El botellódromo de Jerez, junto al parque González Hontoria, en una imagen de archivo.
El botellódromo de Jerez, junto al parque González Hontoria, en una imagen de archivo.

Cuando un gag te funciona es muy difícil desprenderte de él. ¿Cuántas veces hemos visto en la tele a Gila preguntar por el enemigo o decirle a la portera “señora Julia, que ya he nacido”? Pues eso es lo que nos ocurre en Confesiones con Bogart y Bergman en Casablanca. “El mundo se derrumba y nosotros…”, nosotros nos vamos de botellón.

Fíjense que seguro que había cosas que hacer ayer por la noche, un martes casi de verano en Jerez (ir a una terraza a tomar caracoles probando así nuevos usos para la mascarilla, ver Cachitos en la tele…), pero no, hay gente que nunca cambia, gente totalmente “ajena a las modas que vienen y van”. Ya notaba yo un poco más de run run del habitual en la plaza cercana a donde vivo, run run que se materializó ya metida la noche en unas cuantas rondas. El mundo se derrumba y volvemos a los viejos hábitos. Hombre al fin y al cabo antiguo, de bares, a mí el botellón siempre me ha parecido una práctica tirando a bochornosa pero, como el liberalismo o la guerrilla, hay que reconocer que son palabras y prácticas de origen español que hemos exportado al mundo, así que habrá que apuntarlo en el habe patrio: nuestro particular I+D+I.

Ya sé que hay mucho botellonero al que podríamos calificar como finalista, de los que luego ni van a los bares o las discotecas, pero otros si van, aunque entren a las dos o las tres de la mañana “durazos y pichangueros”, como decía Jaime Baily. Lo digo porque como parece que el personal se va soltando con esto de la desescalada hacia una nueva normalidad (o como se diga) a ver si van a volver los tiempos del “algo tendrán que hacer los chavales” por parte de las autoridades, máxime si los locales nocturnos permanecen cerrados o vuelven con enormes (como cabe suponer) limitaciones de aforo. Ah, por cierto, y todo ello debidamente adobado con que mucho personal tiene en la cabeza que le han dado cuatro meses de vacaciones –oye, que lo mismo- y no me refiero solo a los alumnos.

A todo esto, el ruido del botellón –que a ver, en honor a la verdad debo decir que era menor, este es un artículo de corte, digamos, preventivo- coincidió con la aparición del lazo negro en una esquina de la pantalla de la tele durante Cachitos, supongo que durante una actuación de María Dolores Vargas, la Terremoto (lo digo más que nada porque sale en todos los programas, hasta el punto de que ellos mismos bromean con el hecho). ¿Por qué el luto desde hoy en concreto y no antes o después? Ya sé que es después de que se aprobara, pero ahora… Si contamos desde el primer sábado de confinamiento creo que son 74 días, número que no dice nada, pero si buscáramos una cifra redonda contando muertos –perdón, qué desagradable puedo llegar a ser… si contáramos gente que se ha ido, quería decir- pues es que claro, si le quitas 2.000 y luego le sumas casi 300 a más de 28.000… y Cataluña aflora 600 de golpe y espérate que van los del día pero aún falta Madrid, y a ver qué haces con los 4.000 ó 5.000 mayores que se da por hecho que murieron de pero que al no habérseles hecho la prueba pues no los cuentas… Total, imposible en España hacer una portada como la que el domingo se marcó el New York Times con los (casi) 100.000 muertos de EEUU, que aunque por ahora no haya conseguido cargarse a Donald Trump, tal y como quería, sigue haciendo cosas que justifican por qué está considerado por muchos como el mejor periódico del mundo…

Pues bien, cogemos carrerilla y seguimos hablando de periodismo en La Pandemia, al día, ese magazine que hoy, por seguir en clave americana, podría ser presentado por Ophra. Dos de nuestros columnistas favoritos (bueno, uno más que otro) se meten con otros medios. Aunque puedan no estar de acuerdo, léanlos porque son amenos y orientativos. En primer lugar, Soto Ivars en El Confidencial carga contra el digital que ha alumbrado Podemos. “Tenemos que hablar de La Última Hora, el OK Diario de Podemos”, se llama el artículo y, efectivamente, es como una pelea en barro (por cierto, leí el artículo sobre las 9 de la mañana, son las 11:30 y nadie ha caído en los comentarios en que debe haber un problema con la cita que hace el autor de un artículo de Lenin en Pravda. En 1932, la fecha que se indica, Lenin llevaba ocho años muerto… perdón, quiero decir que hacía ocho años que se había ido. Si el artículo de marras es una reedición, una nevera o un incunable, eso ya…). Y damos paso al siempre chispeante Cristian Campos con su artículo en El Español “El periodismo del 99%”, repartiendo leña (en este caso por la izquierda) a los que confunden medios afines con gabinetes de prensa. Nos vamos con una cita que acabo de leer en El Coloso de Marusi, único libro de Henry Miller que se puede leer perfectamente con las dos manos. Dice así: “los periódicos engendran mentiras, odio, avaricia, envidia, sospecha, miedo, malicia. No necesitamos la verdad tal y como nos la sirven los diarios”. Y es 1941…

Qué bueno es leer cosas de gente con la que no compartes ideas. Qué necio quien no disfrute, por ejemplo, de Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Celine, el colaboracionista…

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