Bienquedismo en manteca

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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El bienqueda no quiere quedar mal, es obvio y de Perogrullo, pero al final, se le ve el plumero, y las van soltando (las plumas) a su paso...

El bienqueda es un profesional de la corrección política. Al moverse continuamente en el filo de la navaja, su miedo a no quedar bien se transforma con el tiempo en un arte que lo lleva siempre a favor del viento y va por la vida sin que ésta lo manche. "Creo que sí, salvo los casos en que no" es su frase preferida.

José Pettenghi Lachambre

No quiero quejarme mucho, porque para eso están mi santa madre y el santo Facebook. Solo les diré que sí, que me ha pasado, que he sido víctima por enésima vez de un bienqueda.

Desconocía el término en cuestión, no miento, y un buen amigo me lo descubrió cuando me desahogué expresándole mi perplejidad, mi cabreo y mi frustración después del “ataque”, aunque muy soterrado y subliminal, de un practicante del bienquedismo.

Resulta que mi amigo Pepe Pettenghi ya advertía de la propagación de esta fauna en el terreno del politiqueo gaditano (no solo en el politiqueo, y no solo en Cádiz) en un artículo estupendo, y servidora, como es de efecto retardado, se da cuenta ahora de que pierde tiempo por encima de sus posibilidades, con criaturas buenrollistas, tibias y suaves, con todo el mundo, pero egoístas y mediocres, al acecho siempre, procurando no cerrarse ninguna puerta, por si acaso, con afilada y ambigua sonrisa, y una actitud con la que putean, pero bien.

Ya que sé cómo son, y que voy adquiriendo cierta experiencia (a buenas horas), los detecto rápidamente, y huyo.  También es verdad que las redes sociales son un exquisito filtro para estos “colegas guays de todo el mundo”. Y es que los tipejos (y tipejas) así, pueden sonreír (te dirían: ¿y por qué no? Yo no tengo problemas con nadie) a dos bandas, asegurar que además de ser tu amigo del alma, también lo es de tu enemigo. Podrían militar en todos los partidos, claro, porque ellos no se casan con nadie. Ellos no tienen enemigos a las claras, porque no son claros, y la forma más inteligente de quitarse de en medio a alguien así, es ignorarlos. No es que no batallen con nadie, es que es muy cansado enfrentarse a ellos, ¿para qué?

El bienqueda no quiere quedar mal, es obvio y de Perogrullo, pero al final, se le ve el plumero, y las va soltando (las plumas) a su paso, dejando un rastro de muerte y desesperación. Ojú, ya estoy exagerando, vale.

Pero es que lo peor es cuando el bienqueda, siempre amable y risueño, con el halago preciso, también reúne todas las características de otro elemento peligroso: el pelota.

Es entonces terrible comprobar como enfoca sus viles estrategias para conseguir “algo” (véase subvención, trato de favor o una entrada para el Falla o el Villamarta, mismamente).

Como no se sabe si el bienqueda es de izquierda, de derechas, corrupto o de centro, o todo a la vez (que sí se puede), es muy corriente verlo pivotar de un lugar a otro (como los chaqueteros de toda la vida, pero más sutiles). Y lo mismo le dan ánimos a un exconcejal imputado por algo (está de moda), en privado, claro, que ponen verde a ese exconcejal, con otro concejal aún en activo (por si conviene), en el Mercadona.

En fin. Qué quieren que les diga. Seguramente no les he descubierto nada nuevo. Una, que es muy ingenua aún. Y bueno, ya que los bienquedas no son muy de definirse, ya lo hago yo. Espero que sea útil. A mí de todas formas, el localizarlos me sirve, al menos, para saber quiénes son los que se merecen ser convidados este domingo a un bocadillo de lomo en manteca de Vejer. Gloria bendita.

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