Écija y Dos Hermanas, los pueblos sevillanos que más contagios suben en los últimos dos días.
Écija y Dos Hermanas, los pueblos sevillanos que más contagios suben en los últimos dos días.

Pareciera por lo que oímos y vemos que el amor hubiera cedido terreno frente al odio en estos tiempos que corren y donde el Covid se ha convertido en el hilo argumental de nuestra convivencia diaria. Vivimos tiempos en los que se nos nota que tenemos los nervios a flor de piel y que como consecuencia de ello nos resulta más fácil odiar que amar. Andamos desesperadamente a la búsqueda de alguien a quien culpar de nuestras propias frustraciones vitales, de nuestro déficit agudo de felicidad y de nuestra intima rebelión contra nosotros mismos y nuestros proyectos arrebatados por algo tan minúsculo como mortífero.

  La búsqueda del culpable ajeno de nuestras desgracias es el deporte al que nos entregamos cada día desde primera hora y lo hacemos con toda la energía y constancia de la que somos capaces. Cuando no tenemos a mano un político, da igual su ideología, al que culpar de nuestra ruina anímica tiramos de catálogo y rápidamente encontramos un médico, un científico o incluso nos vale el medio de comunicación al que nunca hemos soportado antes y durante esta pandemia vital que nos asola. Lo importante es que antes del mediodía nuestro depósito de malestar interno haya agotado hasta la última gota porque mañana será otro día y ya encontraremos alguien a quien culpar.

  Hemos pasado de ser una sociedad reivindicativa a ser un colectivo social quejica con todo lo que ello supone de pérdida de los valores que siempre nos han caracterizado como una sociedad libre y democrática, y por arte y magia del virus hemos sufrido una profunda y preocupante metamorfosis  en la forma de entender la convivencia social. Por desgracia no somos mejores, como algunos teóricos habían predicho, y no sé tampoco si lo seremos cuando hayamos encontrado soluciones definitivas en la lucha contra la enfermedad. Por ahora lo que se puede constatar es que el miedo a lo desconocido se ha instalado profundamente en el inconsciente colectivo y amenaza con llevarse por delante cualquier tiempo pasado y su forma de entender la vida.

  Esta misma tarde, sin pretenderlo, escuchaba en una terraza una conversación entre dos chicos jóvenes sobre el Covid y su forma de afrontarlo mientras tomaban un café. El primero de ellos le decía al otro: “tío hay que tomar más cubatas porque el alcohol dicen que mata al bicho”, y el otro le respondía: “y dicen que la nicotina también, así que el tabaco es bueno para matarlo”, lo de la mascarilla, la distancia social y la higiene de manos permanente debía parecerles cosa de viejos. Ante tal despliegue de conocimiento científico pensé que la sensatez va perdiendo la batalla y que quizás por eso resulte más fácil odiar en tiempos del Covid.

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