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Muchos llegan a los 30 y se asustan porque todavía no han encontrado a su “amor ideal” o “amor sincero”. Lamentablemente, la “otra mitad” no existe.

¿Cómo viven los solteros el mes de San Valentín? Planteado así parece que nos encontremos en una revista de prensa rosa. Pero, ya que acabamos de entrar en el mes de febrero, el mes de San Valentín, qué menos que aprovechar para suavizar un poco –tan sólo un poco- la temática que solemos tratar en esta columna. Y qué mejor opción que hablar sobre el amor de pareja, ¿verdad? Aunque el amor no es un tema tan simple ni tan edulcorado como podría parecer. Para muchos, la dicotomía amor-desamor hace girar el mundo. O al menos, su mundo.

¿Pero realmente es el amor lo único importante, o lo más importante? ¿No hay otras cosas? ¿Y a qué nos referimos por amor, exactamente? El amor es tan amplio que no sólo puede pertenecer al ámbito de una relación de pareja. Sin embargo, muchos confunden sentimentalismo con amor, me temo.

Lo sé, lo sé… ya nos estamos poniendo filosóficos. Y en realidad este artículo pretende ser mucho más ligero. Pero eso ya lo juzgarán ustedes cuando lleguemos hasta el final.

Es cierto que ahora está la moda de ser single, independiente, de hacer primar tu individualismo, de disfrutar de múltiples parejas esporádicas. Pero al final, en el fondo, casi todos seguimos añorando encontrar a la supuesta otra mitad. Vemos esta soltería como algo temporal. Aunque alguno habrá que se muera con las botas puestas, aludiendo al sentido de las artes amatorias de una sola noche.

Es imposible encasillar al amor en un solo punto de vista porque cada uno lo vive a su manera. No sólo cada persona es única, sino que cada etapa en la vida de cualquiera también lo es. Así que no vamos a hablar de aquellos que deciden estar solos conscientemente y que están bien así. Tampoco de aquellos que disfrutan de una buena relación de pareja. Ni siquiera de cómo se supone que debe ser este tipo de amor. Hoy hablaremos de un tipo de situación muy concreta, de esa preocupación extrema que veo en muchos, cada vez que llega San Valentín y están solos. Especialmente de esas personas que tienen más de 30 años y a las que oigo hablar y opinar. De ese tabú, de estar soltero, solo, independiente. Sobre todo cuando ya vas alcanzando cierta edad.

Deberíamos entonces plantear nuevamente la pregunta que titula este artículo: ¿Cómo viven San Valentín los solteros que se preocupan por no tener pareja?

Muchos llegan a los 30 y se asustan porque todavía no han encontrado a su “amor ideal”, “amor verdadero” o “amor sincero”. Lamentablemente, la “otra mitad” no existe. ¿Qué pasa, que si una relación nos ha salido defectuosa quiere decir que no hubo sentimientos reales? ¿No nos salió bien el plan y ya no sirve, ya no es amor de verdad? Qué infantil. Podemos vivir una intensa y significativa relación que se haya roto y no encontrar nunca más a otra persona con la que tengamos una relación igual de larga, o igual de profunda. Quizá lleguemos al final de nuestras vidas sin esto. Pero lo hemos vivido, que es lo que importa. ¿Ya por eso no es el amor de nuestra vida? Lo encontraste… pero se acabó. Es así. Incluso aunque encontraras a otro, el anterior tendría derecho a seguir siéndolo, ¿no?

Muchos siguen esperando a esa persona especial incluso pasados los 30, cuando en realidad todas las personas que nos encontramos en nuestra vida nos aportan algo importante. Es imposible que una persona nos lo aporte todo porque somos seres complejos. Depositar todo lo que somos, a nivel vital, en una única relación a lo largo de nuestra vida es muy difícil. No es imposible y por supuesto habrá varios casos. Pero no es lo que suele ocurrir en nuestra sociedad actual.

Hay tantísimas personas que pueden llenarnos, que limitar el amor a una sola –y que todavía ni conocemos- parece un poco incongruente. Creo que sólo podemos saber que una persona es nuestro amor porque hemos llegado a la madurez juntos y hemos conseguido tener una buena relación con ella. Echamos la vista atrás y vemos un montón de años acumulados. Entonces decimos: “Sí, he vivido tantas cosas con esta persona…”. Obviamente en este caso, tu vida ha estado condicionada, para bien, con esta persona a la que has decidido como compañera.

