La manifestación por el centro histórico de Jerez del pasado jueves 21 de febrero. FOTO: MANU GARCÍA.
La manifestación por el centro histórico de Jerez del pasado jueves 21 de febrero. FOTO: MANU GARCÍA.

No hay gesto más positivo para una ciudad, que el hecho de que sus propios habitantes salgan a la calle a reivindicarla. Estamos tan polarizados y nuestra opinión es tan a menudo usada o interpretada por el primer cenutrio lameculos de un político o familiar suyo, que todo parece que deba tener, per se, una significación política partidista o una manipulación encubierta por alguien que dijo algo que alguna vez pudo ser que apareciese en el ideario de los títulos de crédito del programa electoral de ese partido al que no queremos ver ni en pintura.

Es todo lo contrario a lo que rodea las manifestaciones que se convocan, y se seguirán convocando, en favor del centro histórico. A pesar de que algunos piensan que son manifestaciones políticas, convocadas en contra de o a favor del otro de, no hay ni ha habido nada de eso. Nunca. Y en lo que yo puedo atisbar, nunca lo habrá. Visibilizar la situación, que la gente adquiera conciencia de que es parte de su historia lo que se está poniendo sobre la mesa, crear identidad y regenerar ese vínculo del ciudadano con aquello que un día abandonó en pos de una vida más cómoda en las modernas urbanizaciones exteriores. Ese es el motivo, no hay otro. Y nunca lo habrá.

Uno piensa que existen temas transversales en una ciudad, cuestiones que nos incumben a todos y por los que todos deberíamos manifestarnos. Y hay más transversalidad más allá de la triada pensiones-sanidad-educación. En Jerez, debido a su estado lamentable, el centro histórico sin duda forma parte de esos asuntos que requieren un posicionamiento claro de su sociedad civil. Obviamente estamos contentos porque los asistentes a las manifestación van aumentando, pero siempre se tiene la sensación de que muchísima más gente debiera sentirse interpelada por este tipo de convocatorias. “Demasiada gente viene para ser Jerez”, suele ser el argumento que se dice en estos casos. “La gente es muy apática. Si no hay una banda de semana santa detrás, no hay na que hacer”, cuentan.

Pero todo ello choca de forma dramática con los “qué pena de mi Jerez”, “mi barrio, hay que ver cómo está” o el ya clásico “si queremos vivir del turismo…” Todo esa gente que, parapetada tras un teclado, parece que sufre de verdad, ¿dónde están cuando tienen que dar visibilidad a esa pena, a esa melancolía o a ese potencial tirado por el sumidero? Luego, apoltronados y atrincherados tras una mesa de ordenador y haciendo uso de una doble moral e hipocresía preocupante, te sueltan eso de “que se vayan a vivir al campo” en cuanto tienen oportunidad. Hay que pensar que esa actitud se puede y, más aún, se debe revertir por el bien de la ciudad en su conjunto.

Hay una diferencia esencial entre esa triada transversal a la que antes hacía referencia y a ese otro asunto “general” del centro histórico: su carácter local. Si a una movilización por las pensiones, la sanidad o la educación no acudes, sabes que en Cádiz o en Sevilla (incluso en Madrid) habrá otra que aglutinará a miles de personas, disimulando así tu no asistencia. “Para qué voy a salir, si ya hay otros que salgan por mí”, se suele pensar.

No es el caso del centro histórico. No hay manifestaciones en otras ciudades reivindicando la repoblación y la conservación del patrimonio del centro histórico de Jerez. No las habrá, como tampoco saldrán esas personas que salen en tu lugar cuando no quieres levantar el culo del sofá ni alejarte del teclado del ordenador. Estamos solos en esto. Afortunadamente, en mi opinión, ya que es la oportunidad de demostrar que tenemos sangre en las venas y que esa misma sangre hierve al contemplar y conocer el estado real del corazón de nuestra ciudad. Destrozar la apatía y pasar del “qué pena” al “vamos a conseguirlo”. No hay gesto más positivo para una ciudad, que el hecho de que sus propios habitantes salgan a la calle a reivindicarla.

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