Una fotografía de la plaza de la Artesanía, donde se encuentra la sucursal de La Caixa.
Una fotografía de la plaza de la Artesanía, donde se encuentra la sucursal de La Caixa.

Uno de los peores síntomas que nos dejó la gripe en su visita en el mes de diciembre no fue el mal cuerpo a causa de la alta fiebre que aparejaba, sino el mal cuerpo que nos dejó evidenciar —una vez más— la mala gestión que sigue sufriendo la sanidad en nuestra zona rural. Si al envejecimiento, que se ha convertido en una seña de identidad para numerosas pedanías y barriadas de nuestro jerez rural, le sumamos un mes de diciembre griposo y añadimos la pérdida del médico de cabecera que visita a los consultorios médicos durante ese mes —como ha ocurrido en San Isidro del Guadalete— el resultado ya no es indignante, sino que empieza a ser seriamente preocupante.

Preocupante porque el tema no está en el top 10 de la lista de preocupaciones de nuestras administraciones públicas, al revés, es tratado como algo superficial; preocupante también porque no reaccionamos ante tal situación viéndolo como una realidad injusta con la que deberíamos negarnos a convivir y preocupante porque no sé si seremos capaces de transmitir esa  emoción con la que nuestros abuelos y abuelas vivían y defendían la zona rural tan intensamente. ¿Seremos capaces de impregnar ruralidad en nuestra descendencia? Porque en el momento que seamos capaces de transmitir esa emoción estaremos dando un paso para que nuestros problemas estén siempre encima de la mesa y sean asuntos de debate.

Nos podemos llenar de datos, estadísticas, gráficos que solo atestiguan lo ya conocido, el abandono progresivo de nuestra zona rural, pero para poder seguir avanzando necesitamos urgentemente un diálogo rural-urbano, urbano-rural. Para poder hacer público cómo queremos que sea nuestra zona rural necesitamos asociarnos y movilizarnos de manera conjunta. En otras palabras, Jerez ciudad no puede seguir viviendo a espaldas de su zona rural.

No hay buen puerto si uno no sabe hacia dónde se dirige. Si realmente no sabemos cómo organizar nuestro territorio rural, se harán cosas, invertiremos (y malgastaremos) dinero, se pondrán programas en marcha, pero no llegaremos a ningún sitio. Si no somos capaces de entender que las personas del medio rural tienen derecho a tener un modelo de territorio en el que puedan vivir bien y dignamente, este seguirá despoblándose, envejeciendo y lo peor, desmantelándose en servicios básicos para nuestra gente.

Necesitamos una nueva identidad rural, una identidad del siglo XXI. El gran reto es escribir el mensaje por el cual el mundo rural tiene sentido.

Tribuna abierta de Fran Holgado, vocal de Ganemos Jerez en San Isidro del Guadalete.

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