25 años de historia sindical en la vid

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Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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El colectivo de trabajadores de la vid y la solidaridad de un pueblo escribieron una de las páginas más gloriosas de la lucha obrera.

El tiempo pasa sin remedio y en estos días de septiembre la memoria me traslada 25 años atrás. El colectivo de trabajadores de la vid y la solidaridad de un pueblo escribieron una de las páginas más gloriosas de la lucha obrera, en defensa de sus puestos de trabajo, de su convenio, el Montepío de San Ginés y las viviendas de Darsa, donde las mujeres capitanearon algo más de dos meses de huelga.

Uno se pregunta, ¿cómo se puede mantener dos meses de huelga —sin cobrar— y luchando permanentemente, organizando manifestaciones y concentraciones, escribiendo un diario, acudiendo a reuniones de negociación, haciendo asambleas y manteniendo a los trabajadores y las trabajadoras permanentemente activos? Para eso solo hay una respuesta: SOLIDARIDAD. Solidaridad contra las agresiones de una patronal, FedeJerez, que hizo cómplices a políticos, a las organizaciones agrarias, las pequeñas empresas, los medios de comunicación y todos los poderes del Estado con un solo objetivo: obtener beneficios rápidos para dejarnos donde hoy estamos: sin empleo, ni bodegas, ni viñas y en una de las ciudades más desiguales de este país.

La respuesta fue tan contundente porque nos dimos cuenta que venían a quitarnos la única industria que había en la ciudad y, por eso, la ciudadanía se volcó en ayudar de mil y una formas para poder repeler aquella agresión. Solidaridad y liderazgo de unos sindicalistas movidos por un único interés: la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, aun sabiendo que terminarían en las comisarías o curándose las heridas de algunos accidentes o incidentes.

En esta tierra se vivieron momentos difíciles pues todos elegimos en qué bando pretendíamos estar y nadie se mantuvo neutral. Tuvimos que montar El Diario de la Huelga para poder desmontar las falacias de la prensa, que solo intentaba estigmatizar a los representantes sindicales como violentos, y también para informar de las actividades que se programaban. No queríamos una información tan sesgada, defendiendo a pies juntillas la actitud de los empresarios, los mismos que han terminado con la industria del vino en esta ciudad y con casi todas las empresas que daban servicio a las bodegas: fábrica de botellas, cartoneras, taponeras, litografías, empresas de mantenimiento, transportes y servicios.

Empresarios que este año intentan negociar un convenio a la baja y acabar con los pocos derechos que tienen los trabajadores de la vid después de más de cuarenta años, acabando también con productos como el Brandy —al que llaman espirituoso— para sacarlo de la denominación de origen y que así no tenga la obligación de estar alcoholizado con alcohol vínico, esos mismos empresarios que recogen subvenciones por arrancar viñas por lo que no necesitarán mano de obra para el corte de la uva con la misma justificación de hace 25 años, son los mismos que hablan de progreso y dejan sin trabajo a la gente.

No se puede olvidar la actitud de algunos colectivos como los jubilados, fieles guardianes de las puertas de las bodegas y lagares, comprometidos con sus turnos para no perder el cuarenta por ciento de su pensión. Las mujeres de Darsa —¡qué ejemplo de lealtad a sus familias!— en defensa de sus viviendas, con esa alegría que portaban en las manifestaciones y concentraciones en apoyo a los suyos, ejemplo que a los trabajadores nos servía de acicate por mantener una lucha desigual donde con pocos medios y mucha imaginación nose enfrentábamos todos los días contra un Goliat enorme que solo tenía el  objetivo de arrodillar a la clase trabajadora.

Los David, que durante muchos días salían a combatir la injusticia, tenían nombres o seudónimos como: José María Gaitero, Sebastián González, Paco Guerrero, Manuel Oliva y una corte de motes como: El Chino, El Cocodrilo de las Viñas, El Palanca, El Lin, El Lobo, El Fotógrafo, El General Riparia, El Matildo y un sinfín de militantes de un sindicalismo austero y luchador que se tuvo que montar cantidad de nombres para no ser detectados por los que defendían la propiedad privada de unos pocos.

En un coche polvoriento se escucha desde el walkie: “Se ha detectado una lechera con dos avispas en la carretera C10, pedimos que acudan dos moscas a identificarla y ordeñarla, con mucho cuidado, suerte”. Esas mismas moscas escribían El Diario de la Huelga, informaban a sus compañeros de cómo iba la negociación y combatían en calles, caminos y cañadas para no perder los derechos que con tanta lucha habían conseguido sus antecesores.

Y hubo acuerdo y se garantizaron las pensiones a los jubilados, se creó un modelo, las AEJAS, para que los más cercanos a los sesenta se pudieran jubilar, planes de pensiones para los jóvenes, subió el convenio, se quedaron los eventuales, las viviendas pasaron a propiedad por un justiprecio y ese año no se vendimió. Con mucha sutileza, los empresarios se deshicieron de algunos directores, en su afán de recoger dinero rápido arrancaron viñas para coger subvenciones, vendieron empresas a multinacionales, recalificaron suelo aunque Pacheco dijera que no se recalificaría ni una teja, se incentivaron las bajas voluntarias y nacieron  nuevos millonarios (hoy muchos de ellos pobres). Y cayeron las ventas. La gente aprendió a beber otras cosas que no era lo nuestro de la mano de los que nos compraron.

Como escuché una vez alguien dijo “El jerez morirá de éxito”, pero nunca lo reconocerán. Culparán a otros de su malhacer. Ya nuestra tierra no es la tierra del vino, y con ello hemos pasado una página de tres mil años desde los fenicios y todo por el progreso, contra el que no estoy. Lo que no entendieron nunca es que un puñado de “desalmados” y la solidaridad de un pueblo les enseñaran los dientes. Decía León Felipe:

Tuya es la hacienda

La casa

El caballo

Y la pistola

Mía es la voz antigua de la tierra.

Tú te quedas con todo y me dejas

desnudo y errante por el mundo...

mas yo te dejo mudo…. ¡mudo!

¿Y cómo vas a recoger el trigo

y alimentar el fuego

si yo me llevo la canción?

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