Las desigualdades matan. La austeridad es un peligro para la salud pública

“Una persona con empleo enfermará menos, consumirá más, tributa, estará más feliz... Y todo eso se contagia” dice @DavidStuckler

Ingreso Mínimo Vital en la provincia de Cádiz. Pobreza en España, en una imagen de archivo.
Ingreso Mínimo Vital en la provincia de Cádiz. Pobreza en España, en una imagen de archivo.

Hablaba este viernes en Palma sobre determinantes sociales en salud. Empecé con una frase contundente: LAS DESIGUALDADES MATAN A LA GENTE, después de ver algunas imágenes como las siguientes que nos enseñaban las diferencias por grupos sociales.

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Y me acordé de David Stuckler y de su conferencia que dio hace 7 años más o menos en la Escuela Andaluza de Salud Pública.

Recuerdo su intervención como si fuera ayer. Lo vi en vivo y en directo en dos espacios, uno de debate y otro en una conferencia en la Escuela Andaluza de Salud Pública. Es una persona cercana, parece bien documentada, aunque en determinadas cuestiones entra de puntillas, con más de 10 años de investigaciones, para analizar las políticas aplicadas frente a recesiones en todo el mundo durante casi un siglo: desde la Gran Depresión que siguió al Crash del 29, hasta la actual Gran Recesión provocada por el estallido de la burbuja financiera en 2007. Su nombre es David Stuckler, Senior Research Leader de la Universidad de Oxford que con el epidemiólogo Sanjay Basu, del Centro de Investigación para la Prevención de la Universidad de Stanford, han escrito el libro Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte (Taurus).

 

Sus palabras que con más fuerza resuenan en mi cabeza son: "La austeridad es un peligro para la salud pública", "La recesión hace mucho daño, pero la política de austeridad mata". “Las recetas de austeridad sólo convierten las recesiones en auténticas pandemias de mortandad masiva. El verdadero peligro para la salud pública no es la recesión en sí misma, sino la austeridad”, "Aumentan el paro, las enfermedades y los suicidios cuando se aplican recortes". Las medidas de austeridad en Europa han supuesto un aumento del 40% de la mortalidad infantil

Explica más: “las medidas de austeridad son siempre devastadoras para la salud pública, causando decenas de miles de muertes sin ayudar en lo más mínimo a la recuperación económica”, "Si las políticas económicas de austeridad se hubieran organizado como un ensayo clínico masivo, habrían sido rápidamente interrumpidas al acumularse las evidencias de sus mortíferos efectos secundarios",  “En España, igual que en los demás países, las políticas económicas y sociales tienen más incidencia en que unos vivan y otros mueran que cualquier fármaco, cualquier operación quirúrgica o cualquier seguro médico. Invertir en salud pública es sabio en tiempos de vacas gordas, pero se convierte en una necesidad imperiosa en tiempos de vacas flacas”.

Cuenta los efectos de la austeridad y los recortes en diversos países como Tailandia, Grecia, España,.. por una parte y por la otra, la de los programas de estímulo como en Islandia o Malasia.

Y añade más, tanto en Europa como en EEUU, el aumento de los suicidios como consecuencia de las medidas económicas de austeridad, hace que las cifras asciendan a más de 10.000 suicidios adicionales y hasta un millón más de casos de depresión, algo no desdeñable. Aunque comenta: "Casi todos los países (incluído España) que aplican la austeridad tratan de ocultar las estadísticas de los suicidios que provoca". Queda claro que en EEUU y en Reino Unido ha habido 4.750 y 1.000 suicidios adicionales, respectivamente, durante la actual recesión. En Estados Unidos, los suicidios son causa ya de más muertes que los accidentes de tráfico, tras aumentar vertiginosamente en la última década: un 30% entre los adultos y un 50% más entre los varones cincuentones, que son los que padecen más estrés cuando se quedan en el paro tras una larga vida activa y descubren que han sido marginados para siempre del mercado laboral. Además, los índices de suicidio se disparan paralelamente a los de desempleo, pues multiplican las tasas de depresión a nivel nacional. Un tercio de los que pierden su puesto de trabajo padecen depresión poco después. Y no hay que olvidar que por cada suicidio consumado se producen otros diez frustrados, que dejan a la víctima con vida pero padeciendo graves secuelas físicas o psicológicas.

Los gobiernos que imponen austeridad a ultranza no hacen frente al desempleo como la mortífera pandemia que en realidad es, mientras que los que optan por invertir en la asistencia a los parados durante las recesiones, como hicieron Suecia y Finlandia, no sólo logran reducir la tasa de suicidios sino que acaban por ahorrar más en sanidad pública de lo que han costado los programas de auxilio social y ayuda laboral a los desempleados.

Cuando se recortan los servicios sanitarios y la gente deja de ir a la atención primaria, lo que se consigue es que empeoren los enfermos y, al final, terminen yendo a Urgencias para recibir un tratamiento mucho más largo y costoso. Igual ocurre con las privatizaciones. Ya lo vimos en Inglaterra, incluso en Italia. Al principio, dicen que se ahorran dinero pero, después, es más caro, por los tratamientos que se hacen en uno u otro hospital, dependiendo de si es público o privatizado, y, también, porque en más de una ocasión ha tenido que ir la Seguridad Social ha rescatar a los hospitales privados.

Y le da la vuelta y comenta: “La prioridad es crear empleo, no la austeridad. Se puede recortar, pero nunca en sanidad, educación o servicios sociales. Una persona con empleo enfermará menos, consumirá más, tributa, estará más feliz... Y todo eso se contagia”. Y para este contagio pide que los profesionales de la salud den un paso adelante para conseguir cambiar las políticas que conllevan austeridad y no estímulo, investigando y difundiendo los datos y la evidencia existente.

Todo ello, en un entorno de que la esperanza de vida al nacer de las mujeres en Japón,

86 años, duplica a la que tienen las mujeres al nacer en Zambia, que es de sólo 43 años. Cuatro de cada cinco personas en el mundo no tiene seguridad social. Y ante ello, es preciso romper el efecto ´etiqueta´ de clase por el que pacientes con la misma enfermedad son diferentemente catalogados según la población a la que pertenecen. La obligación profesional es de diagnosticar y tratar a quienes solicitan nuestros servicios, tanto a los usuarios que acuden a deshora, los usuarios sin cita como los que no acuden.

Y todo ello me recuerda la vivencia de esta pandemia que la covid-19 ha golpeado y golpea más a los hogares de bajos ingresos y aumenta la brecha en la sociedad española. El virus cronifica la desigualdad. Durante el confinamiento el aumento de la pobreza extrema fue enorme. Los ingresos del 10% más rico pasaron de ser cinco veces mayores que los del 10% más pobre a ser 15 veces superiores, según el Banco de España. El virus ha puesto la pobreza en primer plano, de forma muy gráfica, al afectar mucho más a las minorías raciales y étnicas. Ha quedado muy claro que la salud del país depende realmente de que se aborden estos determinantes sociales de la salud.

Hagamos algo en las consultas y sobre todo, en las políticas. No lo solucionaremos quitando 8.000 sanitarios, está claro, ni con políticas que no favorecen un cambio importante en la atención primaria y una mejora sustancial de la salud pública. Mucho, no, MUCHÍSIMO por hacer.

 

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