Desde la conmoción que le supuso asistir a Homenaje a los malditos, David Eloy Rodríguez, escritor, poeta y editor cacereño, confiesa que no se ha perdido ni uno solo de los trabajos de La Zaranda, compañía teatral andaluza Premio Nacional de Teatro y una de las más antiguas de Europa. "Sentirse fervoroso admirador de la cofradía de La Zaranda tiene una ventaja y un inconveniente: ya no puedes volver a ver teatro de otra manera”.
Sostener eso es lo mismo que decir que el editor afincado en Sevilla no se ha perdido ni uno solo de los últimos textos de Eusebio Calonge, autor jerezano y dramaturgo de cabecera de la compañía fundada en Jerez hace casi medio siglo.
Ahora David Eloy Rodríguez, desde su editorial Libros de la Herida, ha tenido la oportunidad de publicar a Calonge, a través de una antología con algún texto inédito de la serie que el autor fue publicando en los inicios de lavozdelsur.es bajo el título El censo de los olvidados. Editado el pasado año, El censo de los proscritos se ha presentado esta semana en Sevilla y en la Biblioteca Provincial de Cádiz. Dos actos que han reunido a editor y escritor en torno a una selección de esas esquirlas de artistas de los que podrían llamarse de culto o malditos.
"Quien se tope con este libro no solo redescubrirá retazos de vida de personas insospechadas, experiencias alucinadas, trágicos sinos de artistas increíbles. Diamantes que andaban sepultados por las cenizas del olvido. Quien acuda a este censo se dará de bruces, además, con una somera síntesis del universo poético de Eusebio Calonge”, ha citado David Eloy Rodríguez, aludiendo al prólogo de un libro que firma quien suscribe esta pieza, Paco Sánchez Múgica.

Orígenes de un libro: 46 mártires del arte
El origen de este libro, ha rememorado el editor, "se sitúa en una colección de artículos que el autor fue publicando en lavozdelsur.es. Un medio digital que cuando aparecieron estos artículos recién empezaba y que aún continúa, y que recomiendo vivamente, con una perspectiva muy crítica y muy original sobre la actualidad".
"Aquí —ha proseguido— estaba publicando una serie que, sin mucha más explicación, uno iba deduciendo que era efectivamente un homenaje a figuras de referencia para él. Pero lo hacía desde la técnica de la literatura, desde el relato, el microrrelato, desde la inmersión en esa vida a partir, por ejemplo, de un instante de esa vida o a partir de monólogos o cartas de esos personajes. Recuerdo la emoción hasta las entrañas por un agradecimiento sincero, auténtico, profundo a figuras que merecían ser rescatadas del olvido. Entonces, le propusimos al autor recopilar la colección, ponerla al día, actualizarla aquí años después, con algún añadido que la completara, y aquí la tenemos".

En la selección, como ha afirmado David Eloy Rodríguez, van a descubrir a artistas que "se van a quedar a vivir en sus vidas y de los que van a querer saberlo todo": Martín Ramírez, la Tía Sandalia, Tío Borrico, Diane Arbus, Lili Boulanger, Carlos Morla Lynch, Antonio Porchia, María Blanchard, Juan de la Zaranda... Cuarenta y seis mártires del arte bendecidos por la gracia y de obra eternamente inspiradora para el propio Calonge y para cualquiera que se acerque a ellos para descubrirlos o redescubrirlos.
Calonge, entrando ya en harina, ha recordado que estos textos "nacieron sin la pretensión de ser libro, ni siquiera de ser impresos, solo con el objetivo de abrir un poco la curiosidad de artistas que a mí me habían podido emocionar". "Creo que el único nexo de unión que hay entre todos ellos es la emoción que esas obras han supuesto. Como uno tiene esa malformación de oficio, y si un pintor ve una parte de un paisaje pictórico es eso lo que lleva al lienzo, uno como dramaturgo lleva cierta situación en las biografías de estos personajes que normalmente se resumen a unos datos bastante esquemáticos. Y a partir de ahí, crea una situación; desde esas memorias crea una situación que está más en consonancia con la imaginación muchas veces que con la veracidad, una veracidad que me preocupó poco en cierto sentido".
Tía Sandalia y Martín Ramírez, artistas que nunca tuvieron interés en la estética
Cuando Calonge vio ya la selección en forma de libro impreso, comprobó que los paisajes sobre los que asentaba la acción de estos artistas-personajes "eran paisajes por los que yo había ya pasado, absolutamente por todos". "Recuerdo la Tía Sandalia, que estando en un pueblo de La Mancha, en Villacañas, alguien me dijo: ¿Y no conoces la casa de Tía Sandalia?. Y yo dije: "¿Qué es la casa de Tía Sandalia?". Y fue verdaderamente… cuando entré la conmoción fue tremenda, porque era una mujer analfabeta que, a la muerte de su hijo, se había dedicado a llenar la casa de frescos de pintura religiosa que ella misma hacía, con brochas que se fabricaba con temple, con el material más rudimentario del mundo.
O el caso de Martín Ramírez, que era alguien detenido por la policía en California, que entra en un psiquiátrico donde pasa el resto de su vida, que se negó a hablar ya para siempre, pero que, en cambio, comenzó a dibujar sobre cualquier material, con cualquier cosa. Artistas que nunca tuvieron ningún interés en la estética, pero también la fascinación por los espacios que ocuparon, que es algo también muy teatral".
Y luego en el libro, ha abundado, "hay otro tipo de artistas con los que siento una afinidad mucho más íntima, porque fue gente que compartió mis días, muy querida por mí: está Juan de La Zaranda, está el inolvidable amigo Joaquín Terán, está Pepe Risi, Alberto Icaza... Hay gente que cruzó mi vida y que fueron maestros para mí también importantes. Fue gente que me enseñó lo poco que pueda saber. Gente muy importante, grandes músicos del barroco, del jazz, de la música latina, que han dejado eco en mí, que me considero una persona muy ecléctica en los gustos y que solo pone el baremo de la emoción, no sensiblera, sino jonda; artistas que tienen salida en la propia obra, en la imagen; no tiene por qué ser la obra literaria escrita del dramaturgo, sino en las imágenes que accionan las palabras".
En este caso, "más que la biografía o el dato de la tragedia, de lo escabroso de estas vidas, lo que quería era transmitir cómo sonaba la trompeta de Chet Baker, que sin ser un gran trompetista tenía un modo único de tocar y de tocar el alma. Como siempre, la escucha de la música, de los textos, de las pinturas o de los paisajes". 46 personajes que, a diferencia del texto pirandelliano, ahora ya tienen al fin autor que les escriba y, sobre todo, les recuerde. Entre las ortigas y la nube de tierra que emana desde lo profundo del metal de la garganta de Tío Borrico, otro de esos genios olvidados que ahora descansan en las páginas de este censo de Calonge. Una relación de "fantasmas tangibles", "heridas abiertas por sondear para que la obra permanezca".


