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La Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio… Uy, buenos días, señora. Ya sabía yo que usté no iba a tardar en volver. ¡Si es que Mari Puri tiene unas manos! Cantando una coplilla estaba, que quien canta su mal espanta y yo otra cosa no, pero males tengo pa regalar. Si me diera a mí por quejarme… Lo que pasa que yo no me quejo. Anda, pa qué. Si es lo de siempre, que una va teniendo una edad, los achaques, la peluquería ésta que ya no da pa fin de mes. Porque, ¿sabe usted? Esta Isla nuestra antes era otra cosa, se lo digo yo. Usté es que la ha conocío en otros tiempos, con el tranvía, que nunca pasa y sabe Dios si lo verán mis ojos.

No se lo va a creer, pero se lo juro yo por lo más sagrao que esta peluquería era antes el no va más. Se lo digo yo que usté no ha visto esa calle Real llena de soldaos que salían de francorría calientes como el palo de un churrero y a nosotras, que nuestras madres nos habían criao pa buscar un buen marío, soñando con ese hombre que viniera de allá por los madriles, donde seguro que se vivía mejor que aquí y se veía mundo. Pero, ¿sabe usté? La mili no traía más que catetos.

Todavía me acuerdo un novio que me eché yo, quinto, de reemplazo, hablaba mu bien, fino, pero lo que es una mujer no la había visto na más que en la tele. Vivía con su pare en el campo, en una cuadra y ya se puede usté imaginar, bruto como él solo. De gallinas y yeguas sabía, pero lo que es de mujeres… ay señó, qué hemos sufrío nosotras. Digo, ya estoy otra vez de un tema a otro. No tengo remedio. Bueno, a lo que iba. Que en esa época vivía mucho militar en La Isla, todavía también, pero entonces más, y a esta casa venían muchas señoras de alta alcuria¿Alcurnia? Bueno, cuernos no sé si tendrían, lo que quiero decir es que eran de otra clase, con dinero, y venían aquí a que las peinara yo. Las juras de bandera, los desfiles… to pasaba por estas manos. Y es que al cuartel iba un peluquero que le decían Manosfrías, por las callejuelas vivía, y se ve que al hombre le gustaban los muchachos y cada vez que lo llamaban pa pelar a un nuevo reemplazo se le ponían los ojos en blanco. Dicen las malas lenguas que lo de Manosfrías era porque entre corte de pelo y corte de pelo hacía alguna pajilla y ellos po se dejaban, porecitos míos, tan lejos de sus casas que los mandaban. Y las mujeres, pos claro, no quería na con él. Yo es que eso de la mili no lo entendí.

Manosfrías era un peluquero como yo, de corte clásico, no esas modernuras que hay ahora. Mire, que aquí entra un muchacho pa que le haga una cresta y con las mismas se va. Dónde sa visto eso, que parecen gallos de pelea. No no, una es una peluquera de clase. Aunque también digo una cosa, eso tiene su arte. Este verano, ¿vio usté la noche blanca? Sí, eso que sale to el mundo a la calle Real y to está abierto. Claro, como ya no hay coches po se pasea mu bien, las terrazas llenas y la gente entrando en los museos. ¿Po sabe qué? Hasta un peluquero pusieron en medio de la calle. De esos modernos, artísticos, estilistas; y la verdad es que yo me estuve fijando y… oye, un artista de verdad. Lo que yo no sé es que tiene eso que ver con la cultura y los museos. Mira que a mí el concejal de Cultura me cae bien, un muchacho la mar de apañao, de lo mejorcito, cofrade, mu poquita cosa y con cara de bueno. ¿No va a tener cara de bueno, si antes se dedicaba a vender biblias? Un santo. Y mira, en medio de los museos, los conciertos y de to lo que había por la calle po puso un peluquero. Yo voy a hablar con él, porque igual que puso un peluquero artístico tendría que poner una clásica, y aquí está la Mari Puri, con este cuerpo y estas manos que la dao Dios. No sea mal pensá, mis manos no son como las de Manosfrías, que yo nunca he tocao a ningún cliente. Bueno, alguna vez… pero eso hace ya muchos años y no tengo yo ganas de hablar tanto, que después to se sabe y aquí han venío a pelarse grandes de España.

En verdad yo creo que ese concejal, angelito, no manda mucho. Es que es mu buena persona y en la política, po ya se sabe, que hay que estar hecho de otra pasta, y a mí me parece que hacen con él lo que les da la gana unos y otros, porecito mío. Yo quisiera que viniera un día a mi peluquería, seguro que lo conquisto. Señora… no se meta usté conmigo. Que lo conquisto con mi trabajo, que Manosfrías sólo hubo uno. En la noche blanca yo fui a ver la casa de Camarón, que todavía no la había visto. ¿Ha ido usté ya? No se pierde mucho. Allí ya no queda nada de lo que fue la casa, que yo la conocía y ahora to es mu moderno.

En fin, señora, que lo que le decía, que esta Isla antes era otra cosa, aquí había dinero y entonces con la peluquería se vivía. Eso se lo cuento otro día que hoy ya hemos terminao, mire qué rapidito, no tendrá usted quejas de la Mari Puri. Ea, con Dios. Tiene una pena la Lirio que se le han puesto las sienes moraítas de Martirio…

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