Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Y créanme. Muchos de los que se ponen tras esa pancarta en Granada, Huelva, Málaga… o Jerez, no saben de izquierdas ni de derechas. 

Algo así decía (no sé si con esas palabras exactas) Jesucristo a Pedro, poco antes de empezar su particular camino a la tortura y la muerte en el Calvario. Y dicha expresión ha servido a lo largo de los tiempos para ilustrar ese tipo de situaciones en los que aquel que más golpes de pecho se propina sobre algún tema, tiene que desdecirse de sus palabras porque el tiempo, sabio e inexorable, pone a cada cual en el sitio que le corresponde.

Nuestra presidenta de la Junta de Andalucía, presumió en público que ella “no tenía mareas blancas” en clara alusión a la nefasta y sinvergüenza gestión sanitaria en comunidades como la de Madrid, gobernadas por los archienemigos de la gaviota pepera.

Y no han pasado ni dos años de aquel ataque de soberbia, cuando más de 40000 personas se concentran en las calles de Granada, alrededor de 15000 en Huelva y más de 3000 en Málaga, clamando por lo mismo: por una sanidad digna. Profesionales, usuarios y ciudadanía en general, temerosos de perder uno de los pocos pilares que nos hacen sentir orgullosos de nuestra maltrecha democracia, se echan a la calle y amenazan con repetir cada semana, concentrando a más y más personas tras las pancartas y los globos blancos.

Y primero dijeron que no… que no eran muchos.

Y luego volvieron a decir que no… que no había tantas carencias.

Y a la tercera, volvieron a negar, esta vez hablando de un contubernio (¡quién lo diría!) orquestado desde los partidos opositores y la caverna mediática derechona dispuestos a manipular a los ciudadanos con la intención de desprestigiar la sanidad pública para poner en valor la privada.

Pues miren, señor Aquilino Alonso y señora Susana Díaz. Los primeros que están desprestigiando la sanidad pública son ustedes, al no cubrir las bajas por enfermedad de los profesionales, o las jubilaciones, o negándoles los derechos más elementales para su conciliación familiar y laboral. Los primeros en desprestigiarlo son ustedes reduciendo plantillas y aumentando listas de espera. Y los primeros en poner en valor la sanidad privada son ustedes al firmar conciertos millonarios para paliar la escasez que ustedes mismos provocan en el sistema público.

Y créanme. Muchos de los que se ponen tras esa pancarta en Granada, Huelva, Málaga… o Jerez, no saben de izquierdas ni de derechas. Ni de castas o de asaltadores del cielo. No entienden de productividades, ni ratios, ni balances económicos porque, señor Alonso y señora Díaz, la sanidad pública no es un puñetero banco. Es un bien social, una de las pocas joyas que nos quedan en este país y que ustedes, políticos de uno y otro signo, se están cepillando a base de sueldazos millonarios para sus gestores y reducciones de personal por doquier.

Dejen de negar lo evidente y salven los muebles antes que se les acabe el poco crédito que les queda. Que al menos Pedro, solo negó tres veces y terminó siendo Santo. No se arriesguen ustedes a una cuarta, que no sabemos qué más les puede pasar.

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