Don Quijote, en el INEM.
Don Quijote, en el INEM.

Mucho se habló, “taitantos” años atrás, de la caída del muro de Berlín. Los ciudadanos se auparon a él, armados con una espiocha y pocos telediarios más tarde, se hundió la pétrea Unión Soviética. La URSS era una dictadura. Para defender la democracia, vivimos muchos años en una guerra bajo cero. Pero se hundió la unión de todas las repúblicas socialistas y fue sustituida por otra dictadura, tan mafiosa como todas las demás. La frase “las ideologías han muerto” se puso de moda. ¡Viva el dinero!, la única religión verdadera bendecida por Wojtyla. Solo quedaba en pie el capitalismo, que ahora podría echarse al monte y volver a ser tan salvaje como antes. Enfrente ya no quedaba nadie.

Los santos patrones, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, ya podrían subir a los altares y al callejero. No es una metáfora, la dama de acero inoxidable tiene una plaza en Madrid, cerca del barrio de Salamanca; cerca de la plaza de Colón, famosa por su bandera de España del tamaño de una pista de tenis, y por ser el hipocentro de concentraciones de ultrapatriotas y ultracentristas.

A menudo pienso en nuestros héroes de ficción más populares, que no son Mortadelo y Filemón, sino Don Quijote y Sancho Panza. Don Quijote lucha contra gigantes para defender la libertad, Sancho cree que es mejor usar otra estrategia. Hoy están fuera de lugar, porque la libertad ha cambiado de significado. Quijote y Sancho, esperan conseguir trabajo de otra cosa, a su edad y sin tener un master, lo tienen imposible. En el currículo, desfacer entuertos no sirve de nada en el SEPE, antes el INEM.

Hoy la libertad es poder gastar cuanto quieras, sin importar a quién se tima. La libertad es tener un cochazo, o dos, o tres, o una colección completa y que conduzca tu chófer. La libertad es el paraíso (fiscal). La máxima expresión de libertad es no pagar impuestos. “El dinero, donde mejor está, es en el bolsillo de los contribuyentes”, esta es la canción “libertera”. Es libertad, la palabra definitiva, vale para todo, sobre todo para perpetuar clases sociales estancas, sin posibilidad de ascenso por méritos. Para lo que no sirve, es para disponer de una vivienda digna, un trabajo digno, una vida digna.

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