¡El ultramoralismo va a llegarrr!

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Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Antes en Grupo Joly. Soy miembro de número de la Cátedra de Flamencología; hice la dramaturgia del espectáculo 'Soníos negros', de la Cía. María del Mar Moreno; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Primer premio de la XXIV edición del 'Premio de Periodismo Luis Portero', que organiza la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía. Accésit del Premio de Periodismo Social Antonio Ortega. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Desde las redes sociales es sencillo ser activista de todo lo posible: animalista o defensor de los refugiados, en estos casos concretos. 

Para este artículo, me he permitido la licencia de parodiar en el título una de las grandes perlas verbales de un momento televisivo mítico. El de Fernando Arrabal y su vehemencia por hablar de la llegada del milenarismo de una forma muy particular. Pero yo no quiero hablar hoy de la llegada del milenarismo (ni nunca me lo he planteado, a decir verdad), simplemente he querido hacer una especie de homenaje. Quiero hablar, eso sí, de algo a lo que me ha dado por llamar ultramoralismo. Y es que el pasado Martes Santo no destacó precisamente por las procesiones de Semana Santa, pues fue un día con dos sonadísimos trending topic en las redes sociales desde bien temprano por la mañana.

El primero surgió a raíz de una foto de César Cadaval, el gordito del dúo humorístico Los Morancos, posando con un leopardo muerto y con un rifle de caza en la mano, luciendo además una gran sonrisa. Esta foto encendió a los animalistas de la red social, que no dudaron en calificar al humorista de asesino, entre otros adjetivos no demasiado agradables hacia su persona. Y lo que leí en comentarios de las publicaciones me produjo risapena, por definirlo de alguna manera; no por las muestras de empatía hacia el animal abatido, precisamente.

“Lo grave es que ha matado a un animal en peligro de extinción”.

“Este hombre debería estar en la cárcel por matar a animales inocentes”.

Y son solo algunas de las cositas que leí, elevando el cuñadismo animalista a la enésima potencia. El leopardo, en primer lugar, es una especie casi amenazada, por lo que no llega a ser una especie en peligro de extinción. Y en segundo lugar, el animal fue cazado en un safari, un coto privado de caza, por así decirlo; no se trató de un acto furtivo e ilegal. Se trata de un tipo de caza controlada y fundamental para la conservación de ecosistemas; algo necesario.

No, señoras y señores, no es que César Cadaval estuviese aburrido en Sevilla y dijese “voy a quitarme el disfraz de Omaíta y me voy a África a matar al primer bicho que vea”. Porque aunque pocos de los animalistas de la red social se han molestado en informarse, él ni siquiera mató a la criatura en cuestión y simplemente posó con el felino a petición de sus cazadores.

Horas más tarde, una trágica noticia eclipsa al primer trending topic de la jornada: un atentado en Bruselas, por obra de Daesh, causa una treintena de muertes y deja a cientos de heridos.

De nuevo, las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar, aunque algunas me sorprendieron y no precisamente para bien. Lo resumiré en un hipotético diálogo de qué podría pasar si Daesh llegase a atentar en nuestro país (esperemos que nunca ocurra).

–Lamento mucho que tu madre haya fallecido en el atentado.
–No lo lamentes tanto, que en Oriente Medio esto es el pan de cada día.
–Oye, que ha muerto tu madre.
–¿Te haces a la idea de por lo que pasan los refugiados?

Lejos de mostrar un mínimo de empatía por nuestros vecinos europeos, fueron demasiados los usuarios de redes sociales que restaron importancia a la masacre terrorista. ¿Es incompatible compadecerse de las víctimas de los atentados de Bruselas y a su misma vez de las víctimas del terrorismo y la guerra en el resto del mundo? Parece ser que sí. Si te preocupas de lo que te pilla cerca eres un insensible.

La misma gente que lamentó la muerte de un leopardo, restó importancia a lo ocurrido en un país europeo, todo porque en otros países pasan cosas peores. ¿Pasó lo mismo en el 11M? ¿Pudo ser consuelo para las víctimas y familiares o amigos de éstas que en otros países las cosas estaban todavía más chungas?

A partir de días intensos como éste, puedo decir (no en un tono tan característico como el de Fernando Arrabal) que el ultramoralismo va a llegar.

Desde las redes sociales es sencillo ser activista de todo lo posible: animalista o defensor de los refugiados, en estos casos concretos. Atrás quedaron esos tiempos en los que para defender una causa había que acudir a manifestaciones o prestar servicios como voluntario. Hoy, desde tu ordenador o smartphone, puedes ser el defensor a ultranza de una causa o su mayor detractor. Un tuit reivindicativo o una reacción en Facebook con su pertinente comentario pueden ser tu contribución a poner tu granito de arena para arreglar este mundo en el que nos ha tocado vivir. Todos tus contactos en redes sociales han de ser testigos de tu altísimo nivel de empatía y de tu moralidad.

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