El Lorca más profundo

Sin desmerecer otros libros del poeta y sin establecer escalas ni clasificaciones, Lorca alcanza una calidad de definición y una profundidad máxima cuando dice en “Muerte de Antoñito el Camborio”

Federico García Lorca.
Federico García Lorca.

El director de cierta revista semanal comentaba en su página 3 el “Poeta en Nueva York”, de Federico García Lorca y afirmaba que era “la obra más profunda” del poeta andaluz. La profundidad, como la altitud, como la longitud, es algo mensurable. Pero el director de la referida revista en violenta respuesta a una carta en la que su comunicante ponía en duda que la americana fuera más profunda que otros capítulos de su obra literaria y poética, y sin respeto al derecho ajeno, reclamaba al comunicante “respeto a su opinión” porque, decía, “tengo derecho a opinar que me parece la obra de mayor profundidad”. Lamentable confusión semántica de un periodista o aspirante a serlo, que no queda plenamente claro, porque debiera saberse que la verdad no es una opinión. Valga la disquisición de necesario prólogo, porque con frecuencia se utiliza, no sólo ya una opinión con el grado de definición o incluso disposición, sino que cualquier calificación o clasificación gratuita se envuelve en el manto, más gratuito todavía, de la opinión. O se justifican calificativos e incluso insultos con el pretexto de “una opinión”, “es mi opinión”.

Veamos: una opinión, como indica con claridad la palabra, es una valoración de un fenómeno desde una óptica personal. Por ejemplo, se puede opinar que un color no es de su preferencia. O que no encaja en un ambiente determinado. Pero no es opinable que un color es ese color y no otro. 

Como se decía al principio, la profundidad se puede medir, por lo tanto no cabe opinar si algo es más o menos profundo que otro algo. Cada hueco tiene la profundidad que tiene, ni un milímetro más, ni menos. Lo que subyace en este caso bajo el pretexto, peor aún, el subterfugio de ocultar una sentencia con la palabra “opinión”, además de lamentable y supina incultura, es el intento vano de parecer moderno, original y muy preparado. Lamentable y abundante espécimen, provocador de confusionismo al interpretar el arte con criterios inexactos cuando no tremendamente tergiversados y prostituidos. Sin desmerecer otros libros del poeta y sin establecer escalas ni clasificaciones, Lorca alcanza una calidad de definición y una profundidad máxima cuando dice en “Muerte de Antoñito el Camborio”:

“les clavó sobre las botas

mordiscos de jabalí.

en la lucha daba saltos

jabonados de delfín”

ó en “Prendimiento de Antoñito el Camborio camino de Sevilla”:

“el día se va despacio,

la tarde colgada al hombro

dando una larga torera

sobre el mar y los arroyos.

Las aceitunas aguardan

la noche de Capricornio

y una corta brisa, ecuestre,

salta los montes de plomo.”

Poesía para pensar, como es el caso del que podría ser la mejor muestra de su capacidad de composición musical (porque la poesía es más poesía si tiene música. Si hace música):

“Los caballos negros son.

Las herraduras son negras.

Con el alma de charol

vienen por la carretera,

jorobados y nocturnos

por dónde animan ordenan

silencios de goma oscura

Y miedos de fina arena.

Pasa, si quieren pasar

y dejan en la cabeza 

una vaga astronomía 

de pistolas inconcretas.”

Puede que tenga otras más atractivas. Es cuestión de opiniones. Pero en éstas y otras muchas no falta la profundidad y una calidad suprema de composición y ritmo.

 

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