El presidente de la Junta, Juanma Moreno, con los consejeros Antonoo Sanz y Carolina España, en el Parlamento.
El presidente de la Junta, Juanma Moreno, con los consejeros Antonoo Sanz y Carolina España, en el Parlamento.

Andalucía encara 2026 con el pulso acelerado y la mirada puesta en las urnas. La convocatoria aún no tiene fecha, pero será previsiblemente en primavera. Y es que apenas han vuelto los colegios tras la Navidad y ya se dibuja un clima político inequívocamente preelectoral.

En una comunidad históricamente acostumbrada a balances largos, a cambios lentos y consensos difíciles, la agenda se ha vuelto veloz, atropellada, casi ansiosa. Hay mucho en juego. No solo la continuidad de un proyecto, sino el modelo de convivencia, de servicios públicos y de desarrollo económico para la próxima década.

En el tablero, como recoge lavozdelsur.es en un extenso artículo con todas las voces, el Partido Popular llega con el discurso de la estabilidad y la gestión. La portavoz del Gobierno andaluz, Carolina España, y el portavoz del grupo popular en el Parlamento, Toni Martín, insisten en una narrativa de eficiencia: Presupuestos aprobados sin sobresaltos, leyes en marcha y bajadas fiscales como receta para incentivar actividad, inversión y recaudación.

El PP cree que su mejor argumento es el contraste: donde hay estabilidad —repiten— hay progreso. Y que esa vía andaluza, como se ha bautizado, en la que prima la moderación puede seguir siendo mayoritaria. 

Frente al Gobierno del PP está el PSOE, que lo apuesta todo a la carta de María Jesús Montero como el revulsivo capaz de reordenar el espacio progresista tras la pérdida de escaños de su antecesor, Juan Espadas. 

El actual portavoz socialista, Paco Cuenca, reivindica la gestión estatal como prueba de solvencia y anticipa una campaña que bajará al terreno de lo cotidiano: listas de espera, acceso a la formación, alquileres o becas. La batalla ya no será solo ideológica; será doméstica, social, casi íntima.

Pero está por ver cuánto le pesará a Montero su doble condición de vicepresidenta del Gobierno y candidata a tiempo parcial, sumando a ello recientes políticas que suscitan mucha polémica, como el nuevo sistema de financiación autonómico. 

Desde la derecha de Vox, Manuel Gavira lee el momento como parte de una ola internacional. Su receta es clara: hablar sin complejos y sin concesiones, con el foco puesto en inmigración, seguridad y campo. Aspira a crecer entre jóvenes, desempleados y sectores desencantados con el bipartidismo.

A la izquierda del PSOE, el espacio se multiplica en voces y estrategias. Antonio Maíllo, candidato de la coalición Por Andalucía, apuesta por el refuerzo de los servicios públicos y por insuflar "optimismo" al electorado progresista; José Ignacio García reivindica a Adelante Andalucía como la "sorpresa" de la legislatura, con un discurso que mezcla alegría e identidad; y Juan Antonio Delgado sitúa a Podemos en la calle, junto a mareas y sindicatos, sin cerrar aún el dibujo final de las alianzas.

Lo único seguro es la incertidumbre. Andalucía se adentra en un año decisivo, donde ninguna mayoría parece garantizada y donde la política volverá a medirse en plazas, hospitales, aulas y comedores. Las elecciones no han empezado formalmente, pero la campaña ya está en marcha. Y será larga.

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