Un entrenamiento durante la pandemia. FOTO: ATLÉTICO DE MADRID
Un entrenamiento durante la pandemia. FOTO: ATLÉTICO DE MADRID

Hasta ahora habíamos evitado hablar de fútbol en las Confesiones. Me consta que algunos lectores querían ver en ello una especie de guiño, de respeto hacia su supuesta intelectualidad. En realidad no era así… si hemos mantenido este tema en silencio es porque no disponíamos de elementos objetivos para hablar del fútbol en la falsamente llamada nueva normalidad. Eso hasta ahora, porque viendo así por encima un partido de la recién reanudada liga alemana -detalle arriba, detalle abajo- ya se puede hacer alguna reflexión sobre cómo será el futbol pandemita en España.

Bien, el nuevo fútbol en Alemania se parece bastante al habitual, es decir, once contra once con camisetas distintas y siempre gana el Bayern. El equipo de Munich estaba haciendo una liga regulera pero se ha venido arriba, demostrando ser un equipo pandemita, dispuesto a jugar y a ganar en la pandemia…

Pero lavozdelsur.es no nos cede gentilmente este espacio para que hablemos de Lewandowski, Neuer y amigos, sino del evidente descenso en el interés que levantan estos partidos por el hecho de que se juegan a puerta cerrada. No hay público en las gradas más allá de los jugadores suplentes, equipo técnico, operarios de cámara y los trabajadores imprescindibles del club que juega como local. Incluso el número de periodistas es muy restringido. Con ser duro para los jugadores mentalizarse en esas condiciones, al final el problema está en que la falta de público devalúa el conjunto del espectáculo. Y eso se puede traducir al final en dinero. Ver un partido por tv no es lo mismo que verlo en el estadio, pero ver un partido por tv sin público en el estadio sitúa la emoción e interés por el espectáculo otro par de escalones por debajo. El fútbol pandemita es así...

Se puede leer en distintos medios, como El País, que en las retransmisiones de la liga española -que vuelve si no hay nuevos problemas el 11 de junio- se quiere poner sonido ambiente grabado de partidos anteriores. Se trataría de que cuando haya gol lo canten 50.000 voces a través de los megáfonos –cabe suponer que solo cuando el gol sea del equipo de casa-; se oiga un ¡uy! generalizado cuando se produzca, digamos, un poste, y ruido de cabreo (sin insultos) cuando haya una entrada fea. Y se anime, por supuesto. Lo que no está claro por ahora es qué ocurrirá cuando haya un error arbitral –o una jugada simplemente susceptible de serlo-, si pondrán también protestas y, esta vez sí, con su buena ración de insultos. La televisión manda en el fútbol y en casi todo el deporte profesional y con esta medida se trata, lógicamente, de poner emoción donde apenas la hay, en convertir en espectáculo lo que sin público sería/es/va a ser un solteros vs casados de superdotados, pero ya. El problema es que, como es sabido de todos, de lo sublime a lo ridículo hay solo un paso, así que habrá que ver este invento impostado y si, efectivamente, como muchos nos tememos, la animación resultante y sus efectos son consecuencia de la pandemia, pero por el lado de la salud, de lo mal que nos está sentando esta situación a todos…

Personalmente, la verdad, pienso que el espectáculo va a estar más en el turbofútbol que va a suponer la celebración de las once jornadas que quedan en poco más de un mes. La temporada que viene ya…

La resolución del baloncesto va a estar más concentrado aún, incluso en el sitio, mientras que otros deportes que son del gusto de este cronista, caso del ciclismo o el rugby, pues ya me dirán el panorama... No sé si han visto el vídeo-broma que pulula por whatsapp de placajes virtuales, etc, que da risa, porque de algo te tienes que reír…

Y así damos paso a Marca, digo a La Pandemia, al día, su magazine de prensa que hoy podría perfectamente ser dirigido por Josep. Dejemos de lado los deportes y concentrémonos en otros aspectos de la pandemia y de la política en tiempos de pandemia. Después de leer su artículo en Voz Populi, animamos a Miquel Giménez a que novele la vida de su padre. “Hijos de nuestros padres” está muy bien, desde luego, pero mejor estaría que Pablo Iglesias escribiera un Hijos de nuestros padres II, sería una foto completa. Interesante enfoque –aunque no lo comparto- el de Eduardo Maura en su artículo publicado en ctxt bajo el título “La democracia y los hijos del terrorismo”. Por último, varios medios se hacen eco de un artículo sobre las tribulaciones (entiéndase dinero en Suiza, amantes, etc) del Rey Juan Carlos aparecido en Le Monde

Buena literatura y fútbol no son en absoluto excluyentes… ahí van dos pequeñas recomendaciones: El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano, y Fiebre en las gradas, de Nick Hornby.

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