Zambombín, en distintos formatos...
Zambombín, en distintos formatos... JUAN CARLOS TORO

Pues resulta que este cronista tenía que ir el día 7 por la mañana a hacer una de esas pequeñas compras que se da en llamar "de olvidos", ya saben, cinco o seis cosillas que hacen falta y no se han hecho en la compra grande. Total que cojo una bolsa de tela, pequeña... ¿y a quién me encuentro al girarla? Pues a Zambombín, la mascota superhéroe que se presentó estas Navidades. Entonces... ¿Entonces, qué haces, te vas a la compra luciendo a Zambombín, como si siguiéramos en Navidad o, no sé, modo recurso, le das la vuelta a bolsa y Zambombín pasa a ser una mascota de 'interior'?

Es que después de tantos días, termina por llegar el 7 de enero y está uno un poco desorientado en Jerez de la Fra. Este año han sido 47 días los transcurridos desde la primera Zambomba 'oficial' hasta la apertura del último regalito de Reyes. ¿Son muchos días, pocos? Eso ya va en gustos. Al Ayuntamiento de Jerez, a su gobierno municipal, para ser más concretos, no le parecen muchos, pero sí, en principio puede que parezcan muchos, a este cronista se lo parecen... pero precisamente por eso pide que haya más. ¿Eh? A ver, es que no se puede terminar de golpe, después de 47 días, no.

Habría que tener, no sé, cinco días, una semana, en la que el personal se pudiera ir desprendiendo poco a poco de lo vivido, comido, bebido y escuchado. Descomprimiendo, vaya. No se puede pasar de todo a nada en un día... pero hay gente que lo hace perfectamente: sin ir más lejos, la misma mañana, después de la compra, este cronista se cruzó con alguien que iba en una moto (¡una moto!), con una marcha procesional a toda la leche, lo que te lleva a plantearte muchas cuestiones, entre otras, la primera, que el Carnaval sigue sin germinar en Jerez de la Fra...

Pues eso, el Ayuntamiento debería poner 5 ó 7 días de descompresión paulatina: un día deja la megafonía medio día, luego otro unas horas, y luego la quita. Igual con el encendido, dejar una calle un par de horas, cosas así. Y el abeto del Arenal... pues se le quita la decoración navideña y hala, todo el año. Sería sanador, como dicen ahora los cursis.

Ah, por si se lo preguntan: ¡por supuesto que Zambombín lució un rato por las calles del centro de Jerez debajo de mi brazo!

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