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Es un tanto confusa la noticia de que Putin y Berlusconi descorcharon durante una visita a Crimea del ex presidente italiano una botella de Jerez datada ni más ni menos que en 1775. Digo que es confusa porque he visto por internet el vídeo de la visita y en realidad hay dos botellas, una, la que muestra la señora de una bodega de la zona –que es la botella de Jerez, por cierto, valorada en unos 150.000 dólares- y luego aparece el propio Berlusconi con una botella que las crónicas dicen que es de 1891 mientras él mismo dice en un inglés tirando a regu “it’s posible to drink?”. Entonces, ¿cuál se beben, la primera, la segunda o, ya puestos, las dos? Lo que está claro es que la que quiere beberse Berlusconi es la de 1891 y no se sabe si es jerez, de hecho, parece que no, que solo es de Jerez la botella que previamente sostiene y muestra la señora.

El resto es sabido por todos: Ucrania quiere abrir una causa penal contra Putin y Berlusconi por expolio del patrimonio ucraniano (Massandra, la bodega propietaria de la botella, era anteriormente del estado ucraniano), algo que seguro que les tiene preocupadísimos, sobre todo a Putin. Bueno, a Berlusconi también.

Se trata de una buena publicidad para el vino de Jerez, ya que se trata de ese tipo de noticias que da prestigio a la denominación de origen, recuerda desde cuando se bebe vino de Jerez por todo el mundo, que desde hace siglos es objeto de coleccionismo y que, en consecuencia, se cotiza muy caro. Otra cosa es lo que se hayan podido encontrarse estos dos buenos señores cuando descorcharon la botella (si es que fue la de Jerez). Ayer hice un par de llamadas a enólogos con el mismo resultado: difícilmente el contenido de una botella de vino de 240 años estará en buen estado, aunque no cierran del todo la puerta, sobre todo si se tratara de un vino dulce.

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