¿La paz es una quimera?

¿Qué harían los millones de personas que sostienen ese "no a la guerra" si estuvieran en el lugar de las élites que protagonizan e inician las guerras?

08 de marzo de 2026 a las 09:15h
Bombardeo durante la guerra de Oriente Medio.
Bombardeo durante la guerra de Oriente Medio.

Tendré que escribir sobre el follón de la guerra, no hago más que recibir mensajes emocionales: “No a la guerra”. ¿Con qué debo escribir estas líneas?, ¿con mi mente o con mi corazón? Con mi corazón ya está todo dicho: “No a la guerra”. Sin embargo, mi encrucijada personal e intelectual comenzó hace décadas cuando constaté -pensando por mí mismo- que en casi todos los grandes avances humanos la violencia y la guerra han estado detrás. Por ahora, esta es la realidad, el problema, y un problema sólo empieza a resolverse cuando se acepta su existencia y se aborda con decisión.

España no participó en ninguna de las dos guerras mundiales. En la segunda, Alemania, la Alemania de la “solución final” nazi contra los judíos, fue derrotada junto con su servidora, Italia, y a su aliada Japón le cayeron dos bombas atómicas. Hoy, tanto Alemania como Italia, como Japón, como todas las naciones vencedoras son más relevantes que España a nivel mundial. Se diría que, en términos históricos, no es rentable dejar de matarse o alejarse de la muerte. Mirado así, el “no a la guerra” parece una quimera mística.

Por tanto, desde esa mística esperanzadora, habrá que seguir diciendo “no a la guerra”, pero la pregunta es la siguiente, entre otras: ¿qué harían los millones de personas que sostienen ese “no a la guerra” si estuvieran en el lugar de las élites que protagonizan e inician las guerras? Porque hablar desde la barrera, agarrar una bandera y marcharse a dar gritos por ahí lo hace cualquiera. En otras palabras, no es lo mismo predicar que dar trigo, no es lo mismo exclamar “olé” que tener que matar al toro de la existencia.

El neurocientífico Antonio Damasio ha escrito en su libro Y el cerebro creó al hombre: “¿Importa para nuestras vidas saber cómo funciona el cerebro? Creo que importa, y mucho, tanto más si aparte de conocer lo que actualmente somos, nos preocupamos por aquello que podemos llegar a ser”. Y también: “La conciencia surge dentro de la historia de la regulación biológica, que es un proceso dinámico conocido con el nombre de homeostasis”. Una bacteria o una simple ameba, “aunque no tienen un cerebro, son capaces de mostrar un comportamiento adaptativo”.

¿Qué significa todo esto en el fondo? Estamos ante el afán egoísta de durar y de sobrevivir que es el motor de los seres vivos. Y en esa dinámica también se hallan, por supuesto, los seres humanos. Estados Unidos e Israel persiguen sobrevivir y para eso -como Rusia- han atacado y están machacando a quienes creen que son un obstáculo para su supervivencia. El asunto les puede salir bien o mal porque los atacados y masacrados pugnan por la vida, igualmente.

“La marcha del proceso de la mente -indica Damasio- no termina con la aparición de los modestos niveles de sí mismo. A lo largo de toda la evolución de los mamíferos y, en especial, de los primates, la mente fue cobrando cada vez más complejidad, la memoria y el razonamiento se expandieron de forma muy particular, y los procesos del sí mismo ampliaron su campo de acción”. En buena parte, ¿por qué se produjo lo anterior? Entre otras causas, por motivos genéticos. El paso del homínido al homo supone una alteración genética (por ejemplo, en el gen MYH16 del cromosoma 7). Nada extraño, Damasio afirma: “Cada día aumenta el número de pruebas que indican que a lo largo de múltiples generaciones los avances culturales ocasionan cambios en el genoma”.

¿Ha evolucionado mucho el cerebro humano como para no estar matándonos a causa de elementos externos -petróleo, tierras raras, creencias, etc.- en lugar de estar sentados dialogando como piden muchas personas? ¿Se sentarían ellas a dialogar si estuvieran arriba, muy arriba? ¿Nunca han tenido ustedes delante a alguien a quien termina uno por considerar imposible para el diálogo porque existe una obcecación producida por la necesidad de no desprenderse de sus emociones, porque padece una alteración psíquica o simplemente porque no desea bajarse del burro de sus principios? Pueden mandarla a paseo pero si hacen eso es seguro que de ella no depende o depende muy poco la supervivencia de ustedes.

La Premio Nobel de neurociencia Rita Levi-Montalcini -judía ella, que murió en 2012, lúcida, a los 103 años- declaró en cierta ocasión a la revista Muy Interesante: "El cerebro tiene dos hemisferios, uno arcaico que gobierna nuestros instintos y emociones y otro más joven en el que reside nuestra capacidad de razonar. Hoy el arcaico domina y es la causa de todas las tragedias que ocurren, como el Holocausto”.

Añade Levi-Montalcini: “La culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente".

Yo creo en esta genial mujer y veo las guerras de esa manera: como el resultado de un cerebro éticamente descerebrado que no logra que su parte racional sea la dominante, por ahora. Eso afecta a la totalidad de los humanos, pero tenemos la desgracia de ser gobernados por personas que están poseídas por cerebros no sólo primitivos sino atrapados por las circunstancias externas, por las estructuras y los objetos que hemos creado, de forma similar a como, a nivel individual, nos hallamos invadidos internamente por los móviles y las redes sociales. La sociedad de consumo procede de la codicia y de la ambición, no sólo del miedo al otro y de la necesidad de supervivencia. Ahí está la raíz de la guerra. Mejor dicho, la codicia y la ambición son, asimismo, y a un tiempo, elementos de supervivencia y de muerte y es inevitable que choquen con otros seres humanos similares. Estamos ante el dominio de la patología y del infantilismo mental.

Se puede observar también la guerra como parte de nuestra propia evolución. Las culturas más racionales se imponen o tratan de imponerse a las más emocionales. Sería una interpretación abstracta y simple que sin embargo explicaría algo las causas de los conflictos. Desde luego, terminar con el régimen de Irán y similares es un avance de la Humanidad a pesar de que, en profundidad, no se termine con él por razón de sus atropellos contra la ciudadanía sino por la supervivencia de los agresores que es la verdadera razón por la que EEUU e Israel han atacado, defendidos en mayor o menor medida por sus “discípulos” internacionales.

Lo mismo busca Pedro Sánchez: sobrevivir en La Moncloa colocándose sólo una pequeña parte del traje de disidente, debe despertar a los pacifistas-progresistas, tiene elecciones el año que viene y si le caen por casualidad unos drones o misiles encima de Rota y de Morón y matan gente a ver cómo lo justifica ante los votantes. Y cómo lo justificarán PP y Vox. ¡Los muertos occidentales y sobre todo los de USA valen mucho más que los otros!

Todos buscan supervivencia: Sánchez la consolidación en su poltrona; las derechas, succionándole el trasero al cortijero Donald Trump, parecen sus capataces hasta que caen en la cuenta de que se están pasando en la adoración. Y los pacifistas entregados a esa fácil dinámica del “no a la guerra” que es igual a decir no a complicarme la vida y sí a la comodidad de estar contra la guerra y contra el pecado desde el sillón de mi casa. ¡Qué fácil sería todo si la existencia fuera así!

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