El techo del salón, caído sobre el dueño de una vivienda en Chiclana.
El techo del salón, caído sobre el dueño de una vivienda en Chiclana.

En Munich, dónde se condenó a los ejecutores materiales de abusos del nazismo, se consideró excusa el principio de «obediencia debida». No se consideró la excusa como eximente. Ello viene a demostrar que nadie está obligado/a a obedecer órdenes que repugnen a la moral. Por eso el sólo hecho de juzgar a una persona por defender la moral, con independencia del resultado, es decir, del veredicto, es un ataque a la libertad humana, a la independencia, a la moral. No se puede forzar a nadie a cometer actos inmorales y en todo caso quienes deberían ser juzgados y condenados, serán los superiores que los ordenen. El juicio al bombero por negarse a derribar una puerta para echar a la calle a una familia, en sí mismo es un ataque a la moral, a la libertad, a la libertad, al derecho.

Con criterio certero y humano, el acusado argumenta que su profesión existe para ayudar a la ciudadanía, a salvar vidas; para construir, no para destruir. Lo peor es que todo el mundo sabe que lleva razón y se llena de dignidad al negarse a romper una casa para facilitar el que se rompa la vida de una familia. Su misión no es defender a quien más tiene frente a quien menos tiene. Su misión no es defender la voraz y dañina especulación, ni arruinar la vida a quien ya sufre su carencia para mejorar el enriquecimiento de otros.

No se puede, no se debe forzar a nadie a cometer actos inmorales, no se debe dejar gente tirada en la calle para defender a los especuladores de todo signo y condición, en vez de respetar el derecho constitucional de habitar una vivienda digna. (Art. 10,18, 45 y 47 de la Constitución y Declaración Universal de Derechos Humanos, incluida en la Ley Fundamental). Por lo tanto, es contrario a la legislación vigente echar gente a la calle para favorecer el lucro de otros. Hacerlo contradice a la propia Constitución. Si hay que juzgar a alguien será a los especuladores y a los poderes públicos quienes incumplen la Ley máxima cuando incumplen esos artículos.

Está claro que mienten los más acendrados defensores teóricos de la moral religiosa, los que se han creado una moral a su manera y conveniencia, si de verdad creyeran lo que dicen, temblarían sólo de pensar en el merecido castigo divino. El desahucio es contrario a la Constitución, superior a todas las demás leyes. Por eso quien lo ordena falta a la Ley, aunque los partidos que defienden el «derecho» al lucro personal se llamen a si mismos «constitucionalistas». Berlín, con una autoridad nada sospechosa de «izquierdismo», ha expropiado más de cuatro mil viviendas por utilizarlas sus propietarios en actividades especulativas. En cambio aquí el único «derecho» defendido de los proclamados en la Ley es el de propiedad. «Sagrado y superior» (para la autoridad administrativa y judicial) a todos los demás derechos, aunque estos sean más justos y humanos. Superior incluso a la propia Constitución, que la constitución facial les permite incumplir.

En España, contrariamente a Europa con principios igualmente capitalistas, se conculca el derecho a la vivienda con unos precios inasequibles impuestos por el oligopolio de la parte más fuerte, la más poderosa, especuladora y depredadora, contra la más débil. La parte, además, protegida por todos los poderes.

Debe ser que Europa es capitalista pero mucho menos abusiva que España

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