Ilustración de la criticada campaña del Ministerio de Igualdad. El ataque de los gordófobos de playa. De mentiras e Igualdad
Ilustración de la criticada campaña del Ministerio de Igualdad. El ataque de los gordófobos de playa. De mentiras e Igualdad
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Entramos en el otoño de la incertidumbre mundial sacudidos internamente por un nuevo "escándalo" del Ministerio de Irene Montero.  Hace nada, el infernal verano de la vuelta a la normalidad descubrió un nuevo tipo de espécimen entre chiringuitos y arena, escondido entre complejos y ranciedad. Embadurnado en crema solar y ataviado con corbata, el gordófobo de playa se ha visto obligado a cargar contra su némesis, el Ministerio de Igualdad. Con cada campaña de este ministerio se repite el patrón del inmediato estallido reaccionario en redes y su posterior salto a los medios de comunicación mayoritarios. Sea burdo o no, escándalo inexistente tras escándalo inexistente, no se podía faltar a la cita estival después del tímido cierre en medios del "caso niñera" el 29 de julio y el empacho del uso del avión Falcon en una gira oficial a principios del verano. Pese al calor, hacía falta más leña. Y una campaña de visibilidad e integración les devolvió su furibundo propósito vital.

Los bulos de 2022 contra Irene Montero empezaron señalando que multiplicó por 92 su patrimonio, ignorando conceptos básicos como activos y pasivos. La mentira retornó en marzo, con titulares en los que se mencionaban que Iglesias y Montero tenían un patrimonio de más de un millón y medio de euros. Ese mismo mes también se extendió el bulo del malgasto de 20 millones del Ministerio de Igualdad, cuando no era gasto de Igualdad e iba destinado a las familias. Se empezó el verano ensuciando el campo de verdad, vertiendo en julio en prime time un video manipulado de la Ministra sobre la masacre de la valla de Melilla, en la que murieron 23 personas.

Se puede objetar la calidad y precio del cartel de la campaña sin tener que mentir. El bulo de los 85.000 euros contrastaba con un importe de 4.900, lo que se gasta Miguel Ángel Rodríguez en una cena dudosamente institucional. Luego está el tema del uso de la artista ArteMapache de fotos sin licencia. En ese tipo de error cayó hasta Ciudadanos en su última campaña electoral de Cataluña del "abrazo" sin tanto revuelo mediático. La crítica es legítima y constructiva, pero contra el Ministerio de Igualdad se juega a otra cosa. Se intenta destruir y dilapidar cada campaña porque les ofende la propia existencia de la institución. No hay que llegar a acuerdos ni apoyar lo positivo, hay que destrozar el trabajo y cualquier mensaje que emita. No es nuevo ni propio de nuestro país. Existe una obvia deriva reaccionaria contra el feminismo en todo el mundo que prende a la más mínima campaña por la inclusión. Lo característico de España es la sobrerrepresentación de esta deriva en los medios de comunicación mayoritarios y sus extraños, a priori, aliados contra Igualdad.

La gordofobia en España no es un tema nuevo. No lo puede ser en la patria de Inditex cuando este buque insignia de la moda sigue teniendo un serio problema con las tallas grandes. Se plasma en la estandarización física de los periodistas en pantalla. Es revelador que medios autodenominados "progresistas" no cuenten que presentadoras con tallas no normativas. Parece que no hay sitio para algunos cuerpos ni en La Sexta ni en el resto de televisiones, como si se siguiera un patrón de selección. Entre los hombres siempre hubo alguna excepción que rompía la regla de la homogeneidad, como Florentino Fernández o Willly Veleta, aunque también han desaparecido de la pantalla. Tampoco parece haber sitio para compañeras de la edad de Wyoming. En un país de ocho millones de habitantes con más peso del estandarizado, se echa más representación de tallas que se ven en la calle. 

En la televisión progresista también hemos visto a ultras como Alfonso Rojo llamar en prime time "gordita" a Ada Colau en 2014, cuando era representante de la PAH. No contento con su expulsión del plató esa noche, volvió al año siguiente a emitir las mismas observaciones sobre el físico de la periodista Beatriz Talegón en la televisión pública manchega. La gordofobia, y el edadismo permearon hasta en un autodenominado partido de la nueva política. Sectores críticos de Ciudadanos denunciaron en 2017 que la organización no quería candidatos "ni feos, ni gordos ni viejos" o que rechazaban a una mujer por "no tener 30 años y no ser un 'pibonazo'". Incluso hombres empoderados como Kichi, el alcalde de Cádiz desde 2015, o Ibai Llanos, el mayor streamer mundial en junio de 2022, han expresado su amarga experiencia con la discriminación por su gordura.

En 2022 se ha querido instaurar el 4 de marzo como el día contra la gordofobia. No debería ser noticia que un gobierno progresista visibilice y normalice cuerpos diversos, pero las opiniones tan desproporcionadas contra una campaña tan neutra como "El verano también es nuestro" señalan la existencia del problema. Había antecedentes en las reacciones a este tipo de campañas internacionales, como "Impossible is nothing" de Adidas, protagonizada por la profesora de yoga Jessamyn Stanley, pero en España se cuenta además con la caja de resonancia de televisiones, periódicos y digitales mordiendo constantemente. Mientras la prensa internacional, ajena en un primer momento al uso fotográfico indebido, valoró la campaña de forma positiva, como The Guardian, Newsweek, BBC o Bloomberg, en nuestro país los medios se centraron, una vez más, en la polémica. 

El conflicto se avivó desde sectores que abanderan el feminismo. Al excoordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, le pareció "el colmo del absurdo" y "crear un problema donde no existe". La jurista Paula Fraga, integrante de la Alianza contra el Borrado de las Mujeres y colaboradora de El Jacobino, extendió el bulo del coste de 85.000 euros de la campaña, acusando al Ministerio de corrupción. Ambos comparten posiciones contra la Ley Trans, que Lara escenificó en la firma de un manifiesto en marzo de 2021 junto a Lidia Falcón. Esta campaña no hacía ninguna referencia a la transexualidad, pero había que golpear el trabajo de Irene Montero. La batalla trans sirve de excusa para el ataque constante en todo el campo feminista, por muy contraproducente que sea. 

La horda de acosadores virtuales se ha entretenido las últimas semanas sacando de contexto las palabras de Irene Montero sobre la educación sexual con un nuevo hashtag tras otro. Con acusaciones tan severas como fomentar la pederastia. Jaleando otra denuncia hueca de Vox que será papel mojado. Siguiendo la espiral de violencia verbal. El acoso de los gordófobos de playa volverá el próximo verano con sus postulados reforzados a derecha e "izquierda". Este otoño esputan su ira contra los actores racializados en la versión televisiva de 'El señor de los anillos' y después volcarán su odio digital contra la Sirenita negra de Disney. Si el cartel ha molestado tanto, era absolutamente necesario. Los problemas que no se ven no se pueden resolver.

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