Del andalucismo, los andalucismos y el verdiblanquismo

El único andalucismo posible en este país andaluz ha de ser de izquierda, como la forma más concreta y eficaz de ser de izquierda en Andalucía es ser andalucista

Una movilización del andalucismo.
Una movilización del andalucismo.

Si andalucistas somos todos y todas, convendría ponerle el cascabel a ese gato. Lo primero es constatar que no siempre fue así. Aquellas propuestas emancipadoras propuestas, inéditas para su época, lideradas por Blas Infante en las primeras décadas del siglo XX, fueron socializadas a través los centros andaluces, la junta liberalista o bien cabeceras del movimiento. Aquel monocultivo propositivo gozó en su tiempo de un carácter testimonial por cuanto la marginalidad de un discurso y unas propuestas que, despreciadas por la izquierda tradicional, solo parecieron emerger con la II República. Entonces, nuevamente marginadas por el fake new del complot de Tablada, aquella momentánea intentona pro autonomista, pareció ir consolidándose con el Frente Popular hasta que el 18 de julio fascista frustró dicha posibilidad. No obstante, la semilla quedó plantada y germinó al fin del dictador.

Con el tardofranquismo y la transición, la inicial presencia de un iniciático sistema de partidos acabaría por convertirse en una casa común del andalucismo que, bajo las siglas de una sola formación (PSA), se justificaba por ser la herramienta que le faltó al Andalucismo Histórico para explicitar algunos de sus ideales. Nadie sensato puede devaluar hoy la importancia de aquella segunda ola, durante lo que he dado en llamar sexenio autonomista (1977-1982), para alcanzar el único autogobierno por el procedimiento del artículo 151 de la CE, identificándolo como plena nacionalidad histórica. De no ser por aquel andalucismo, no sólo no habría autogobierno sino que el camino se hubiese interrumpido un 28F que, recordemos una vez más, se pierde con la centralista Ley de Referéndums en la mano. Bien documentado está cómo aquel andalucismo político, lideró la búsqueda de respuestas en Cortes y consiguió el acuerdo para sustituir los resultados de la consulta en Almería para, sin necesidad de volver a votar, incorporar dicha provincia una vez desbloqueada la situación. Alcanzado el status autonomista, la izquierda tradicional percibió la necesidad de liderar la flamante Comunidad Autónoma y estableció sus estrategias escuredistas para arrebatar unas banderas que nunca había querido ondear.

Y en esta rápida lectura de olas andalucistas sopla el levante actual. A la aceptación generalizada del sistema de autonomías por la izquierda y derecha centralista, cabría en los últimos tiempos reconocer el despuntar de un espacio ideológico que parecía haber languidecido hasta desaparecer. Pocos éramos “apostolando” en un árido desierto donde la soledad te delataba. Aparentemente, la izquierda centralista había conseguido su anhelado objetivo: el entierro de un andalucismo ideológico que, paradójicamente, parece ahora más activo y presente. Por ello, entiendo que cabría hablar mejor de andalucismos en un sentido plural y entre ellos, reconocer la existencia de un andalucismo genérico al que llamo verdiblanquismo; el cual, exento de ideología, si es que no la lleva muy conservadora, refiere una dimensión apolítica, sentimental, patrimonial, festiva-ritual… siempre políticamente neutra y contemplativa por desmovilizadora.

Si ahora todo es andalucismo conviene discernir entre tanta moda metida en un cajón de sastre. Y en esa diferenciación el andalucismo de izquierda de Adelante Andalucía quiere dejar claro su espacio, asumiendo su responsabilidad y protagonismo en este nuevo correlato político. Diría que su supervivencia va en ello. Un escenario que nunca nos preocupará que maneje Bonilla al ser una alternativa de izquierda, soberanista de clase, identitario, feminista, municipalista… etc., que aspira a reconocer la naturaleza política de la realidad andaluza y protagonismo. Es el paso del sentimiento a la acción; de la mera intuición a la conciencia de clase y pueblo, como conceptos indisolublemente unidos y que significan la bandera de este proyecto; el cual, para algunos de nosotros, parte de la evaluación crítica de pretéritas vivencias militantes a las que no renunciamos por ser parte irrenunciable de lo que hoy somos.

Dicho esto, entre tanto barniz y tanto más de lo mismo, la propuesta de Adelante Andalucía se configura en esta tercera generación del andalucismo, bajo un cariz doblemente popular por cuanto las clases populares deben ser las protagonistas y al poner el foco sobre la alternativa a sus necesidades. Para quienes consideramos el andalucismo como un concepto integral e integrador de otros no menos importantes y no una mera estrategia electoral o táctica; nunca lo hemos dejado de considerar comprometido con el ámbito de una izquierda que impugna tanto partidos en el Gobierno como viejas formas y discursos a la hora de hacer política. Hoy la solidez andalucista dentro de la coalición Adelante se refuerza con la propuesta de unión de dos formaciones hermanas: Primavera Andaluza e Izquierda Andalucista; sin embargo, será insuficiente si la madurez del proyecto no sigue apostando por ese indisoluble binomio citado -que niego sea una dicotomía antagónica- ampliando nuevos horizontes participativos, nucleando discursos movilizadores y atractivos, socializando los principios con que nos dotamos en la asamblea fundacional de Granada y, su vez, como gesto de madurez, relegando a quienes sigan cuestionándolos.

Quienes se empeñan a derecha o izquierda en vaciar de contenido el compromiso en favor de un andalucismo de izquierda en Adelante Andalucía, hacen flaco favor a un proyecto nada inmediato que ondea justo por esa bandera. Vísperas de otro 4D, es bueno reconocer las diferencias de barnices, convencidos de sincretismo que representa el sentido exacto y diferencial del andalucismo que existe en Adelante Andalucía y de la pluralidad que lo respalda desde la izquierda. El único andalucismo posible en este país andaluz ha de ser de izquierda, como la forma más concreta y eficaz de ser de izquierda en Andalucía es ser andalucista. El Poder Andaluz deber ser su culminación de esa doble conciencia. Ese es el reto al que invitamos.

             

 

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