Ignatius Reilly.
Ignatius Reilly.

A veces no puedo evitar comportarme como Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios. A ver, es cierto que no como habitualmente salchichas ni padezco de aerofagia ni me veo encabezando su seminal “Cruzada por la Dignidad Mora”, pero sí soy partidario de un mundo con un poco más de “Teología y Geometría”, sea esa suma lo que sea. En realidad me refiero a que, como Ignatius, soy un comentarista oral de lo que veo por televisión y, como él, siempre es en términos amplificados y negativos.

Cuidado, no tengo nada en contra (ni a favor) de la televisión, pero cuando programan o informan de algo que me parece desagradable no tengo problema alguno en expresarlo en voz alta cuando estoy acompañado (debería fijarme si ahora lo hago también cuando estoy solo: si es así, lo pondré en el ‘debe’ del confinamiento) y lo hago en términos habitualmente maximalistas, así que verbos como “aullar” o “atronar”, que suele aplicar John Kennedy Toole a su personaje Ignatius cuando le pone a ver la televisión, se pueden aplicar perfectamente al modo de lanzar improperios que practico cuando lo que están poniendo me parece vomitivo (en lo social), indecente (en lo político) o directamente una tomadura de pelo. Y ya digo que me pasa solo con la tele; como es lógico todos los días leo o escucho noticias que me producen el mismo rechazo, pero lo suelo dejar en lo que entiendo que es una leve sonrisa y un ligero movimiento lateral de cabeza.

Ahora que vivimos en la pandemia, creo que este comportamiento no solo no debe reprimirse, sino que apuesto por que se generalice y animo a todos los pandemitas a que “aúllen” y “atronen” contra todo lo que les parezca una tomadura de pelo, cuando tengan la certeza de que los medios de comunicación están deliberadamente vendiéndoles mercancía en mal estado. Les voy a poner un ejemplo de hará dos o tres días. La presentadora de TVE empieza una noticia del Telediario hablando de que si los niños durante el confinamiento esto y lo otro, que si han podido aprovechar el tiempo con la lectura –al borde ya de la paparrucha esa de que el mundo será mejor— y empiezo a ‘bienpensar’ que, hombre, que a ver si nos va a contar que a alguien le ha dado por hacer algo para que la infancia lea El Quijote (vale, adaptado) más allá del Día del Libro o, a lo mejor es algo de El lazarillo de Tormes o así, pero qué va… todos esos rodeos eran para terminar hablando de J.K. Rowling que, no contenta con todos los Harry Potter, está publicando ahora no sé qué leche que se puede leer de no sé qué manera en internet… 

Tuve que “atronar”, claro, porque es que sencillamente no tenemos solución. Así no vamos a ningún sitio. Pretenden seguir con el atraco durante la pandemia y no te digo en cuanto acabe: cuando no es al bolsillo es a la inteligencia. Hace mucho eché un vistazo al primer ‘Potter’ para confirmar que era lo que mi abuela llamaba ‘una papirolá’ (que supongo que vendría de ‘pampirolada’: cosa necia o insustancial). Y ojo, que cada uno es muy libre de gastarse su dinero en lo que le parezca, aquí lo que se cuestiona es la idoneidad de dar eso como noticia… Bueno, no del todo. Como en una edición anterior de Confesiones, les remitimos de nuevo a Harold Bloom, el autor de El canon occidental y tal vez el crítico literario más prestigioso del mundo anglosajón, recientemente fallecido, que tras ser preguntado por un periodista por el libro y responderle que no le gustaba nada de nada insistió –el periodista- diciendo que siempre será mejor que los niños lean Harry Potter que nada, a lo que Bloom le respondió que no, que era preferible no leer nada en absoluto a leer Harry Potter, que qué manía con que la gente lea obligatoriamente. Harold Bloom, otro tipo, por cierto, que también tuvo un día serios problemas con el amontillado… 

Y así damos paso ya a La Pandemia, al día, un magazine de prensa que hoy podría ser presentado por Fernando. Empezamos por Juan Ramón Rallo, en El Confidencial, que en “Lo que Echenique no contó a The Guardian” hace un contrapunto a una entrevista concedida por el dirigente de Podemos al rotativo británico. Si se puede, mejor leer artículo y entrevista, claro. Es muy difícil no acudir a nuestra cita con Miquel Giménez en Vozpópuli, que en “Cuando no te gustan el turismo ni los coches” baja a la arena con el tema de Nissan en Barcelona (hay que conocer antes la foto que subió Ada Colau hace días a Twitter en un, digamos, extraño escorzo para comprender todo el artículo, imagen perfectamente disponible). Por último, nos vamos con el estupendo serial en CTXT de Fernando Mahía “¿Y si vemos San Francisco morir desde la 306?”, sobre tiempos de pandemia en la ciudad americana tolerante por excelencia…

‘Aullar’, San Francisco… no se nos pueden ir estas Confesiones sin citar a Allen Ginsberg, el poeta beatnik que unió para siempre estas dos palabras…

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