Cinco años de los atentados de Charlie Hebdo, ¿todavía existe la libertad de blasfemia en Occidente?

Un ciudadano observa una colección de portadas en apoyo a Charlie Hebdo, en una imagen de archivo.
Un ciudadano observa una colección de portadas en apoyo a Charlie Hebdo, en una imagen de archivo.

El 2 de septiembre comenzó el juicio de Charlie Hebdo sobre los atentados de 2015 en París. Un juicio histórico de 49 días, que acusa a catorce personas sospechadas de haber proporcionado apoyo logístico a los autores de los atentados en los que murieron 17 personas en total. El 7 de enero de 2015 los hermanos Chérif y Saïd Kouachi, vestidos de negro, con capuchas y armados con fusiles de asalto, llegan a los locales de Charlie Hebdo, donde se desarrolla la reunión editorial semanal. Son las 11 horas, 33 minutos y 50 segundos. Treinta y cuatro balas de Kalashnikov. Diez muertos en dos minutos, incluyendo ocho miembros de la redacción del periódico.

Cinco años después de estos atentados, al inicio del juicio, Charlie Hebdo vuelve a publicar las caricaturas del profeta Mahoma que habían hecho del periódico satírico un objetivo de los yihadistas desde 2006. El día siguiente, cientos de pakistaníes protestaron contra esta portada de Charlie Hebdo, gritando eslóganes como "dejen de ladrar, perros franceses" y quemando la bandera tricolor. Hace unos días, Al Qaeda también amenazó de nuevo al periódico francés. El ataque contra Charlie Hebdo "no fue un incidente puntual", advirtió la organización yihadista.

Pero lo preocupante hoy es sobre todo la situación de la libertad de blasfemia en la propia Francia. Mientras que hace cinco años toda Francia y los países occidentales gritaban "Yo soy Charlie",  la situación actual de la libertad de expresión es muy inquietante. Después de la Revolución Francesa en 1789, Francia fue el primer país del mundo en abolir el crimen de la blasfemia. Pierre Bayle, en el siglo XVII, afirma que "la blasfemia sólo es escandalosa a los ojos de quien venera la realidad blasfemada". La Revolución Francesa consagró la noción de libertad de expresión y desde entonces, la idea misma de blasfemia sólo concierne a los seguidores de una religión, pero no a la esfera política o jurídica. En una República, la blasfemia no existe.

Dos siglos más tarde, sólo el 50% de los franceses se declaran favorables al "derecho de criticar, incluso de manera escandalosa, una creencia religiosa, un símbolo o un dogma", según una encuesta solicitada por Charlie Hebdo. Mientras que Emmanuel Macron defendía "la libertad de blasfemar" en Francia, en una conferencia de prensa en Beirut el 1 de septiembre, el secretario general de Reporteros sin Fronteras, Christophe Deloire, advirtió del riesgo de que "los gobiernos, las plataformas y los medios de comunicación cedan, que prevalezca la autocensura y que el derecho a la blasfemia permanezca formalmente, pero ya no se ejerza".

El periódico danés Jyllands-Posten, la fuente original de las caricaturas de Mahoma, también explica: "Hace ya muchos años que el periódico tomó la decisión de no publicar estas caricaturas.  Afirmamos sinceramente que el bienestar de nuestros empleados y de la empresa está por encima del precioso principio de la libertad de expresión. Ningún dibujo vale una vida humana". "Hoy nos atrevemos a decir lo que es: es demasiado peligroso. Esta decisión se basa en el miedo a lo que pueda suceder. Y ese miedo es un sentimiento legítimo".

El derecho a la blasfemia y la libertad de expresión están por lo tanto regresando en Occidente, aunque son los pilares de la democracia. Una democracia en la que no es posible criticar, burlarse o incluso reírse de una religión, está enferma. La represión de la blasfemia conduce a la instauración de la censura en los Estados teocráticos o nacionalistas. La libertad de blasfemar es el garante de la no omnipotencia de una institución.

Algunos podrían replicar que los creyentes deben ser respetados y que estas caricaturas no los respetan. Pero no se deben confundir las ideas con la gente. Una religión es una idea, puede ser criticada y discutida. El respeto por la gente, por otro lado, es sagrado. Y no es violado por un simple dibujo. Lo que es peligroso no es la blasfemia, los dibujos nunca han matado a nadie. Lo que es peligroso es el fanatismo religioso y la censura que cada día asesinan a hombres y mujeres en todo el mundo.

Por lo tanto, es primordial, con ocasión de la apertura del juicio de Charlie Hebdo, recordar que la libertad de expresión es un derecho fundamental que sustenta el derecho a la blasfemia. Y que, como toda libertad, requiere un compromiso permanente de la sociedad. Por eso debemos rendir homenaje al coraje de Charlie Hebdo.

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