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Hay un fenómeno que en los últimos años se está imponiendo en Jerez en locales públicos como bares, pubs y similares: aporrear la puerta del baño. 

Hay un fenómeno que en los últimos años se está imponiendo en Jerez en locales públicos como bares, pubs y similares: aporrear la puerta del baño. Ya no se golpea la puerta del baño cuando hay duda sobre si está ocupado o no, ahora se aporrea cuando pasan dos o tres minutos desde que se inició la ocupación del espacio, con plena consciencia de que hay alguien dentro. Otra característica observada es que según avanza la noche aumentan las posibilidades de que se produzca un aporreamiento y se va reduciendo el lapso de tiempo que se concede a la persona que está en el baño antes de pasar abiertamente a la acción, situándose el pico máximo de peligro de aporreamiento entre las dos y las tres de la mañana (a partir de ahí se observa una cierta relajación entre los supervivientes de la noche). Para concluir de definir el fenómeno, hay que señalar que no se han observado importantes diferencias entre hombres y mujeres; de facto, el que las mujeres vayan frecuentemente en grupo al baño viene a animar con carácter jovial su participación en el aporreamiento.

La reacción del personal cuando sufre este novedoso tipo de escrache varía. De manera habitual los que practican de forma activa el aporreamiento muestran su comprensión con una sonrisa y no le dan mayor importancia, probablemente pensando en desquitarse la próxima vez que vayan de visita al baño. Otra cosa es la actitud de la gente ajena e incluso contraria al fenómeno, habitualmente personal talludito y foráneo, que deja entrever en la mirada lo bueno que resulta para todos vivir en un país en el que (por ahora) no está permitido portar armas.

Jerez lleva camino de convertir el aporreamiento de la puerta del baño en una más de las tradiciones que exhibe siempre orgullosa. De hecho, algunos estudiosos del fenómeno sitúan su nacimiento y popularización en la Feria del Caballo. Si el baño femenino siempre ha sido un lugar complicado porque hacer pis en traje de gitana entallado es bastante difícil –ojo, siempre según testimonios recogidos, sin pruebas empíricas del cronista, por tanto- la popularización de determinada sustancia blanca vino a complicar también el baño masculino. Y a la gente no le gusta esperar, hoy en día no. Por lo visto está muy ocupada.

La actitud del cronista ante este fenómeno es cambiante. Ha sido cambiante, para ser más exactos. Ha pasado, efectivamente, de dejar entrever lo bueno que resulta para todos vivir en un país en el que (por ahora) no se permite portar armas a participar activamente en el fenómeno. Ahora soy yo el que aporrea la puerta cuando tiene que esperar para entrar en el baño. Y lo hago por sistema. ¿Educación? Bah, total… No saben lo bueno que es para el estrés…

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