FOTO: Landahlauts (flickr.com)
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No digo nada nuevo si os comento que la revisión de la historia es parte fundamental para la construcción de un  armazón ideológico soporte de los postulados de algunas corrientes políticas; la articulación de verdades paralelas es piedra angular en su labor de propaganda para expandir conceptos e ideas fuerza. Se trata de tergiversar o amoldar los acontecimientos históricos para dar cobertura a postulados políticos que, en teoría, explican planteamientos, no ya del pasado, sino del presente.

En la actualidad las redes sociales y los sistemas de mensajería instantáneas son el medio de transmisión perfecto para expandir estos planteamientos. Vivimos una época en que una gran parte de la ciudadanía no distingue la realidad de la manipulación, no repara en la verosimilitud de lo que lee  y no sabe seleccionar medios “serios” de meros transmisores de bulos, noticias falsas o interesadamente manipuladas.

Sin embargo todo esto no es nuevo, sí en su actual modalidad tecnológica y en su tremendo impacto, pero no en cuanto al hecho en sí mismo; la revisión de la historia siempre ha sido un arma ideológica de primer nivel; desde los tiempos remotos.

Recientemente un emergente partido político de extrema derecha, ultranacionalista español y populista ha reclamado el cambio de la festividad del 28F, Día de Andalucía, por la del 2 de enero, el día de la Toma, fiesta local en Granada capital, según ellos en “conmemoración de la culminación de la Reconquista”.

Está claro que este susodicho partido pretende enfatizar la fecha del 2 de enero para potenciar la idea de una España única y centralizada, representada en la fortaleza de los Reyes Católicos y simbolizada en la victoria sobre los musulmanes, que une el discurso radical-nacionalista español con el xenófobo hacia  los inmigrantes, y más si son de otras culturas, y otro más si son de otra religión, musulmana concretamente.

Empecemos con el término Reconquista. Este término conllevaría una unidad política, jurídica e histórica entre el Reino visigodo de Toledo (mediados del siglo VI hasta principios del siglo VIII) y el Reinado de los Reyes Católicos (1.479-1504). Es decir los pequeños territorios cristianos que sobrevivieron como tales a la ocupación de la península ibérica  por las tropas arabigobereberes durante el primer cuarto del siglo VIII y que después se articularían jurídicamente como reinos o condados serían herederos directos del Reino visigodo, y después consecutivamente los diferentes reinos resultantes con sus cambios correspondientes hasta culminar, al final del siglo XIV, casi ochocientos años después, con la “Reconquista” del Sultanato nasrí o Reino nazarí de Granada. O sea, según este planteamiento los “reconquistadores” tardarían 800 años en hacer lo que los “moros” habían hecho en quince años, según la historiografía al uso, y eso ante una hueste de bárbaros a camello sin preparación ni cultura. O los cristianos de la época eran un poco torpes o algo falla en este planteamiento; más bien creo que fallan muchas cosas.

Y prefiero no entrar en las amplias lagunas y dudas que tiene la teórica conquista musulmana de la Península Ibérica, para ello os invito a leer, para quien no lo hay hecho aún, los manuales de Olagüe y González Ferrín al respecto.

Tampoco voy a ahondar en la fusión de poblaciones, en la mescolanza entre gran parte de la sociedad hispanogoda y los pocos decenas de miles de árabes, bereberes y sirios que entran en la Península; en la conversión masiva de población autóctona al islamismo, los muladíes, incluida buena parte de su élite social; en las constantes alianzas y contraalianzas entre reinos cristianos y musulmanes, primero con el Emirato-Califato Omeya de Córdoba, después con las diversas versiones de los conocidos como reinos de taifas y finalmente con el sultanato de Granada. Todos estos elementos que desactivan la palabra Reconquista.

Los primeros textos que hablan de la continuidad del Estado visigodo y los reinos cristianos datan de cronistas del siglo IX y se refieren exclusivamente al reino astur de Alfonso II. Este sentimiento neogoticista, desarrollado cien años después de la irrupción musulmana, se produce para dotar de una superestructura ideológica  al reino astur y legitimarlo contra la potente influencia carolingia, y precisamente en una zona en la que la presencia goda había sido tenue ya que los astures, al igual que los gallegos, cántabros o vascones se habían mantenido casi inexpugnables al empuje visigodo.

Con la Toma de Granada, o más bien recepción, ya que Granada fue entregada por el Sultán Muhammad XII —Boabdil el Chico para los cronistas cristianos— según un pacto secreto convenido con Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, se culmina simbólicamente la unidad religiosa de las Coronas de Castilla y Aragón, conseguida en el mismo año de 1492 con la expulsión de los judíos y completada un  siglo después con la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III. El imperialismo de los  Reyes Católicos, expresado en sus intereses en el Mediterráneo y sus expediciones hacia el oriente que conllevaría el descubrimiento, o más bien encuentro, con el continente llamado América; asumiría un fuerte componente de blindaje ideológico con el término Cruzada, lo que le dotaba del sentido de guerra santa a su lucha contra el infiel, mismo sentido que tiene la palabra yihaden la religión musulmana.

1492 como fecha icono para la gloria de España, fecha en que para algunos se funda el Estado más antiguo de Europa; sin embargo para la gran mayoría de los historiadores el Estado Español como tal no se constituiría hasta la llegada de los borbones con la Guerra de Sucesión y los Decretos de Nueva Planta que acaban con  los diferentes fueros históricos de los reinos de la Corona de Aragón; estamos hablando de principios del siglo XVIII.

Es curioso como hoy en día el término Cruzada es utilizado también por la opción política de la que estamos tratando y no voy a mencionar. El mismo término que utilizaron los generales golpistas contra el legítimo gobierno de la República en el año 1936, y que fue bendecido por las autoridades eclesiásticas españolas de la época que apoyaban la guerra contra los rojos ateos, aunque en Euskadi eso no sirviera ya que el PNV, democratacristiano,  no era precisamente rojo ni ateo, aunque supongo que sí separatista y  por lo tanto esos pequeños detalles quedaban ocultados por tamaña afrenta.

Términos que reinventan la historia, que construyen realidades paralelas para intentar sustentar un armazón ideológico muy básico y superfluo, sostenido e impulsado por los desastrosos efectos de la Gran Crisis  y en el miedo a los diferentes, a los desiguales, al otro y que nos invade como un cáncer desde Arkansas hasta nuestra Andalucía.

Reconquista, Cruzada, palabras-concepto utilizadas para volver a esa España Grande que algunos parecen añorar, no sé si las Españas de los Reyes Católicos, de Felipe II o del Generalísimo Franco. Permitidme que me quede con la mejor España y la mejor Andalucía de todas, pese a todo, la de una democracia del siglo XXI.

Estanis de la Torre Bellver. Andalucista Activo.

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