Hablamos de amor sincero, de amor verdadero… pero lo confundimos con dependencia. Estamos toda la vida buscando el amor y cuando llegamos a la treintena nos asustamos porque no hemos encontrado a alguien que justifique nuestra existencia. Como si necesitáramos de alguien para que nuestra vida tuviera sentido. Sobrevaloramos el sexo y la pasión y nos perdemos la vida.

¿No es posible ser feliz sin estar enamorado o sin tener pareja? ¿Seríamos capaces de encontrar disfrute en otras cosas? Puede que ese tiempo en el que estemos solteros comencemos a valorar muchas cosas que ya teníamos y que antes subestimábamos. Que comencemos a sentirnos libres. No hablamos aquí de esa “libertad” de poder ahorrarse las famosas explicaciones. La libertad de la que hablo es más bien esa que deja libre tu mente y tu atención en el presente, no en ese pensamiento persistente dedicado a alguien.

Buscamos el amor pero al final terminamos condicionándonos a él. ¿Es que creemos ingenuamente que nuestra vida se arreglará cuando encontremos el amor? Ni estando en pareja sabremos si ese amor tendrá un buen final o no. Si perdurará o no perdurará.

Si no aprendemos antes a disfrutar de las demás cosas, cuando se acabe la pasión y el enamoramiento, ¿qué compartiremos con nuestra pareja? ¿Y cuando ya estemos secos y no podamos tener sexo? ¿Nos volveremos como todas esas parejas, amargadas y que pagan la frustración día tras día con el otro?

Hay también muchos otros que se resignan en su soledad y tiran la toalla, pero siguen viviendo a medias, desmotivados. La vida no se acaba por estar solo o sola. Ni se debe desperdiciar.

Aunque nuestra sociedad está más avanzada y tiene una mentalidad más abierta, todavía hay muchos prejuicios. Piensan que si una persona está sola es que algún problema debe tener. Si deciden estar sin pareja se las trata como si fueran unas desgraciadas o unas inmaduras que no quieren sentar cabeza o no son capaces de mantener un vínculo duradero.

Pero hay mucha gente en pareja que es inmadura y desgraciada también. Personas que inician una relación sin haber solucionado sus carencias y sus problemas emocionales. Y siguen, ruptura tras ruptura, una monogamia en serie esperando a que sea su príncipe de brillante armadura quien los salve. Pero nadie puede salvarnos de nosotros mismos.

La soltería es importante vivirla, encontrarla… y decidirla. Igual que cuando decidimos el amor. Si nunca aprendemos a vivir a gusto con nosotros mismos… muy difícil será vivir con otro. Hay personas que no han necesitado estar solteras. Pero piensa por un momento… si la soltería se impone en tu vida, por algo será, ¿no?

En vez de llegar a los 30 y preocuparte por no haber encontrado el amor de tu vida… ¿por qué no te preocupas por haber logrado tus sueños personales, tu independencia, tus proyectos? ¿Por haber sido bueno en tu carrera o en tu trabajo? ¿Por haber dado tu máximo potencial y creatividad? ¿Sólo quieres un hombrecito, una mujercita, una casita e hijos…y ya está? Podemos tener suerte y encontrar a alguien que nos haga crecer como personas. Pero nos estamos arriesgando demasiado si contemplamos esta posibilidad como la única.

A la larga sentiremos que nos falta algo, que no nos hemos realizado como individuos más allá de un rol social. Tenemos muchísimo más potencial. Un potencial que si no ignoramos y cultivamos, luego podemos compartir con nuestra futura familia y enriquecerla. Si diseñamos antes el tipo de vida que nos dé la felicidad, será más fácil encontrar una relación adecuada y no basada en la necesidad.

Si hacemos lo que nos hace sentir realizados, probablemente estaremos en el entorno adecuado… y con la gente adecuada. Pero si nos conformamos en los demás aspectos de nuestras vidas y centramos nuestra energía en encontrar el amor –y esto requiere más del 80%- estaremos desperdiciando todo lo demás. ¿Y si luego no se cumplen nuestras expectativas? Las cosas NUNCA son como las imaginamos. Especialmente cuando depende de otras personas. Pero cuando dependen sólo de nosotros, podemos hacer lo que queramos y llegar hasta donde queramos.

Así pues… si eres de esas personas solteras que ha sobrepasado los 30 y siente la presión de la sociedad y sobre todo, de ti mismo, no te asustes. ¡Asústate si tienes 30 y no sabes quién eres ni qué te gusta! De si has dado el 50% en otras áreas de tu vida que son de tu responsabilidad.

El amor ideal no existe. Pero la vida a nuestro gusto sí es más factible. 

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