Una imagen de las pasadas elecciones andaluzas del 2 de diciembre. FOTO: MANU GARCÍA.
Una imagen de las pasadas elecciones andaluzas del 2 de diciembre. FOTO: MANU GARCÍA.

No me cabe duda que hay gente que va al rastro a comprar algo que necesite, pero está igualmente claro que el rastro o el piojito, como el Tschibo de Hamburgo, aunque sea más lujoso, es un lugar al que se va a ver qué se ofrece y si gusta comprarlo, aunque a nadie le haga falta. Quien dice el Piojito dice cualquier gran almacén. Son las costumbres de consumo, nada nuevas pero ahora intensificadas. Ni tan siquiera es necesario que vengan a ofrecernos, ya nosotros vamos a que nos ofrezcan cosas y les abrimos el monedero.

Las elecciones se han convertido en una suerte de mercado oriental lleno de tipismo y nosotros en una forma de consumidores irresponsables que nos acercamos a los mostradores a ver qué nos gusta, qué nos hace esa mañana, y según el aire que sople y el humor que nos adorne abrimos el monedero y compramos. Está bien, cuando se trata del piojito, o puede estarlo, por qué no. Pero la gobernanza de nuestro pueblo, de nuestra ciudad o de nuestra región o nuestro país no debería ser un acto de mercado oriental.

En política, sí, política, deberíamos ser más responsables y más exigentes. Eludir la frase que nos permite seguir aferrados al sofá, a las series y a las tardes de compras: “Todos los políticos son iguales”, cosa que de ninguna manera es cierta. Hay diferencias: la cantidad de escándalos que acumulan las tres derechas no son de ningún modo comparables con, pongamos, el Psoe, sacando de esta apreciación a Andalucía, o Unidos Podemos, por ejemplo, Izquierda Unida, Ganemos, Compromís, Comuns o cualquiera de las otra Mareas. No nos queda otra que esforzarnos por conocer lo que pasa, en lugar de seguir recitando la misma retahíla de siempre para no tener que esforzarnos en nada. Esos están ahí porque nosotros lo decidimos, y podríamos decidir otra cosa. Elegir a los mejores, pongamos por caso.

Precisamente, para hacerse un hueco en el mercado, y para combatir psicológicamente a los consumidores, salen las tres derechas con discursos realmente agresivos al mismo tiempo que inesperados, y juegan con el factor sorpresa, lo mismo que con la ignorancia del público. Nosotros, el público, vamos a decirnos la verdad siquiera a nosotros mismos, no nos interesamos realmente por la actividad política en nuestro país. Votamos según conversaciones de taberna o programas de cotilleo, cuando no desde informaciones de pseudo prensa. Lo mismo que comprarse unas bragas venidas de la China en un barco que nos ponemos sin lavar y que venían fumigadas, como todo lo que se transporta en un barco, que pueden ponernos la entrepierna, o los dedos de los pies (si son zapatos) rojos y grandes como langostas.

Así, salen las derechas con candidatos envueltos en banderas y con los impuestos pagados para otras banderas; salen candidatos a decir que “Armas para los españoles de bien”, y viene luego la Policía y la Guardia Civil a decir que semejante disparate no pasa de ser una ocurrencia peligrosa; pedir las listas de los empleados de la Junta que hacen un determinado trabajo, legalmente, no es otra cosa que una purga-en-ciernes; despedir inmediatamente al director del Centro Andaluz de las Letras; querer derogar la Ley de memoria histórica...

Nos cuentan que por Europa también están al alza las derechas, pero es una verdad mentirosa. Las derechas españolas están, las tres, a la derecha de la derecha legal más radical; en Francia compiten con el Frente Nacional; en Italia con un Salvini cada día más discutido en Europa y en su propio país. En Hungría, recién expulsado del Partido Popular Europeo. En Polonia, donde se fue de visita uno a grupa de su caballo, en permanente conflicto con el Consejo de Europa y con la Comisión Europea por faltar a la Democracia y al Derecho.

Las derechas alemanas, CDU y la CSU de Baviera, no se han movido ni un milímetro para gobernar con la AfD, una ultraderecha menos ultraderecha que Vox. En Alemania no cierran los ojos ante su propia historia nazi, a diferencia de una España incapaz, todavía, de abrir los ojos ante el horror de nuestra dictadura y asumir la responsabilidad histórica que todas las derechas asumen en Alemania, teniendo en cuenta que en Alemania ningún partido de las derechas actuales es directo sucesor de su dictadura nazi.

No se nos ha ofrecido la posibilidad de que accedamos a una educación para la cultura política ni que nos eduquemos en Democracia, a diferencia, otra vez, de Alemania. No hemos aprendido a conversar ni a escuchar. No nos han enseñado a analizar y comprender. De acuerdo, pero algo tendremos que poner de nuestra parte si queremos vivir en un lugar habitable para todos nosotros. Los deseos de justicia e igualdad social que percibo en muchas conversaciones quedan desactivamos en cuanto se le anota al margen una opción partidista. Porque no votamos con nuestra alma sino con unos pensamientos que no son nuestros, la inercia y los miedos. Porque compramos lo que nos venden, según el viento que sople y el humor que nos adorne: les abrimos el monedero, en lugar de exigirnos, a nosotros mismos, abandonar el miedo y votar con libertad. Nos venden una escoba para barrer el desierto, ¿y la queremos comprar? ¿Para qué?

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