Alejandro Sanz, en una imagen subida a su Facebook personal.
Alejandro Sanz, en una imagen subida a su Facebook personal.

Qué días estos. Ya leo que hay sitios en los que la gente de los balcones se está empezando a cansar de la gente de los… de los balcones. Con eso de amenizar el confinamiento, hay gente que no tiene medida. Una cosa es que salga un señor orondo y cante un aria de ópera (reciba los aplausos y ya) o que alguien mañoso se marque el Cadillac de Loquillo… reciba los aplausos y ya, y otra muy distinta es pensar que entretienes a tus vecinos con dos o tres horas de reguetón (o como se escriba) a toda hostia. En mi bloque, afortunadamente, por ahora no hay materia para quejarse, aunque ayer hubo una buena sesión de Carnaval de Cádiz, que bueno, que vale, que qué ‘bastinaso’.

Mi madre, que nació en plena guerra y nunca ha estado para tonterías, lo vio claro desde el primer día de su confinamiento en Madrid. “Mira, hijo, salir a aplaudir a los sanitarios, por supuesto… ahora, que a la primera que unos gilipollas se pusieron a tirar cohetes… ya estoy yo en mi casa y con la persiana echada”. Pues claro que sí, mamá, esa es la actitud. Otro ejemplo: Alejandro Sanz sube –o retransmite, no recuerdo- una canción que al parecer improvisa. Ja, ja, ja. Para mearse. Volvemos al principio. Te lo voy a decir para que lo entiendas: esto ya está siendo suficientemente duro, Alejandro…

Mientras, ahí siguen los ‘todólogos’ erre que erre en tertulias que estos días se hacen más insoportables que nunca –anoche le dieron el timón del coronavirus a Jorge Javier Vázquez en Telecinco… a los directivos de esta cadena habría que hacerles la prueba, pero la de alcoholemia-, diciendo todo tipo de soplapolleces como que esto “saca lo mejor de nosotros” (también lo dice el presidente Pedro) y patatín patatán para tener a la gente adocenada además de enclaustrada. Miren, llegará la vacuna para el coronavirus, llegarán vacunas para futuras epidemias, pero tengan en cuenta que nunca, nunca llegará una vacuna para la idiocia. Ni tiene ni tendrá cura. Y en España, sencillamente, no se cabe. De idiotas. He leído estos días algunos artículos en lavozdelsur.es en los que se veía el futuro que vendrá después de la pandemia como una oportunidad para crear un mundo más justo y mejor.

No voy a entrar a criticar, pero debo decir que no soy nada optimista y que veo al personal con más ganas de conflicto que de acuerdo. Y esto solo hablando de política, no de términos económicos y sociales, que ahí pienso que cosas que ahora mismo consideraríamos distópicas dentro de poco serán normales (y que probablemente la sociedad acepte incluso mayoritariamente de buen grado, como ha hecho cediendo todos sus datos, gustos y emociones a cambio de que le dejen seguir poniendo gratis en las redes sociales ‘profundas’ citas de Paulo Coelho; gatos haciendo el gato; lo gordo que está uno sin sospechar la mofa y befa que causa en sus cuñados y compañeros de trabajo; lo que va a comer ese día –increíble, alguien que come- o el nuevo vestidito que una empresa le paga a alguien ya rico y famoso y al que a su vez millones de majaderos con sus ‘likes’ siguen haciendo más y más rico y famoso. Eso por no hablar de los controles en nombre del terrorismo o el narcotráfico o de gestiones en Administraciones doble y triplicadas: venga datos y datos, todo por “nuestro bien”, ya saben).

Pero bueno, nos estamos poniendo un pelín apocalípticos y en un tono un tanto bronco, que no es el habitual en esta sección. Para suavizar, ahí va una pequeña Confesión: creo que el sábado 21 ha sido el primer sábado que no salgo en decenas de años. Ya sé que en general llevo una vida un tanto despreocupada, casi post-adolescente, pero es que casi me viene a la mente la mili. Joder, no puede ser. He debido estar malo o algo parecido algún sábado, o alguna vez, no sé… cuando hacía periódicos en papel he debido, agotado y maltrecho psicológicamente –a eso y a no otra cosa lleva el periodismo como yo lo entiendo- he debido, digo, tirar para casa sin echar un trago, pero de verdad que no caigo. Y como dice esa cancioncilla (para que vean las generaciones más jóvenes que estoy con ellas) “si no me acuerdo, no pasó”, ja, ja, ja.

Por supuesto, me he lavado diez o doce veces las manos. Hoy en el sexto lavado me ha salido “Juego de la pelota”, “jacobinos” y “Robespierre”…, cuando estudié Periodismo, la Revolución Francesa y la Revolución Americana daban para más de un mes, con lo que allá va otro notable, éste en Historia Contemporánea, puesto en entredicho. Como esto de las manos empieza a cansar, creo que va llegando el momento de hablar de las piernas de María Ayuso (apellido figurado, muy parecido, pero figurado). ¿Nunca les he hablado de las piernas de Ayuso? Es que me empieza a parecer que sí, que lo hice en un MARCA ACME, y si lo hice, pondría el apellido real: Ayllón. Bueno, les he engañado todo el tiempo, tampoco se llama María. Ya hablaremos de las ‘posibilidades’ de esas piernas próximamente.

Con la de cosas que ocurrieron ayer y apenas hemos hablado de ellas. Pasa igual con el confinamiento: tanto tiempo para hacer cosas y ¿al final realmente qué haces? Allá va un breve comentario de actualidad antes de despedirnos. En mi barrio, que por lo que suelo ver en las urnas es relativamente conservador, hubo más cacerolada ayer para Pedro y/o Pablo que para Felipe hace unos días. Yo diría que el resultado fue 2-1, aunque con tiro al poste que pudo significar el 3 para Pedro y/o Pablo (en contra). Después del programa de Tv Una hora con Pedro, ya sabemos, además de los datos de consumo de internet durante la semana de confinamiento –es que te tienes que tocar los cojones-, que ahora viene lo más duro –eso ya lo dábamos por supuesto- y que pasará pronto –eso ya…-. A cuidarse y hasta mañana.

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