, el PSOE extremeño, que nunca se ha caracterizado por ser muy progresista y que ha instalado un modelo cultural conservador que le ha valido para ganar elecciones pero no para transformar Extremadura.

Rodríguez Ibarra se marchó y nombró heredero sin debate al muchacho de Olivenza, de Alianza Popular. En realidad, en el PSOE extremeño nunca ha habido demasiado debate. Es un partido-empresa que controla al milímetro cada rincón de Extremadura, sus asociaciones, sus empresas, sus cooperativas, las asociaciones de madres y padres de alumnos, colectivos feministas, la Universidad de Extremadura, los sindicatos mayoritarios, cuyos exlíderes hoy son diputados en la Asamblea de Extremadura, las entidades de cazadores y las oenegés de acción social.

El PSOE extremeño es la perfección del PSOE andaluz porque la extensión de Extremadura y su poca población, un millón de habitantes, permite controlarlo todo al milímetro y el partido funciona como una gran empresa de familiares, amigos y conocidos. Al igual que en Andalucía, en Extremadura también hubo un movimiento en la Transición que reivindicaba una reforma agraria que expropiara los latifundios de los grandes terratenientes para que se pusieran al servicio de la creación de empleo y riqueza en pueblos diezmados por la emigración.

Lejos de eso, al igual que en Andalucía, Rodríguez Ibarra prefirió tejer lazos de complicidad con los grandes propietarios agrícolas extremeños y olvidar a las víctimas del modelo latifundista. Pocas veces se ha dicho pero los principales perjudicados del paro agrícola, popularmente conocido como PER, han sido y son los jornaleros del campo extremeño y andaluz, a quienes les gustaría trabajar y no recibir 420 euros de miseria.

El PER de facto es una reforma agraria, pagada con dinero público, para no molestar a los grandes tenedores de las tierras de cultivo que, en algunas comarcas, resulta obsceno ver las extensiones pornográficas de tierras sin sembrar, resultado de una política agraria común que no vincula las subvenciones a la producción ni a la calidad, sino a la extensión de la propiedad.

El PSOE extremeño nunca ha creído en la potencialidad del campo extremeño y por eso, durante la época de las vacas gordas, Rodríguez Ibarra quiso llevar un gaseoducto desde el Puerto de Huelva para instalar una refinería, a costa de la producción vitícola de la comarca de Tierra de Barros. Los portavoces del PSOE extremeño, que llegaron a fletar autobuses al pueblo afectado para gritar que una refinería era sostenible medioambientalmente y que los residuos de la elaboración del aceite de oliva contaminaban más que los gases de la refinería, lo dieron todo por el proyecto refinero. 

La llegada de la crisis y la ruina de Alfonso Gallardo, tío De Francisco Fuentes, hombre de máxima confianza de Rodríguez Ibarra que dirigió durante 30 años la dirección provincial del PSOE de Badajoz, hizo imposible el único proyecto que fue capaz de levantar un movimiento social potente de contestación en Extremadura en los últimos 40 años. El "No a la refinería" se convirtió en la pesadilla de un PSOE extremeño nada acostumbrado a las movilizaciones sociales.

El secreto del PSOE extremeño ha sido crear una sociedad dependiente a la que, cuando llegan las elecciones, pide el voto como si la gente tuviera una deuda con quienes en 40 años de autonomía no han sido capaces de modernizar ni el ferrocarril extremeño. Aunque, eso sí, vendían que se abrían vuelos de Badajoz a Madrid o que llegaría un AVE a Lisboa mientras que ir de Mérida a Cáceres era una odisea.

Todo lo contrario, después de 40 años de fondos de la UE, el modelo productivo de Extremadura tiene un 1% de tasa de industrialización, el más bajo de España, y sus niveles de pobreza y desigualdad muerden y lideran todas las clasificaciones junto con Canarias y Andalucía.

Mi hermano, que tras el batacazo de la construcción se tuvo que reciclar en el campo como jornalero, fue a coger fruta este verano y cada día cobró un jornal diferente, dependiendo de quién era el dueño de la finca. Ha llegado a estar cogiendo melocotones por 32 euros el jornal, siete horas de trabajo al día por 4,5 euros la hora. A los jornaleros que pedían el jornal entero, el manijero no los llamaba más y mi hermano, que quería seguir trabajando porque su precariedad máxima le ha robado toda su libertad, callaba y se conformaba como pasaba en los años 50. Extremadura combina un modelo laboral agrario propio de los Santos Inocentes con una retórica de economía digital, modernización y conectividad.

Desde que he escuchado a Guillermo Fernández Vara decir que la culpa de que a los agricultores extremeños no le salga rentable sembrar es de los jornaleros, no paro de acordarme de lo que el PSOE extremeño ha hecho con Extremadura y de la sinvergonzonería máxima que hay en culpar al eslabón más débil del tejido productivo de la falta de competitividad de un sector al que la globalización ha convertido en una clase subalterna de las grandes cadenas alimentarias y los fondos de inversiones que especulan con el aceite de oliva, igual que lo hacen con las viviendas sociales, entre otras cosas porque el PSOE abrazó el dogma neoliberal y se olvidó de los pequeños productores agrícolas.

Guillermo Fernández Vara podría dejar un par de meses de ser presidente de Extremadura y marcharse a un tajo a coger aceitunas, escardar criaderos, entresacar frutales o coger ciruelas, melocotones, tomates o nectarinas. Después de la experiencia, a ver si es capaz de mirar a los ojos de cualquier jornalero, que día que llueve, día que no trabaja, y que no sabe nunca cuánto va a ganar el mes que viene.

A ver si después de la experiencia es capaz de decirle a mi hermano que 40 euros de jornal, cuando se lo pagan, es mucho dinero, que su trabajo merece menos y que tiene que bajarse el salario para que el sector agrícola extremeño sea competitivo, mientras el PSOE sigue privilegiando a las grandes cadenas comerciales y un modelo de agricultura que vacía los pueblos hacia la emigración a la vez que los terratenientes se hacen de oro con la PAC por el esfuerzo de no sembrar y vivir de las rentas heredadas.

 

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