Interior de la Escuela Andaluza de Salud Pública.
Interior de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

Este artículo es el último de una serie de seis sobre la atención primaria, que se encuentran al final de este artículo.

Termino diciendo: el último año se ha hecho largo para todo el mundo. La pandemia rebosó las consultas de incertidumbre y alejó a los pacientes de los centros sanitarios. Los centros de salud tuvieron que reinventarse para sortear la amenaza del virus y, a su vez, dar respuesta a todo lo que les entraba por la puerta, a sus pacientes de siempre y al aluvión de sospechosos de covid que plagaban los consultorios. El teléfono se convirtió en un aliado para mantener el contacto con los enfermos cuando el mundo se confinó en casa, aunque las puertas de los centros de salud, nunca se cerraron.

La pandemia ha descapitalizado más la atención primaria. Hay una infradotación de recursos y está agonizando y se está en una situación de agotamiento físico y emocional importante.

Los profesionales de los centros de salud llevan años reclamando más recursos humanos e inversión para sostener la atención primaria. El gasto sanitario público asciende a 75.000 millones de euros (el 6% del PIB). Esto es, 1.594 euros por habitante. Pero solo el 16% se dedica a atención primaria.

Y los profesionales están al límite de sus fuerzas: cansados y exhaustos, pero también frustrados. El daño en la salud mental es la gran herencia de la pandemia. Hay un gran aislamiento social y mucha soledad, patología mental y ganas de desaparecer. Y la atención primaria del futuro es vista con desasosiego. Y faltan manos. Los profesionales de atención primaria piden ser escuchados y, sobre todo, más recursos humanos.

La falta de inversiones, la saturación creciente de las consultas y el deterioro de las condiciones laborales se generalizan en el primer nivel asistencial en todo el territorio nacional. Los médicos de familia y pediatras huyen de AP para trabajar en los hospitales y en otros países donde son mejor valorados, donde se respeta su derecho a conciliar su vida laboral y familiar, y donde no se sienten explotados. Las inversiones en AP brillan por su ausencia y los Planes de Mejora son totalmente insuficientes.

La Atención Primaria es una estructura raquítica que se desmorona, incapaz de ilusionar a los jóvenes profesionales. La AP se deteriora a pasos agigantados y pronto la población no contará con suficientes médicos de familia y pediatras en los centros de salud para garantizar una atención de calidad. Las sociedades y entidades científicas que forman el Foro de AP denuncian este abandono de la AP, y exigen a las Administraciones responsables la inversión necesaria en AP, y la mejora de las condiciones laborales para evitar la fuga del talento médico esencial para poder mantener el primer nivel asistencial.

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