El chiringuito de la señora Pelayo

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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Porque el chiringuito de la señora García-Pelayo, ese que en teoría dio unos 300.000 euros a las arcas municipales para vender un trozo de nuestra Rosaleda durante varias décadas, al final lo acabaremos pagando todos.

Esta semana he leído en lavozdelsur.es, con mezcla de asombro e indignación, cómo otro de los genialísimos proyectos del anterior gobierno municipal del Partido Popular, el Hontoria Garden Bar, quiebra. Por un lado, asombro por la inmediatez con la que el chiringuito, nunca mejor dicho, se ha empezado a desmontar; y por otra parte, indignación y rabia por haber destrozado estéticamente y malvendido otro trocito más de nuestro patrimonio (1.000 metros cuadrados) para darnos finalmente la razón a aquellos que lo criticamos públicamente hace tan solo cuatro años y que insistimos en nuestra crítica hasta hace bien poco cuando el actual gobierno local llegó para hacerse también la foto en su inauguración.

Pero ya lo sabíamos. Sí, recuérdenlo: la rehabilitación del más señero de nuestros parques, el González Hontoria, pasaba por la construcción de una playa artificial y cómo no, por la existencia de un chiringuito que, de forma mágica, "revitalizara" todo el entorno de la histórica y desaparecida Rosaleda. Plantación y recuperación instantánea, como el que dice. Un pensamiento mágico que, pese a no haber inventado el PP en Jerez, lo usó como método para vender sus esperpénticas y nefastas propuestas políticas a las que, lamentablemente, el gobierno local del PSOE hoy tampoco pone freno.

Debo confesar que en aquel entonces, cuando el proyecto del Hontoria Garden Bar estaba en proceso de gestación, un servidor osó criticar y oponerse en redes a la idea en base a que la venta y desaprovechamiento de cualquiera de nuestros espacios públicos, que debieran ser para el disfrute y el recreo, es un desastre. En este caso, al tratarse de un espacio como la histórica Rosaleda, más. No tardaron aquellos poseedores de la verdad absoluta, notables jueces de las políticas de un gobierno que parecía estar formado por esa gente de bien que no es de bien sino de bienes muchos, en refutar mis argumentos: el chiringuito (y luego la playa) no sólo proporcionará empleo en una ciudad que tanto lo necesita, sino que redinamizará el parque González Hontoria dándole el carácter que antaño tenía.

Sin embargo, las mentiras tienen las patas muy cortas. Y afortunadamente, la legislatura del gobierno de María José García-Pelayo, también. El gobierno local del PP dio a su fin sin ver hecha realidad una playa que venía para quedarse en una ciudad de interior, nótese la ironía, con la Costa de la Luz a tan solo diez minutos. En una ciudad de interior que reclama chiringuitos de diseño con vistas a un estercolero que aún conserva su señero nombre y su histórica y artística estampa. Un chiringuito que la marea no se llevó y que probablemente sean los jerezanos quienes se lo tengan que llevar. Porque el chiringuito de la señora García-Pelayo, ese que en teoría dio unos 300.000 euros a las arcas municipales para vender un trozo de nuestra Rosaleda durante varias décadas, al final lo acabaremos pagando todos. En el futuro, su más que probable abandono supondrá otro problema más sobre el que los domingueros, cómo no, se lavarán las manos. Mientras tanto, disfrutémoslo e invitemos a una copita a la señora Pelayo, que este pasado jueves acudió al pleno municipal y eso ya es motivo de sobra para celebrarlo. A relaxing cup of sherry in Hontoria Garden Bar. Dos caras de la misma moneda. Quién sabe. A lo mejor deberíamos celebrar allí el próximo pleno.

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