Agustín García Lázaro nació en Épila (Zaragoza), pero con tan solo seis años se trasladó a Jerez con su familia tras el cierre de la azucarera del municipio aragonés. Junto a sus padres, el que fuera Defensor del Ciudadano, comenzó a vivir en los pisos que la azucarera construyó en Jédula para los trabajadores.
"Siento más vivo el recuerdo de mis padres"
Aunque el edificio en el que residió está abandonado desde hace años, Agustín mantiene la tradición de regresar a casa cada principio de año. “Desde hace tiempo, estreno el año acercándome a la que fue mi casa y en la que siento más vivo el recuerdo de mis padres. Hace ya 56 años que vine con mi familia a vivir a Jerez tras el cierre de la azucarera de Épila y su traslado a Jédula”
“Más de medio siglo -toda una vida- de la que los primeros siete años residimos en los pisos que la azucarera construyó para los obreros En esta casa de ventanas tabicadas que encierran tantos recuerdos, y por las que aún me parece ver a mi madre llamándome a voces para que acudiera a comer…”, relata el propuesto por el Ateneo de Jerez a Hijo Adoptivo de la ciudad.
Su vuelta al que fue hogar en su infancia es de lo más emotivo, un regreso entre los recuerdos y la nostalgia: “Junto a lo que queda del balcón al que tantas veces nos asomamos con mis padres, he querido también estar con ellos, sentirlos más cerca en días como estos, tan especiales y, en los que tanto los echo de menos. Para recordarlos y sentirme un 'poco más cerca', siempre vuelvo cada 1 de enero, buen temprano, acompañado de mi hija en estos últimos años. Para eso y para que, en estos tiempos donde a veces nos cuesta tanto saber dónde vamos, recordemos por lo menos de donde venimos”.




