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Cómo van a aprender nada nuestros escolares, o cómo vamos a pretender que al menos no salgan de los últimos de Europa en los informes PISA sobre calidad de la enseñanza, cuando en las aulas de nuestras escuelas e institutos no hay siquiera un triste aparato de aire acondicionado. Porque en los colegios se puede pasar sin pizarras digitales, e incluso sin profesores cuando alguno se pone enfermo o se da de baja por las razones que sea y no mandan sustitutos, pero... ¿sin aire acondicionado?

Se ve que los políticos que administran los recursos destinados a la Educación en Andalucía lo hacen desde despachos perfectamente climatizados, y lo mismo les da que nuestros chavales y el personal docente suden la gota gorda durante estas tres semanas de junio, y dos más en septiembre, metidos en aulas sin climatizar y en colegios que ni siquiera tienen piscinas donde refrescarse. Es una vergüenza.

Luego nos quejamos de que los niños, en vez de atender al teorema de Pitágoras o a la regla de Ruffini, se dediquen a interrumpir continuamente las explicaciones del profesor o, en el mejor de los casos, desconecten de las mismas y se pasen las horas conectados y chateando a través de los telefoninos... ¡Qué van a hacer las criaturitas cuando ni siquiera tienen aire acondicionado!

Y habrá quien diga que calor de verdad es el que pasan los albañiles subidos a un andamio poniendo ladrillos o acarreando cubos de mezcla, o el que padecen los jornaleros recogiendo remolachas en pleno mes de julio en unas campiñas donde la avaricia de los agricultores no ha dejado más sombra que la que hay debajo del tractor o de los remolques. Como si resolver ecuaciones de segundo grado o entender la sucesión de las estaciones, con solsticios y equinoccios de por medio —¡ojo!— no supusiera un calentamiento de las meninges similar al que sufren los albañiles o los jornaleros trabajando a pleno sol en los meses de verano.

Luego a los políticos y a los pedagogos se les llena la boca de palabras pretendidamente trascendentes —que si la enésima reforma de la reforma, que si un gran pacto nacional por la educación, que si tal o cual metodología...— cuando la clave de todo, la piedra Rossetta que solucionaría este gran fracaso que es la educación en Andalucía, sería invertir un montón de millones de euros —que albañiles y jornaleros, entre otros, pagarían literalmente con su sudor— para instalar aire acondicionado —calefacción ya hay— en todas las aulas de todas nuestras escuelas e institutos.

Quienes defienden tales inversiones se ve que al menos mentalmente han salido ya de la crisis —algo es algo—, y ni siquiera se acuerdan de que como consecuencia de la misma los profesores siguen cobrando menos por trabajar más horas lectivas y por hacer nuevas e inútiles tareas burocráticas, de que aún hay chavales recibiendo clases en aulas prefabricadas, o de que los centros escolares sobreviven con bastantes menos recursos que hace solo unos años, etcétera.

Un poco de sentido común, por favor.



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