Durante los dos fines de semana de la campaña distintos medios de comunicación jerezanos han dado a conocer encuestas que básicamente coinciden en la victoria del PP, pero sin alcanzar la mayoría absoluta. En lo que coinciden poco es en los datos del PSOE, que se mueve, según la encuesta que se consulte, entre 5 y 10 concejales, una diferencia que parece muy amplia. Está claro que alguna de las encuestas va a fallar estrepitosamente, como ocurrió hace nada en Gran Bretaña, donde todas pronosticaban un empate técnico entre laboristas y conservadores y al final los conservadores ganaron con mayoría absoluta. La existencia de muchos indecisos, la elección del universo adecuado, las mentirijillas de los encuestados, el posterior cocinado de los datos… son muchos factores los que concurren en la realización y tabulación de unas encuestas que, además, valen una pasta.

El sábado vi en la Feria a la candidata socialista, Mamen Sánchez, y me dijo que confiaba en mejorar los resultados que le dan las encuestas. Después de charlar con ella me vino a la cabeza una antigua conversación que tuvimos hace muchos años, no sé, diez o doce -ella ya era diputada en el Congreso, pero no llevaba mucho tiempo- precisamente sobre las encuestas. En esa conversación, ella lo recordará, le dije que yo conocía un método infalible sobre las encuestas que permitiría a los partidos, al PSOE en particular, ahorrar un montón de tiempo y dinero: llamar a Antolín, a mi padre. La conversación, que devino en tesis, básicamente fue así: “Mira Mamen, es muy fácil y te puedes apuntar un buen tanto en el partido. Tú llamas a mi padre y le preguntas qué va a votar. Bueno, eso es una tontería, porque mi padre siempre vota socialista, así que le preguntas si va a ir a votar. Luego le preguntas si se ha enterado de qué va a votar mi madre –mi madre, Elvira, siempre va a votar, pero ella sí cambia de voto- y ya está”. Doy por hecho que Mamen me miraría extrañada, preguntándose “cómo que ya está… tú sí que estás bien”, así que tuve que terminar de tabularle la encuesta: “Mamen, esto es así. Si mi padre se queda en casa, absoluta del PP, independientemente de lo que vote mi madre; si mi padre va a votar y mi madre no vota socialista, relativa del PSOE; si mi padre convence a mi madre para votar socialista, absoluta del PSOE. Es infalible”. A Mamen le hizo gracia, claro, pero como es costumbre en los políticos, no hizo caso al sentido común: nunca me pidió el teléfono de Antolín y Elvira.

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