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José Antonio Bustamante, empresario y ciudadano indignado

Esta es la historia de un hombre que tenía un plan. A diferencia de los planes que tenemos el resto de los mortales que, por regla general, tan solo nos afecta a nosotros, nuestras familias y, como mucho, a nuestro círculo de amistades, el plan que tiene este hombre va mucho más allá. Este hombre, con su plan, pretende cambiar el día a día de 47 millones de ciudadanos en su propio país y de más de 500 millones en el conjunto de la Unión Europea. Es lo que tienen los planes secesionistas; afectan a muchísimas personas.

Hace una década, otro hombre, en otra comunidad, tuvo otro plan. Un plan que, al igual que el anterior, tenía como finalidad la ruptura con el resto de España y caminar a partir de ahí como Estado independiente. Su plan se aprobó en diciembre de 2004 en el Parlamento vasco y, finalmente, el 1 de febrero, recibió el portazo en el Congreso. Su intención de celebrar un referéndum mediante el cual los vascos pudieran decidir su futuro, recibió un revés definitivo en el 2008 por parte del Tribunal Constitucional, pero nadie le podrá negar la valentía de defender su plan en el Congreso, durante el transcurso de un debate que duró ocho horas.

Mas e Ibarretxe, Ibarretxe y Mas. Dos hombres que tenían un plan. El vasco supo dar un paso atrás cuando comprendió que su plan no era viable. El catalán, además de no tener los arrestos suficientes para acudir al Congreso a dar la cara, está mostrando todos los síntomas de querer inmolarse con su plan por muchas derrotas que coseche. “Cataluña ha iniciado un camino sin retorno”, dijo Jordi Turull, uno de los tres parlamentarios que envió a Madrid en su representación. En mi opinión se equivoca: el camino sin retorno lo ha iniciado él y los catalanes que decidan seguirle.

De nada sirve que Van Rompuy, Presidente de la Unión Europea, o el Presidente de la Comisión Europea, Durão Barroso, hayan confirmando que un nuevo Estado independiente se convertiría, por el hecho de su independencia, en un país tercero respecto a la UE y, por tanto, fuera de sus Tratados. Mas prefiere valorar un informe que él mismo ha solicitado a varios “asesores” de su total confianza, previo pago de las dietas correspondientes. O dicho de otra forma, le da más credibilidad a un documento elaborado prácticamente por él mismo y cuya conclusión, no hay sorpresas en ese sentido, es que el nuevo Estado sí se integraría en la Unión de una u otra forma.

Decía Stephen Covey, profesor y escritor estadounidense, que la fuerza reside en las diferencias, no en las similitudes. Sin embargo el orgullo, las necesidades propias, el egoísmo y un ego descomunal hacen de Mas un hombre incapaz de crear esa sinergia necesaria para convertir en fuerza nuestras diferencias. Se empeña tozudamente en levantar murallas en vez de abrir vías de colaboración y convivencia. Se ha enfrascado en una guerra contra las hordas enemigas cuando solo existen molinos de viento.

Sentarse, dialogar y solucionar los problemas comunes y particulares es lo que los ciudadanos demandamos de nuestros representantes. Para eso les votamos y, para eso, hace falta lógicamente un esfuerzo por ambas partes. Yo he sido capaz de leerme en catalán el informe de 67 páginas antes citado. Puedo no entender 5 o 6 palabras concretas, pero eso no resta al contexto de la frase. Si nuestros representantes públicos hicieran el mismo ejercicio de voluntad por entender a la otra parte, la solución estaría sin duda mucho más cerca.

Hubo un tiempo en el que quizás se pudiera justificar las ansias de independencia por parte de varias comunidades, pero actualmente tienen todas un nivel de autogobierno que jamás hubieran soñado. En el País Vasco ya ni los que usaban las armas para defender la independencia creen en ella. ¿Será capaz Mas de verse reflejado en el espejo de Ibarretxe? ¿Aprenderá algún día, o llevará su comunidad a la deriva?

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