"Nos preguntamos qué será de nuestras vidas en el año que comienza".
"Nos preguntamos qué será de nuestras vidas en el año que comienza". MANU GARCÍA

Estrenamos año y muchos de nosotros, angustiados y escépticos por lo vivido en estos doce meses que acaban de terminar, nos preguntamos qué será de nuestras vidas en el año que comienza. La respuesta no puede ser otra, después de lo que asaltó nuestra tranquilidad vital en dos mil veinte rompiéndola en mil pedazos, que lo que tenga que ser será muy a pesar de nuestros  bondadosos vaticinios y deseos.

Nunca, en la historia más reciente, hemos podido comprobar como ahora que tal como escribiera Manrique nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es la muerte, lo que no deja de ser una variación prerrenacentista del Panta Rei de la cultura clásica griega que nos enseñaba que todo fluye y cambia permanentemente. Y bien que lo hemos aprendido en carne propia en este tiempo maldito al que queremos creer que estamos poniendo fin al arrancar la última hoja del calendario con toda la energía que nos resta.

Pero lo vivido en los últimos meses, con ser terriblemente desconcertante, no se puede arrojar sin más a la hoguera de las vanidades de la pasada Nochevieja como proponía la Delegada de Fiestas de mi pueblo en un pretendido alarde de originalidad que no resultó ser otra cosa que una nueva versión bufa de lo leído en internet. Pero la anécdota me ha llevado a reflexionar sobre el devenir vital para concluir que nunca arrojaría al fuego una parte de mi vida por muy terrible que hubiese sido la experiencia vital. Porque cada año vivido es algo más que doce hojas de un calendario, es un trozo de nuestras vidas que no sólo se componen de un esperanzador futuro, sea cual sea la edad de la persona, sino también del tiempo vivido que duerme placenteramente en las hojas caducas del calendario. Tiempo habrá tras el último suspiro para quemarnos en el fuego eterno si es que existe.

Pero como decía, dejando atrás lo vivido, lo que ahora nos preocupa es lo que estamos condenados a vivir para bien o para mal y en eso estaremos de acuerdo que lo que tenga que ser será. Una primera mirada entre las nieblas mañaneras de este año que comienza nos deja ver motivos y razones para la esperanza y también no pocas oportunidades para seguir escribiendo la historia con renglones torcidos, que en ocasiones parece haberse convertido en el deporte preferido en los tiempos que vivimos.

Pero la puesta en marcha del proceso de vacunación es como la luz que parece anunciar el final de este túnel siniestro por el que hace ya meses que transitamos muy a nuestro pesar. Y es verdad que esta posible solución del mayor de nuestros males presentes se puede estar convirtiendo en un problema por cuanto son muchos los que pierden su tiempo deshojando la margarita de la vacunación, cosa que para mí está resuelta por cuanto hace ya tiempo que la margarita dijo sí.

Y la política vivirá también su particular Panta Rei aunque se intente, como contara Giuseppe Lampedusa en El Gatopardo, que todo cambie para que todo siga igual en un ejercicio reiterado de trilerismo. Pero muy a su pesar la llegada del nuevo presidente americano puede inclinar la balanza de la política mundial hacia la sensatez y Europa como proyecto común sobrevivirá al capricho neoimperial del Brexit. En nuestro país, Sánchez deberá continuar surfeando las aguas mansas del Gobierno de coalición que tiende a embravecer el sentido ególatra del poder que parece haberse apoderado en los últimos tiempos de la práctica política e institucional de sus socios. En Cataluña, Salvador Illa librará una vez más la batalla de la sensatez ante el despropósito independentista, noble tarea donde las haya, y en Andalucía Moreno seguirá disfrutando en esa ociosidad agradable que los italianos, maestros de la lógica semántica, definieron como el dolce far niente. Y en mi pueblo nos seguirán invitando a salir de casa casi de madrugada para arrojar nuestro pasado a esa hoguera que ajusta cuentas con lo vivido ignorando que, como afirmaba el filósofo y poeta Ruiz de Santeyana, quien olvida su historia está condenado a repetirla, pero Facebook bien vale una foto.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído