El nuevo año no es más que otro número en el calendario, no un borrón y cuenta nueva. Para bien o para mal, al despertarnos este primer jueves de 2026, 1 de enero, constatamos que no se había producido ningún cambio drástico, sino más bien que la vida sigue, te acompañe o no la resaca. Cierto que los titulares de buena parte de la prensa buscan año tras año asuntos irrelevantes y curiosos como el ficticio debate sobre los vestidos de Cristina Pedroche y Chenoa o el supuesto interés de las actuaciones musicales entre el antes y el después de las uvas. Sin embargo, y por desgracia, la realidad copó todos los titulares de ayer, porque la tragedia tiene más fuerza que la fantasía, y la terrible noticia sobre una discoteca en una estación de esquí en Suiza solapó los festejos de Noche Vieja. No todo fueron lentejuelas, confeti y serpentinas.
Como me he despertado temprano y con la cabeza despejada, he dedicado la mañana a curiosear la prensa. Por el momento, ninguna de las cuestiones que nos han estado dando tanto dolor de cabeza en 2025 parece haberse resuelto: la vivienda sigue siendo un problema para todos y también para las 75 familias que viven en régimen de alquiler en edificios madrileños propiedad de la Casa de Alba. Sus nobles propietarios han decidido rescindir contratos para hacer reformas, convirtiéndolas de esa forma en viviendas turísticas. Es que la calle Princesa es mucha calle como para desaprovechar su potencial económico, dirá más de un pretendido emprendedor. Mazón sigue por ahí eludiendo su responsabilidad y Valencia no acaba de ponerse manos a la obra en la reconstrucción de las zonas devastadas.
Donald Trump sigue tan bocazas como antes de las campanadas con esas maneras de matón de barrio, esté tratando de temas banales o trascendentales para el funcionamiento del mundo. En esta ocasión, ha empezado 2026 arremetiendo contra George Clooney y su mujer, calumniándolos como haría un adolescente al que le han birlado la chica. Es decir, que da risa, aunque el hecho de que sea un presidente de gobierno da verdadero pavor. Tengo la impresión de que Trump pone mucho empeño en atacar a gentes de la farándula porque así sus fracasos quedan algo ensordecidos. Presume de pacificador cuando la guerra de Putin contra Ucrania no termina, ni el fin de la guerra en Gaza es tal. Mientras continúen los disparos, el hambre y la devastación no habrá paz. Por suerte, la política de terror del presidente estadounidense, esa de mando la Guardia Nacional allí donde me contradicen o votan a mis oponentes —a saber, un socialista, musulmán y nacido en Uganda para más señas, elegido como alcalde de Nueva York— se ha desinflado gracias al Tribunal Supremo del mismo país. Pero no se trata de una victoria, no echemos las campanas al vuelo, sino de una retirada temporal. La alegría es porque se atisba la esperanza en el poder las instituciones democráticas, pues existen formas de combatir a ese caballo de Troya que es el trumpismo y cualquier forma de autoritarismo o tiranía.
De cualquier forma, sea o no el uno de enero una fecha clave, tenemos todo el año 2026 para enmendar errores y emprender nuevos caminos confiados en un buen desenlace. No solo depende de cada uno de nosotros, espero que el nuevo año traiga determinación a la Unión Europea y las palabras del presidente del Consejo Europeo, António Costa, no se queden en el tintero. “No podemos aceptar esa amenaza de interferencia en la vida política de Europa”, tanto el presente como nuestro futuro ha de estar en manos de los ciudadanos que forman la Unión Europea.


